INVERSIÓN NECESARIA

No se puede renunciar a la educación: Johnny Sáurez Sandí

Independientemente de que nuestros países estén viviendo una bonanza material o de que se augure, para el corto y el mediano plazo, una muy deseada y bienvenida estabilidad macroeconómica, es necesario enfilar las baterías y dirigir los mejores esfuerzos hacia el rompimiento de los ciclos y de aquellos esquemas en los que la educación de los pueblos no era lo más importante.

Es prioritario aprovechar los buenos tiempos de las economías y de la creación de riqueza para fortalecer los presupuestos nacionales que dedicamos a educar a nuestros niños, jóvenes y adultos. Esta inversión se multiplicará y rendirá sus frutos en el corto plazo; hacerlo ya puede ser parte del seguro y de la inversión que nos brindará la protección requerida, más allá, en tiempos no tan benevolentes como los actuales.

Educar a la gente es brindarle mayores oportunidades de escalar en la pirámide social, es fortalecer a las sociedades que, como cuerpos vivientes, también tienen metas y deseos de llevar a todos sus miembros hacia una vida mejor, ajena a la pobreza; entendida esta, en sentido amplio, como un flagelo que es el padre o la madre de la mayoría de las desgracias del mundo moderno.

La educación y el cultivo del espíritu ayudan a matar la pobreza y la ignorancia y, con ello, se eliminan en gran medida sus engendros, dígase violencia, inseguridad, resentimientos sociales, vagancia y también otros innumerables vicios.

Trae consigo creatividad, ciencia, investigación, libertad, paz, mejores relaciones sociales; genera progreso y desarrollo humano; una mejor distribución de la riqueza en los países y, en definitiva, acrecienta el nivel de vida y el sentimiento de seguridad de todos.

La educación también construye democracia, instituciones fuertes, alienta la sana crítica, los derechos y la conciencia de que todos tenemos obligaciones para con nuestros congéneres y con la sociedad, como un todo viviente. Se fundamentan todas las áreas de la vida del ser humano y sin ella nuestra humanidad desciende y nuestra espiritualidad se debilita.

Ejemplos de las bondades de la educación tenemos muchos. Los países nórdicos y algunos asiáticos son la ventana para mirar y ver cómo esta los ha transformado. Esos países nos han demostrado que ella les ha brindado mejores condiciones de existencia y que no es necesariamente la disposición de grandes recursos materiales la garantía del progreso y el desarrollo.

Renunciar a la educación de los pueblos o destinar los recursos hacia otras áreas de la economía nacional es un error garrafal. De nada nos vale invertir en grandes obras civiles si no contamos con gente debidamente formada en todas las demás áreas del quehacer humano.

Se trata de un bien que nada ni nadie nos puede arrebatar, y en esa misma medida es un pilar social, el acervo o reservorio más valioso con que contamos, cuyo valor es superior al del oro y está ahí, disponible siempre.

En definitiva, intensifica la vida humana, equilibra la existencia de las sociedades y las ayuda también a restaurarse luego de los ciclos de depresión o de crisis.

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