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DELINCUENTES

Entre el pulpo y la hidra: Berna Calvit

Cuando estoy lejos de donde están prendidas mis raíces y la añoranza ronda, siento como propios los sentimientos de Ricardo Miró en el poema Patria; los de Rubén Blades en su canción Patria (“son tantas cosas bellas…”); y los de Ileana Pérez B. en el encantador y descriptivo escrito “Panamá tiene sabor a ciruela traqueadora” (La Prensa 2001 y 2003). Como siempre, diariamente leía en internet las noticias sobre Panamá; agotada mi capacidad de asombro, nada me sorprendía; me hubiera llevado al “confusionismo”, eso sí, que alguno de los negocios y obras del gobierno Martinelli se hubiera salvado de la rapiña, pero hasta ahora, récord perfecto, nada pasaron por alto. Al regresar a casa empecé a apreciar con más detalles en excelentes infografías la asombrosa trama de corrupción; al verlas imaginaba en el centro un pulpo grande con más tentáculos que los ocho que tienen los pulpos; y largos, muy largos. Pero concluí que era más apropiada la figura de la temible Hidra de Lerna, de la mitología griega, a la que le crecía una o varias cabezas cuando le cortaban alguna; fue Heracles quien logró descabezarla mientras su sobrino, Yolao, se encargaba de quemar los cuellos. Como alegoría literaria la venenosa Hidra es la figura de la corrupción (que ha tenido varios nombres a lo largo de nuestra historia) pero que hoy se llama Ricardo Martinelli; cada cabeza podría bautizarse con nombres como Lavítola, Chichi de Obarrio, Gaby Btesh, Pipo Virzi, Ferrufino, Cucalón, Paulette, Rafael, De Bianchini, Rony, Gustavo, Frank, Pablo, Diego, Práxedis, Félix, Desiree y tantos más que el espacio no alcanzaría. La justicia está en procesos nunca antes manejados, razón que, a mi parecer, justifica la cuidadosa lentitud que evitaría que la corrupción, como las cabezas de la Hidra, vuelva a multiplicarse (iluso pensar que desaparecerá totalmente). Y como hizo Yolao mientras Heracles cortaba, el Ministerio Público y todas las autoridades de justicia, ¡a meter candela para que a esta hidra no le quede ni un vasito capilar por donde pueda volver a crecer!

Los delincuentes que están fuera del país, aunque estén hospedados en hoteles o apartamentos de lujo y puedan pasear por bellísimas ciudades de amplias avenidas, comer en restaurantes listados en la guía Michelin, o asistir a privilegiados espectáculos deportivos o culturales (creo que esto último no está entre sus aficiones) cuánto deben estar extrañando, como dice Ileana Pérez Burgos, “el raspao en el que metemos el dedo para que el hielo mezcle bien el sirope con la leche condensada… el pixbae recién salido de la olla… un buen saos o un plato de mondongo con plátanos en tentación…”. Y lo canta Blades “…porque la patria es un sentimiento en la mirada de un viejo… te contesto, hermanito, Patria son tantas cosas bellas”. Para Miró, la patria “son los viejos senderos retorcidos… la palma rumorosa, la música sabida…”. ¿Los que se marcharon para evadir la justicia, sentirán en algún momento el espanto que sintió Miró cuando al volver la mirada dijo “…no veo el camino que a ti me ha de tornar…”. Ese es el precio que están pagando Martinelli y otros fugitivos. Los que están en prisión, los que eventualmente allá irán, o los que tendrán casa por cárcel o impedimento para abandonar el país, también tienen por delante días amargos; por siempre serán señalados como cómplices por acción u omisión; y aunque nuestra sociedad no practica la sanción moral, saben que “a lo bajo, bajo” a su nombre, según cada caso, le seguirá la mención de mochilas, comida deshidratada, radares, alquiler de helicópteros, Anati, Juan Hombrón, Gang Man Style, Orion, call center, espionaje telefónico, cobranzas ilegales, venta de fallos, etc.

Manuel Antonio Noriega habló con Álvaro Alvarado, ante las cámaras, por primera vez en casi 26 años. En una parca, encajonada declaración, que percibí forzada y con la rigidez militar de la que parece no poder desprenderse, pidió perdón por sus errores y los de otros. ¿Hay en esta sorpresiva declaración, algún cálculo para que Noriega sea beneficiado con casa por cárcel, como Pipo Virzi, por razón de su edad? Será decisión de la justicia terrenal. Los asesinatos de Hugo Spadafora, Heliodoro Portugal, Giroldi y de 11 militares en un hangar en Albrook, pesarán por siempre sobre Noriega, aunque no se tenga la verdad completa. Porque así es la historia, la vida. Siempre habrá quienes no permitirán que los que les causaron sufrimientos caigan en el olvido.

Tal vez Martinelli regrese (por las buenas o por las malas). ¿Volverá a comerse un raspao, “pindinsear” en Soná, tomar un café en el Boulevard Balboa? ¿Tendrá un final como el del shah de Irán, errante infeliz que nunca pudo ajustarse a su papel de destronado? ¿O como el expresidente peruano Fujimori, sentenciado a prisión? ¿Encontrará algún país que lo trate tan bien como Panamá a Jorge Serrano Elías, expresidente guatemalteco? ¿Resultará ser el escorpión de la fábula de la ranita y el escorpión? ¿Pedirá perdón? ¡A saber! Pero el recordar que hay quienes hasta con el hambre de los niños pobres se enriquecen debe servirnos como lección dolorosa para aprender a escoger mejor al que aspira a mandar desde el Palacio de las Garzas.

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