NOTICIEROS

De profesión ‘experto’...: Daniel R. Pichel

En Panamá, como que todos somos expertos en todo. En los últimos años, hablamos cada vez más como si tuviéramos un posgrado en carreteras, puentes, pasos elevados, hospitales, insumos médicos, efectividad de vacunas, epidemiología del ébola, infecciones intrahospitalarias, anticoagulantes, toxicología, virología, entomología, líneas de metro, tarifas eléctricas, energía solar, energía eólica, tuneladoras, geología canalera, economía, derecho constitucional y mercado de valores. No es extraño que en cualquier conversación de cafetín escuchemos decir: Es que de esto yo no entiendo nada, pero... seguido de una disertación como si fuéramos catedráticos universitarios justamente del tema que “ignoramos”.

Esta costumbre (o mejor dicho esta manía) adquiere su máxima expresión en los “todólogos” mediáticos. Así, algunos periodistas y comunicadores arman cualquier tipo de escándalo con tal de conseguir el maldito rating sin haberle preguntado a nadie que realmente domine el tema o basados, simplemente, en lo que es su percepción o los bochinches que “se escuchan por ahí”. Evidentemente no son todos, pero son suficientes los que exhiben sus obsesiones de llegar a ser un híbrido perfecto entre Walter Cronkite y Ana María Polo (bastante más cercanos a Ana María que a Walter). Como he dicho muchas veces, se extraña a periodistas de la talla de Mario Velásquez, Arquimedes Fernández, Jorge Carrasco, Carlos Rellán, Tomás A. Cupas, Diana Arosemena, Luz María Noli, Hernán Botello y algunos otros que se me escapan a la memoria. Sin embargo, esta lista creo que deja claro a qué me refiero. En aquella época, las figuras de la televisión no eran leedores de noticias. Eran periodistas con una base educativa y cultural que les permitía hablar, con conocimiento, de los temas tratados, dando su opinión exclusivamente en los ya pretéritos editoriales. Personas que leían algo más que Paulo Cohelo y libros de autoayuda. Los noticieros duraban una hora, y dedicaban buena parte del tiempo a las noticias internacionales. Aquellas personas estaban sentadas frente a un escritorio, con un grupo de hojas de papel en la mano (no existían los prompters), pero leían sin aspavientos ni morisquetas. Tal vez ninguno ganaría un concurso de belleza, pero su pronunciación y manejo del idioma daban gusto.

Hoy, tenemos noticieros artificiales, con muchos escenarios y pantallas con tecnología de avanzada, pero –y es triste decirlo– sin contenido y con poco que se pueda rescatar. Hace unos días, hice el sacrificio de ver toda la hora y media de noticias y quedé deprimido. Al margen de que casi todo lo que hablaban era de tiroteos, asesinatos, decomiso de drogas y asaltos, la misma noticia la repetían una y otra vez. Mientras en Medio Oriente el Estado Islámico decapita, a diestro y siniestro, a todo aquel que se le antoja, el noticiero le dedicó un minuto y 12 segundos (contado con cronómetro) a esto, mientras repitieron cuatro veces que en Las Mañanitas habían asaltado una abarrotería y el dueño, en su limitadísimo español, explicaba que “se llevalon lo tlenciento dola del día”. Ah, pero dedicaron más de dos minutos para hablar del trasero de Kim Kardashian y el revuelo que produjo que se lo mostrara a la portada de una revista, cuando ya, en internet, hace años había mostrado bastante más.

Y si vamos a las entrevistas, ni hablar. Salvo contadas excepciones en que se preparan para sus intervenciones, muchos ni siquiera saben quién es el entrevistado ni por qué lo tienen delante. Así, en lugar de hacer preguntas inteligentes y pertinentes terminan leyendo de un celular o una tablet (ya saben, tecnología de punta), la información sobre el porqué de la entrevista.

Otra de las modas es incluir las opiniones en las redes sociales. Como primer requisito, propongo publicar solo mensajes sin errores ortográficos. Hay algunos que dan dolor en la retina solo con verlos. Al margen de la costumbre de “ahorrar caracteres” sacrificando las vocales, lo que genera una especie de arrebato después de un infarto del lóbulo temporal derecho.

Otro tema que le resta mucho profesionalismo a los medios es mezclar al periodista con el “generador de opinión”. La labor del noticiero es informar, y son los analistas quienes deben dar una opinión sobre temas puntuales. Tratar de mezclar ambas funciones pocas veces resulta. Una cosa es el programa de comentarios y otra muy distinta uno de noticias. Lo increíble es que esto pase en Panamá en una era en que tenemos acceso permanente a televisoras de todas partes del mundo para tomar ideas. En Panamá, se transmiten telediarios españoles, ingleses, estadounidenses, mexicanos y brasileros, entre otros, que debían servir como ejemplo de periodismo profesional.

Pero no todo es culpa del que está en la pantalla, sino también de la teleaudiencia. Al final, “el rating manda”. Basado en eso, si lo que se quiere es suplir las necesidades de quienes votan por diputados, probadamente corruptos, o que viven pensando en las telenovelas, no parece haber luz al final del túnel. A fin de cuentas, hace unos días comentaba que “lo importante del noticiero es que sirve de antesala a la tanda de novelas, que es donde está el billete”... Bajo ese precepto, como que no es mucho a lo que podemos aspirar. @drpichel

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