VOLUNTAD DEL PUEBLO

La reforma constitucional en la historia: Paulino Romero

Para nosotros, la Constitución de un país debe expresar los ideales de la colectividad nacional en un momento histórico dado. Solo que tales ideales son encarnados por un grupo de hombres que muchas veces no están entre los que redactan las constituciones y, por ello, queda siempre fuera del derecho escrito una extensa zona de preocupaciones del pueblo, que se van realizando a pesar de la Constitución y aun en contra de ella, preocupaciones que lentamente fuerzan la estructura de ésta hasta haberla roto en mil pedazos, ya que en ella no estaba el pueblo y la realidad que creyó contener sobrepasaba los límites de su articulado.

En el pasado, Fernando Lassalle sostuvo en Alemania que: “La verdadera Constitución de un país existe tan solo en el poder material y real existente en ese país. Las constituciones escritas tienen únicamente valor y consistencia si constituyen la expresión exacta del poder verdadero que existe en la sociedad”. La afirmación de Lassalle se hacía pensando en la Alemania de su época, donde triunfaban las fuerzas de la opresión sobre las de la libertad. Por ello, la Constitución tenía para dicho autor el sentido de un instrumento de afirmación del absolutismo vacilante y no de acercamiento de la libertad de los pueblos.

Las constituciones modernas, tanto como las de los siglos XVIII y XIX aparecieron en momentos de crisis. Fueron expresión de movimientos revolucionarios, en los que era fácil a los constituyentes captar e intuir la realidad de las aspiraciones populares, para trasladarlas a la Constitución. Empero, muchas veces las que se consideraron necesidades apremiantes de una clase social, la menos favorecida, eran negadas por la clase social que la oprimía y explotaba. Era acertado, entonces, decir que la realización del derecho estaba aparejado a la fuerza capaz de imponerse y ésta estuvo siempre en manos de las clases dominantes para hacerla pesar sobre los oprimidos.

Es cierto que el momento revolucionario, al hacer aflorar las tendencias sociales, pone en evidencia lo que ha de ser llevado a la Constitución para que ésta exprese la voluntad del pueblo, pero las constituciones son siempre un conjunto de normas con base en una teoría política que busca realizarse, mediante la dinámica de los hechos políticos, del hacer político, y este hacer se conforma a circunstancias que cambian con el balance de las fuerzas sociales.

Sociólogos americanos al hablar de nuestra realidad la idearon mezquina, pero no es un hecho que se presenta a todos de la misma manera, sino que requiere de la interpretación que está siempre acorde con la manera de pensar y de sentir, más que todo con los intereses del intérprete y con las preocupaciones de la época. El defecto de nuestros sociólogos está en que al hablar de nuestra realidad social se referían solamente a la que ellos captaban como tal, al hecho histórico interpretado como expresión de la actividad de individualidades que ostentan el poder. De acuerdo con el principio de la racionalización de la vida en derecho, la tendencia actual es llevar a las constituciones lo que la época, el progreso social y los intereses políticos consideran como expresión de las aspiraciones y preocupaciones de la colectividad.

La declaración de los derechos del hombre formulada ya hace más de dos siglos, no obstante que se generalizó tras largas luchas en todas las naciones del mundo, no expresaba una concordancia entre la promesa que contenía y los hechos políticos que conformaban la vida de la sociedad, pero al calor de sus principios se extinguió la esclavitud, el sufragio universal se ha difundido al mundo entero y constituye motivo de escándalo internacional las torturas inhumanas, y son considerados como bárbaros los regímenes que propician esos procedimientos.

La política es, en efecto, el elemento dinámico que posibilita el cumplimiento de la norma legal, creando condiciones para el ejercicio del derecho. Los derechos sociales, entre los cuales se encuentra la educación, tendrán su campo de realización plena en el porvenir, y al definir la tendencia predominante de nuestra época, señalan para el hombre una meta que ha de conquistar con su esfuerzo.

Remover los obstáculos que se oponen a la realización de los derechos del hombre es contribuir eficazmente al proceso de liberación social. Sin embargo, concediendo valor práctico a la mayor o menor extensión de los derechos que la Constitución promete, pensamos que la demasiada amplitud, alejada en forma apreciable de toda capacidad de realización, no por imposición forzada, sino por carencia de medios, puede causar tanto daño como la estrechez circunscrita dentro de una visión de gendarme.

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