TRANSPORTE

El salario del miedo: Carlos Lucas López T.

La separación obligada de la vida política partidista de mi país no me ha impedido que sufra diariamente por las penurias que vienen atravesando mis coterráneos, particularmente de la ciudad de Panamá, en su diario martirio al momento de tomar su correspondiente “Mi Bus” a deshoras de la madrugada para arribar a tiempo a su trabajo y, lo que es más grave y riesgoso, tratar de regresar temprano a casa, superando la contingencia de daños a la integridad de su persona.

Por alguna razón recordé una película francesa que difícilmente logré superar luego de mis años mozos.

Se trataba, según recuerdo, de un salario que se pagaba a los conductores que lograban sortear una carretera empinada, cargando con toneladas de dinamita necesarias para construir en la cumbre de la montaña una represa que detenía el cauce de un río o algo parecido. Como eran varios los vehículos utilizados, tenían que remontar o subir la montaña con la debida separación uno de otro.

El momento culminante de la película ocurre las veces que, habiendo estallado la carga, uno de los conductores no lograba subir la pendiente, entregando su propia vida sin lograr sacar ningún beneficio del salario con el que había sido retribuido.

¿Es acaso a la inminencia de tales peligros a los que está sometido un número considerable de nuestros hermanos?

Ojalá encuentre este gobierno una salida menos onerosa, grave y pronta al espectro que día a día sobrecoge a un número considerable de nuestros empleados y empleadas, que no pueden hacer otra cosa que tomar “Mi Bus”, sufrir toda clase de estrujamientos y, eventualmente, apearse del mismo y hacer frente, ya pasada la noche, a la agresión de un delincuente.

Téngase en cuenta que en estos casos, los que pagan el salario son los usuarios del vehículo; el que lo recibe es el Estado panameño, que por adelantado ha abonado a Mi Bus, una empresa colombiana, el valor de las tarjetas que se emiten, para evitarles todo retraso en el pago, todo perjuicio y/o toda reclamación que pudiera interponer el Estado, el usuario agredido, el peatón atropellado, la señora o señorita estrujada, etc., etc., ¿o no es así?

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