INTELIGENCIA EMOCIONAL

El pueblo ngäbe vivirá siempre: Luis Ernesto Carles

El pueblo ngäbe buglé es un pueblo digno, fuerte y valiente. No se rinde fácilmente ante los retos que se le plantean. Sus luchas en esencia son místicas y profundas. Lo ha demostrado una vez más.

Ha hablado alto y claro. No se trata de que no quiera minería per se, no. No quiere minería en su territorio comarcal, ese mensaje es contundente, no necesitan buscarle otras aristas, tratar de torcerles el brazo o alargar los debates sería terquedad de quienes nos gobiernan. El que no quiera entender eso atenta contra la inteligencia humana. Estoy convencido de que el mejor camino para todos es entender su cultura, su idiosincrasia y la cosmovisión que los envuelve. Se han definido con sus acciones como un pueblo paciente, que se desespera, pero que en el fondo son gente noble que cree en el diálogo.

Ñürüm, Besiko, Kankintú, Kusapín, Mirono, Müna y Nole Duima son sus distritos que, divididos en tres regiones, Ñokribo, Nidrini y Kädriri, durante mi gestión como Viceministro de Gobierno conocí muy bien. En las entrañas de la comarca hay una organización de base con una estructura tradicional impresionante, que lejos de la política partidista advierte hacia cualquier visitante o autoridad administrativa nacional, el profundo respeto por los procesos de consulta regidos a través de Ley 10 de marzo de 1997 y en su reglamento dictado por el Decreto Ejecutivo 194 de agosto de 1999.

Con lo sucedido debemos reflexionar y cambiar paradigmas. Muchas veces o casi siempre, la “razón cínica” conlleva pensar que la inteligencia del conocimiento se antepone a la emocional. Esa “razón cínica” que de forma irónica es capaz de defender la teoría como única vía para alcanzar el conocimiento de la verdad. Razonamiento que se atreve, muchas veces, a desconocer la experiencia, las creencias, las tradiciones o los fenómenos. Ese raciocinio equivocado que desconoce la “sabiduría del espíritu” y que no permite que se llegue a la razón lógica de los acontecimientos.

Esa inteligencia emocional ngäbe que es espíritu, creencia, tierra, luna, montañas, Mama Chi, cerro Colorado, polvo y espacio, Ñö Kribo, Nedrini y Kädriri, es la que da valor al hombre y la mujer indígenas, la que le da fuerza para seguir luchando, define su conocimiento y es la que le permite entrar al estadio de la sabiduría. Esa inteligencia emocional es ingenuidad natural y sabia a la vez, es la que le permite actuar con objetividad, ver lo que le conviene a su pueblo alejado del raciocinio cínico, avasallador, arrasador, voraz, conquistador y mezquino de los intereses transnacionales y mercantilistas. Ver a un pueblo en rebeldía no significa que sea irracional, muy por el contrario, es una reacción de razonamiento puro en contra de ese proceso colonizador, neoliberal y manipulador del siglo XXI.

Trabajé con ellos en el diálogo de la Ley 30 y logramos importantes consensos. Los conozco, me solidarizo con su lucha y con cada una de sus peticiones, porque son justas y humanas. Luchemos todos por tener una cultura de diálogo social en Panamá, de respeto, y digamos “basta ya” a la política de confrontación, para que nuestros gobernantes entiendan que los pueblos originarios deben ser escuchados y entendidos con la finalidad de implementar verdaderas y efectivas políticas de desarrollo humano.

La cacica del pueblo ngäbe buglé, Silvia Carrera, con su humildad se engrandece y ha demostrado al Gobierno que debe consultar más. Hasta la Biblia dice “que en la multitud del consejo está la sabiduría”. La lucha del liderazgo de este pueblo ha dejado sentado que nos toca respetar a las autoridades de los pueblos originarios, sus tradiciones, sus decisiones y convicciones.

Nos toca como pueblo panameño actuar con mayor inteligencia emocional y pensar sobre la base del razonamiento lógico. No importa dónde estemos, el proceso de consulta, diálogo y respeto nos llevará hacia derroteros de verdad, justicia, amor y libertad. Pese a la infamia, calumnias, acusaciones infundadas y ataques de todo tipo, continuaré luchando por los pueblos ngäbe buglé, embera–wounnan, bri bri, naso tjer-di y guna yala. El pueblo panameño se engrandece con la lucha digna de los pueblos originarios.

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