PLANIFICACIÓN

¿Cuántos puentes más?: Leila Shelton-Louhi

Hace dos semanas –con la furia desatada por un río bravo– presenciamos los daños que sufrieron nuestras hermosas provincias occidentales, victimizadas por la descontrolada proliferación de proyectos superfluos.

El dramático derrumbe del puente sobre el Río Piedra y el cierre del otro destacó, nuevamente, que el bienestar colectivo es irrelevante para los promotores de obras improvisadas quienes, con la ayuda de funcionarios corruptos e “inversionistas” mal asesorados, conspiran para insertar intervenciones por doquier, disfrazadas cínicamente como “necesarias” y hasta “urgentes”, despilfarrando recursos valiosos. Muchos panameños están convencidos, por la propaganda engañosa, sin pensar que el progreso real implica una planificación responsable; toma tiempo y –lejos de ser un “gasto”– define lo que es una inversión auténtica que, además, requiere un propósito transparente y definido dentro de un marco integrado de planificación nacional.

No hay justificación alguna para la repetición constante de eventos destructivos en Panamá (hogares arrastrados por las aguas, las muertes, las familias sin sustento, los sistemas hídricos envenenados por actividades ilegales, los ríos lesionados reclamando su espacio natural) evitables, si la viveza no la hubiéramos institucionalizado.

Cierto, no hay cómo cambiar las leyes físicas y naturales, pero hoy sufrimos por haber descartado ese poder asombroso de la naturaleza –de la que somos parte y con la que hay que convivir– al solo escuchar a quienes se benefician económicamente del dolor del prójimo.

El río Piedra –captado “en vivo” gracias a la tecnología bien aplicada– nos indicó lo que nos espera si seguimos desprestigiando las voces de quienes más entienden los enlaces entre el panameño y su ambiente, los interioranos, nuestros campesinos e indígenas, dejando que las verdades que expresan por el bien de todos sigan cayendo en oídos sordos.

Aparecerá el sinnúmero de justificaciones inaceptables por lo sucedido con los puentes del río Piedra. Sin duda, se aprovechará este desastre para promover más proyectos insensatos, si no nos involucramos. Vale recordar que no es suficiente echarle la culpa solo a los “actos de Dios” o, como está de moda, a los “impactos del calentamiento global, si constantemente tentamos la suerte incrementando deliberadamente los riesgos frente a ellos.

El bienestar de la población de Panamá y el equilibrio ecológico global continuarán deteriorándose, si esta cadena sin fin de proyectos perjudiciales, y hasta criminalmente concebidos, sigue siendo financiada alrededor del mundo por terceros y aceptada aquí por panameños.

Pagaremos por largo rato las consecuencias de errores ya cometidos –ni el más vivo se escapará– si seguimos esquivando nuestras responsabilidades. Pero ya no seremos víctimas, sino autores de nuestra propia destrucción y cómplices de quienes no les importa nuestro porvenir.

Cuando ya no nos lleguen alimentos sanos del interior –quizás ni exista la producción por falta de agua pura y de nuestros paisanos– será demasiado tarde para “analizar” y “arreglar” y, mucho menos, preguntar con la misma fuerza, indignación y furia mostrada por el río Piedra: ¿Cuántos puentes más?

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