ESTADO PLURINACIONAL

El progreso incluyente: Richard Morales

El conflicto indígena–gobierno saca a relucir las profundas divisiones existentes en nuestra sociedad, donde persiste la exclusión sistemática de gran parte de la población. El problema de fondo no son las hidroeléctricas, sino que nuestro pueblo debe tener una participación protagónica en los asuntos que le afectan.

Para evitar que las confrontaciones generadas por la exclusión se tornen cada vez más violentas, debemos urgentemente enrumbarnos hacia un Panamá en donde en vez de imponerse los intereses de unos sobre otros, podamos conciliar y converger los intereses de todos, en forma equitativa y justa, en un solo proyecto de nación.

Panamá posee un modelo de desarrollo transnacional, en el que los polos de crecimiento son los servicios dirigidos al comercio internacional en provecho de la posición estratégica de Panamá, liderado por el Canal y sus negocios circundantes, puertos, Zona Libre y banca.

Los recursos naturales y materiales de Panamá han sido invertidos para beneficio de este sector, marginando al resto de la población a las sobras del olvido. Las comunidades rurales, los pueblos indígenas, las poblaciones costeras y las zonas urbanas periféricas de la ciudad de Panamá, San Miguelito y Colón no son partícipes del desarrollo.

La exclusión genera falta de pertenencia, panameños que no sienten que su destino esté atado al del país, por lo cual velan solo por su propio interés sin consideración por otros sectores.

El conflicto con los pueblos indígenas es expresión innegable de la marginación sistemática que sufren las mayorías. Comunidades enteras sin servicios aceptables de educación, salud, infraestructura, energía, agua potable u oportunidades de emprendimiento.

Cómo podemos esperar que los ngäbe sientan temor ante la posibilidad de que el turismo, la energía hidroeléctrica o la inversión extranjera se comprometan por las protestas, cuando estas actividades económicas no inciden sobre ellos.

¿Cómo mantiene el Estado la estabilidad con niveles tan elevados de exclusión? Mediante la coacción y violencia. Con altos niveles de necesidad en los sectores marginados, se valen de programas asistencialistas que vienen implementándose por décadas, pasando por la dictadura militar y los gobiernos civiles, para anestesiar a la población.

Si el intento de comprar conciencias no mantiene a la gente sumisa, se valen de la violencia institucionalizada para amenazar y reprimir. Solo así aseguran que una población rica en recursos, tolere no recibir una justa participación.

Nuestra respuesta es la construcción de un Estado plurinacional, en donde se potencian los derechos económicos, políticos y sociales de todos los grupos humanos, incluyendo los pueblos indígenas, para asegurar que cada uno tenga la oportunidad de contribuir y recibir una parte equitativa de las riquezas que produce el país, dando pie a un modelo de desarrollo integrador.

Debemos procurar que todos seamos y nos sintamos parte del progreso del país, para que estemos dispuestos a responsabilizarnos por nuestras acciones individuales y colectivas puesto que ellas tendrán consecuencias sobre nuestro futuro común.

Combatamos la marginación y exclusión y emprendamos el camino hacia un Panamá participativo, incluyente y pluralista, donde luchamos juntos por un destino compartido.

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