PREGUNTAS FUNDAMENTALES

¿Para qué sirven los gobiernos?: John A. Bennett N.

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Los gobiernos, como todo en esta vida, sirven para unas cosas y no para otras, y el asunto está en aclarar para que sí y para qué no, lo que no deja de ser difícil dada la inmensa diversidad de opiniones. Pero si algo surge a partir de la pregunta es la permanente urgencia de insistir en ella y de lograr respuestas sensatas, si es que aspiramos a mejores gobiernos.

No saber para qué sirve un gobierno es como ignorar qué uso le podemos dar a nuestros apéndices corporales. En el Estados Unidos de antaño, entre la gente del campo era común la creencia que la función propia del gobierno era la de garantizarnos los derechos fundamentales que nos fueron legados en la creación.

¡Lástima que esa interpretación se haya ido perdiendo!, porque el ideal de la ley es la simplicidad que le permita a todos entenderla. Hoy día la creencia más común es que los gobiernos están para resolver y darnos todo. Y aunque algo de eso ha quedado reflejado en nuestra maltrecha Carta Magna, igual aparecen elementos fundamentales.

Específicamente, en el artículo 17 se establece como primordial que: “las autoridades están instituidas para proteger la vida, honra y bienes...”, pero el gran reto está en cómo lograr eso. Y la Constitución lo aclara más adelante al prohibir que se prive a una persona de su libertad, “sino en virtud de mandamiento escrito de autoridad competente...”. También está lo del derecho a libre tránsito y de expresión. Todas estas son facultades sin las que no seríamos capaces de hacer valer nuestros derechos fundamentales.

Lástima que luego la Constitución se contradiga y se desborde dando atribuciones a los servidores públicos que, en buena medida, hacen nulos los derechos ya señalados.

Si alguno quiere tener una forma bastante sencilla de juzgar cuando una ley se excede en atribuciones, simplemente hágase la siguiente pregunta: ¿Esta ley nos hace más o menos libres? ¿Más o menos deliberantes y autosuficientes? O, si por el contrario, nos hace más dependientes y serviles. El problemita con la dependencia, como la de subsidios, es que tarde o temprano se agotan los recursos ajenos y todo se viene abajo.

Pero siempre nos encontraremos con esas personas soberbias que piensan y sostienen que la mayoría de la sociedad está compuesta por burritos, que necesitan ser guiados. ¿Por quién será? Pues, por los amantes de imponer, partir y repartir. Particularmente, cuando los repartidores tienen una tubería con conexión directa a su propio bolsillo o el de sus amigos.

Pensar que los humanos necesitamos “ángeles” terrenales que nos gobiernen es una idea que analizó Thomas Jefferson en 1776, llevándole a advertir que los hombres fueron creados con los derechos inalienables de vida, libertad y el de perseguir la felicidad. Y que para poder lograr esos fines, se instituyó el gobierno, que deriva su poder a partir del mandato de los gobernados. Pero estemos claros con que esos mandatos tienen que ser cuerdos.

Esta misma idea la reafirmaría el presidente Ronald Reagan en 1981, cuando añadió lo siguiente: “De cuando en cuando hemos sido tentados a creer que la sociedad se ha vuelto demasiado compleja para ser administrada por el mismo pueblo; y que se requiere un gobierno de élite que sea para, por y del pueblo. Pero si no hay entre nosotros quienes sean capaces de gobernarse a sí mismos, ¿entonces quién entre nosotros tiene la capacidad de gobernar a otros?”.

Estas son las preguntas fundamentales que deben ser formuladas, una y otra vez. Y cada vez que las respondemos, tenemos que ser enfáticos al dejar claro que gobernar no significa dar órdenes. En tal sentido, es menester que los abusadores del poder sean advertidos de que sus desmanes siempre tendrán una fecha de expiración. Tal como hemos visto recién, cuando el pueblo de Panamá lo dictaminó y ordenó en las urnas.

Ahora al nuevo gobierno se le presenta una oportunidad única, porque ha recibido una administración tan vapuleada que hacerlo mejor es relativamente fácil. Si la hubiesen recibido extraordinariamente bien llevada, entonces el reto sí hubiese sido inmenso.

De hecho, con solo limpiar la casa lograrán más de lo imaginado.

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