¿Eran sexistas los cuentos de antes?

¿Será que todas estas “heroínas” vivían a la espera de un varón que las pudiera sacar del sufrimiento y la miseria, incapaces de valerse por ellas mismas, o de analizar posibles estrategias para solucionar sus problemas?

¿Es que no existía la palabra autoestima positiva, tan de moda en nuestros tiempos, o es que solo los chicos tenían derecho a usarla como atributo masculino de las historias infantiles?

La respuesta es simple y aterradora. Todos esos cuentos tan leídos, tan estudiados, responden a una sociedad sexista que nos ha socializado con el pensamiento subordinante de que las mujeres debemos ceñirnos a estereotipos en los cuales debemos vivir bajo el paraguas protector masculino.

¡Y qué hablar de los rondas infantiles! Bastante que las canté, y retecanté con galillo de cantalante: “Arroz con leche, me quiero casar, con una señorita de San Nicolás, que sepa coser, que sepa bordar, que sepa dar la vuelta para ir a bailar”. (Espacio privado y reproductivo solo para mujeres).

En cambio las canciones para niños nos hablan de un “Mambrú se fue a la guerra...” (espacio de poder público solo para hombres).

Montserrat Moreno, en su libro El Sexismo en las Escuelas, sostiene que la vida de una niña o un niño está inmersa en una serie de aprendizajes, repletos de imágenes y actividades sexistas desde el momento de su nacimiento y se consolidan durante el proceso de socialización y de educación.

La propuesta de Moreno y otras autoras en esta línea, es la de reconstruir la historia o el cuento, pidiendo a su estudiantado que construya otras versiones dándole el protagonismo a las mujeres.

Si extrapolamos la teoría de Moreno y dejemos a un lado la resistencia para aceptar una propuesta de género (todavía en pleno siglo XXI existen mujeres y hombres con ceguera intelectual que insisten en escribir en masculino) obtendríamos una literatura infantil con una riqueza llena de equidad.

El reto para aquellas mujeres que nos apasiona la literatura infantil (a pesar de que escribir para niñas y niños es cosa de mujeres porque los hombres escriben de economía, de política y de matemáticas); es el de construir una nueva voluntad para escribir historias de lo vedado, de lo silenciado, las historias de mujeres que no se han atrevido a contar sus sueños y deseos, o por temor a ser discriminadas o descalificadas por ser mujeres. Es el caso de la autora de Harry Potter, Joanne Kathleen Rowling. ¿Debemos escribir? ¡Sí! Pero brindándole la misma oportunidad a las niñas y niños, permitiéndoles tener los mismos súper poderes, buscándoles una identidad propia sin tener que vivir bajo la sombra protectora de nadie y ofreciéndoles una literatura infantil sin estereotipos sexistas.

(La autora es sicóloga, magíster en Género y Desarrollo Humano y directora encargada del Teatro Infantil Tía Dora)

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