MALA ATENCIÓN

A propósito de la salud pública: Iván Samaniego

Son las 10:00 a.m. y la paciente X llega, con fuertes dolores, a la sala de maternidad del Hospital Santo Tomás en busca de ayuda. A pesar de tener 37 semanas de embarazo, se ve obligada a seguir un lento proceso; primero hace una larga fila para pagar la consulta y luego de esperar una hora o más es recibida por los practicantes que evalúan su estado.

En determinado momento aparece el doctor, cuyo recibimiento no es grato. Él habla en términos técnicos con sus practicantes indicándoles sus errores en la impresión diagnóstica y, de forma grotesca, sugiere a la paciente que se haga un examen de orina y se lo lleve a su doctor de cabecera, que la atiende en un horario casi nocturno. Al final, la paciente que viaja del sector oeste de la provincia de Panamá es despedida con la frase “gracias por venir, porque así mis practicantes aprenden más”. Ella retorna a su casa con los mismos dolores y con el agravante emocional de su impotencia y frustración frente a este sujeto.

Esta es la triste realidad de muchas de las pacientes embarazadas que llegan a los hospitales públicos. Así como ella, muchas deben experimentar este trato que, obviamente, cambia cuando la paciente paga en una clínica privada.

En la actualidad la neurociencia arroja información valiosa acerca de los efectos que producen en el feto, específicamente en el sistema nervioso (tallo cerebral), factores como el estrés durante el embarazo, y fenómenos como la anoxia y/o la hipoxia (agotamiento total en el nivel de oxígeno) que se producen durante el parto, regularmente a consecuencia de un mal manejo de los doctores, ya sea porque obligan a la paciente a parir de manera forzada, o porque atienden entre cinco y ocho pacientes a la vez, como narró una ginecóloga obstetra, quien vio morir a uno mientras atendía una cesárea. Todo esto por la falta de personal calificado.

Las diferencias entre los costos de los hospitales públicos y privados son abismales. Un parto puede costar entre 25 y 30 veces más en las clínicas particulares que en los hospitales públicos. Por esta razón, la mayoría de pacientes acude a los hospitales estatales o a la Caja del Seguro Social. Eso es lamentable, sobre todo cuando se trata de algo tan vital y sensitivo como el nacimiento de los futuros ciudadanos de un país.

Una mejor atención al momento del nacimiento reduciría los problemas causados por anoxia u otras alteraciones durante el trabajo de parto. Habría que investigar más a fondo esta problemática, pues redunda en futuras complicaciones entre los chicos, como déficits cognoscitivos, problemas de impulsividad e hiperactividad, entre otras patologías o discapacidades asociadas a partos con complicaciones.

Si es cierto que cualquier parto puede traer consigo complicaciones, hay que investigar hasta qué punto una anoxia, en un momento determinado, se debe a negligencia médica en los hospitales públicos, relacionada a falta de personal, o a la propia actitud de los doctores.

En el ámbito público, quien cree que los cambios de infraestructura van acompañados de cambios en la actitud en el servicio, se equivoca. Estas son subculturas de la mediocridad, creadas durante años y vinculadas a intereses económicos, muy arraigadas en la actitud mental de quienes laboran en esos hospitales.

Reto a que se hagan encuestas sobre satisfacción al cliente en puntos álgidos de la salud pública como la sala de maternidad del Hospital Santo Tomás y en las clínicas y hospitales de la Caja del Seguro Social, cuyo administrador habla de una mejora sustancial de los servicios que se ofrecen.

Solo hay que remitirse a lo que actualmente ocurre con la muerte de los ocho neonatos. Esta es la triste realidad de la salud pública en Panamá, crímenes que quedan impunes por negligencia o no, o por la actitud de los colaboradores, que reflejan la mediocridad general de los servicios, porque se trata de un problema que no solo involucra a los administrativos, sino a algunos profesionales influenciados por intereses económicos.

Cuando una encuesta de satisfacción al cliente se aplique entre los asegurados para medir su grado de aceptación respecto, por ejemplo, a la agilidad, calidad y atención en el servicio, en ese momento le creeré a ese señor que se la pasa manifestando sus logros y que pretende construir una ciudad hospitalaria, sin resolver problemas básicos del Seguro actual.

Lamentablemente, vivimos en un país con crecimiento económico de primer mundo, y servicios de salud pública de tercer mundo.

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