DERROTA

Dos meses en el purgatorio: Carlos Eduardo Galán Ponce

Ya se comenzaba a respirar un aire de paz en este querido país, apenas se conoció el resultado de las elecciones. Con la tranquilidad y el sosiego de que nos había privado el actual gobierno, recetándonos cada día con una nueva chabacanería. Y es que, gracias a Dios, la nación había decidido proporcionarse un Presidente nuevo y totalmente diferente, que le diera a la majestad de su cargo la cultura de dignidad y respeto que merece. Esa de que habían dado ejemplo muchos otros presidentes al paso de nuestra historia.

Pero esa paz no duró mucho. Como la fiera en los estertores de su agonía, los coletazos de su inminente partida no tardaron en dejarse sentir, tratando de hacer todo el daño posible, como en venganza a una mayoría ciudadana que le demostró en las urnas su repudio. El lenguaje ofensivo y vulgar que utilizó en su periodo de gobierno, lejos de dejarlo a un lado y aprender a rumiar su derrota, con humildad y elegancia, se exacerbó. Y las malas mañas tampoco acabaron. Reunieron a sus diputados, después de haber “vagueado” politiqueando todo lo que les dio la gana. Y cada uno con su pedigrí bajo el brazo acudió sumiso a aprobar a contrapelo de la sociedad, todas las sandeces y las picardías escondidas que les dejarían caer los ministros del Presidente. Pero creo que esta vez se han equivocado. Métanse a vivos, que la gente les va a dar “pelonera”.

En lo único que sí han cambiado después de su derrota, es en la chilladera que han agarrado por las impugnaciones que sufrieron algunos de sus candidatos “electos”. A sabiendas de que todos utilizaron fondos públicos millonarios para sus campañas políticas, cortesía de esa tenebrosa dupleta CD/gobierno. De esos hechos dan sobrada constancia tanto las grabaciones de los medios de comunicación como los ojos de los residentes en cada circuito electoral y las declaraciones de los observadores internacionales. Pero su cinismo los lleva a negarlos y en su desesperación contratan asesores legales que, amparados en tecnicismos, tratan de hacer de estos hechos inmorales un ejemplo de ética y decencia digno de ser imitado en futuras contiendas electorales.

Debieran ir ahora “a llorar al cementerio”, como vociferaba Chello Gálvez en medio de sus payasadas. ¡Qué mansitos parecen ahora! Sin el poder no valen nada. El cúmulo de impugnaciones, como no se había visto en ninguna elección anterior, solo se debe a la cantidad de trampas que hicieron estos señores para aferrarse al poder como lapas, a costa de lo que fuese. Repartieron millones de dólares del Estado, en efectivo y en especies, como confeti en Carnaval. Y como no parecen tan tontos como para pensar que nadie los iba a ver, estaban seguros de que ganando la contienda, nadie les iba a cuestionar ninguna de esas bribonadas. Total, eran todos de lo mismo.

El Tribunal Electoral, revestido de un prestigio nacional e internacional, demostrado en todas las elecciones que ha presidido, es el único organismo del Estado que no pudieron comprar, ni han podido descabezar. En 2009, le entregaron credenciales ganadas en buena lid al actual Presidente y a los diputados, tal como fueron elegidos entonces. Los que amañaron posteriormente esos resultados fueron los actuales gobernantes, al adquirir en subasta en una Jumbo Feria a 24 diputados que no les correspondían. Son los mismos que ahora pretenden disputarle el prestigio al Tribunal Electoral y se declaran como los más fervientes creyentes de la institucionalidad. Trespatines es un detalle.

La historia es el juez inexorable del proceder de los gobernantes. Y sus fallos quedan como un legado para el tiempo, para sus familiares y para sus pueblos. Y esos fallos los escogen ellos mismos. Los corruptos siempre serán desenmascarados y pasan a formar parte de las páginas negras de la historia de cada país.

A los gobernantes honrados y decentes, esa misma historia los coloca en el sitial de honor que se merecen. Y, caballeros, cada uno escoge dónde será ubicado, y cómo quiere ser recordado. Pero ninguno piense que va a ser el más vivo y que va a pasar “agachado”. Y a la historia ya se le suma la justicia terrenal. Ojo, en Centroamérica solo falta Honduras por haber encarcelado a expresidentes. O tenerlo prófugo.

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