REGLAMENTO DE TRÁNSITO

Los retenes policiales: Alexis Pinzón Acevedo

De acuerdo con uno de los principios del derecho romano, heredado por nuestro país, el desconocimiento de la ley no es un eximente de responsabilidad. Lamentablemente, desconocer la legislación vigente es muchas veces el punto de partida para atropellos jurídicos y violaciones a los derechos básicos de todo ciudadano.

La Policía Nacional es uno de los estamentos de seguridad que se encarga de velar por el cumplimiento de la ley y por salvaguardar los derechos, tanto de los nacionales como de los extranjeros, en el territorio nacional. Sin embargo, como ocurre en muchas otras profesiones, ciertos agentes se han encargado de empañar el nombre de esta institución mediante actos que distan mantener los principios y preceptos legales que deben regir el actuar de su miembros.

Sin ánimos de generalizar, me atrevo a decir que casi todos los días del año, en alguna parte de la ciudad de Panamá se establecen los dispositivos de seguridad, denominados retenes, con la finalidad de prevenir delitos o faltas en una zona determinada. De acuerdo con el manual de procedimiento de la Policía Nacional, el jefe de zona será la persona que ordenará la activación de un retén, y para esto tendrá que presentar sus motivos y especificaciones, tales como el lugar exacto y horario. Luego de finalizar, presentará un informe con los resultados del dispositivo. El jefe de la zona designará a ocho agentes que estarán a cargo del retén y ellos tendrán que señalizar, mediante conos, letreros y luces intermitentes, que el conductor se aproxima a un punto de control y debe seguir las instrucciones de los agentes.

En teoría, los retenes son puntos de control ordenados cuyo fin no es otro que mantener la seguridad ciudadana, pero en la práctica son pocos los que cumplen a cabalidad con las normas establecidas, creando incertidumbre en la sociedad al no tener la certeza de cuándo un retén es legal y cuándo nos encontramos con gente que se aprovecha de esta situación para cometer delitos que bien podrían poner en riesgo la vida de alguna persona. Debemos analizar la legitimidad de un dispositivo de seguridad que incumpla con las normas establecidas por la Policía Nacional para el correcto funcionamiento, ya que si la actividad de estos funcionarios no se apega al marco legal, no solo la seguridad de los ciudadanos se ve comprometida, sino que podría nublarse la transparencia que debe tener todo acto público.

De acuerdo con la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), en lo que va del año se han registrado 20 mil 744 conductores sin licencia de conducir, y a 7 mil 997 por alcoholemia, de este total 5 mil 135 conducían en estado de embriaguez, comprobada mediante el examen de aires espirales, mejor conocido en el argot nacional como “guarómetro”.

Estas estadísticas nos indican que 25 mil 789 personas fueron sorprendidas en diferentes retenes, y por el tipo de falta cometida su vehículo debió ser removido por alguna de las 19 empresas autorizadas por la ATTT. Los conductores le pagaron por ese servicio a una empresa que el agente contrató en nombre del usuario.

Esto no solo es un freno al libre mercado, sino una facultad que se atribuyen los agentes, sin que el reglamento del tránsito diga taxativamente que el policía o agente del tránsito debe solicitar el servicio de grúa.

No podemos juzgar a todos los miembros de la Policía Nacional por el actuar de unos cuantos, pero es necesario que la entidad responda a las siguientes preguntas que aquejan a la sociedad y generan desconfianza en la labor de los policías: ¿Si veo a un solo policía en el retén, debo detenerme? ¿Qué debo hacer si me detienen en un lugar con poca iluminación? ¿Ante quién puedo presentar mi queja contra un miembro de la Policía Nacional? ¿Puedo solicitar el servicio de grúa de mi preferencia?

Tal vez para algunos las respuestas estén claras, pero me atrevería a decir que la mayoría ni siquiera sabe dónde formular estas inquietudes.

El reglamento de tránsito no necesita modificaciones que agraven las sanciones correspondientes, lo que requiere es que se cumpla y respete, con eso podemos llegar a ese ambiente de seguridad y transparencia que todos deseamos.

No debemos esperar a que la brecha entre la policía y la sociedad se incremente, hay que buscar la manera de lograr un trabajo armónico, que refleje a los miembros de la institución como personas confiables que buscan nuestra seguridad, y eso se logra con el respeto a la ley y con la comunicación adecuada.

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