El sistema de salud de Panamá

Exhorto a los próximos candidatos presidenciales a no desaprovechar otra oportunidad para colocar la salud de nuestro país en sitiales de vanguardia en el continente

Los métodos de financiación del sistema único deben obedecer a gestiones ingeniosas y transparentes que generen un funcionamiento ininterrumpido y fluido. El aporte monetario público debe extraerse de porciones de los impuestos generales, ganancias de la lotería, gravámenes de las ventas de licor y cigarrillos, entradas de la operación del Canal, etc.). El aporte semi-privado (patrono-empleado) dependerá del eficaz cobro de las cotizaciones laborales, las cuales aumentarían paralelamente con la reducción del desempleo y el mayor estímulo a la inversión privada. La administración del CSS debe solo preocuparse del manejo apropiado y audaz de sus fondos para garantizar el futuro del programa de Invalidez, Vejez y Muerte, dejando la planificación rectora de las políticas de salud y la cartera de servicios al MINSA. Para asegurar que el dinero global se utilice de forma óptima y eficiente, será vital fomentar la descentralización y desconcentración de las instituciones sanitarias. La desconcentración se logra mediante actividades autónomas de supervisión y autogestión que proporcionen credibilidad pública e independencia administrativa; un buen ejemplo de esto es la presencia de patronatos constituidos por representantes honrados y dinámicos de la sociedad civil del país (ya operativos en el Hospital del Niño, Hospital Santo Tomás, Instituto Oncológico y Hospital José Domingo de Obaldía). La descentralización implica regionalización o derivación del manejo de fondos a las regiones o provincias. Esta idea ha tenido éxito en países con una distribución homogénea de recursos entre sus regiones. En Panamá, sin embargo, hay una brecha amplia entre nuestras provincias y, quizás, solamente las provincias de Panamá y Chiriquí podrían enfrentar la descentralización sin temor al descalabro.

Hay un soberano desorden y una perniciosa duplicidad en los niveles de atención sanitaria en nuestro país. La actividad más barata, eficaz e impactante radica en el reforzamiento de la atención primaria (primer nivel) que facilite la promoción de la salud y la prevención de enfermedades, mediante la certera ejecución de políticas de vacunación, lactancia materna, anticoncepción, cuidados prenatales, buenos hábitos dietéticos, programas de control de hipertensión, diabetes, cáncer, sida, obesidad, etc. Tenemos muy poco nivel secundario, evidenciado por la ausencia de hospitales que atiendan patologías de menor dificultad, de corta duración, que sirvan para descongestionar los cuartos de urgencias y salas de internamiento de los hospitales terciarios. Teóricamente, deben haber pocas instituciones hospitalarias de tercer nivel, las cuales sirven para realizar diagnósticos y manejos de mayor complejidad. Por último, resulta cada vez más necesario contar con instalaciones de cuarto nivel que ofrezcan actividades muy sofisticadas (cirugía cardiovascular, transplantes, medicina perinatal de alto riesgo, etc.). Desafortunadamente, muchos de nuestros hospitales de tercer nivel atienden en sus instalaciones enfermedades banales, lo que conlleva a la dilapidación de recursos e infrautilización de equipo costoso y personal mejor entrenado.

Sueño con el día en que nuestras asociaciones médicas, en lugar de torpedear ideas que buscan la excelencia académica y fomentar huelgas, peleen por el establecimiento de un único sistema de salud. Es justo reconocer que el MINSA actual ha intentado reorganizar los niveles de atención y promovido la discusión para lograr la integración con la CSS; a mi juicio, a pesar de algunos desaciertos, esta ha sido una de las mejores administraciones sanitarias de las últimas décadas. Para tener éxito en el logro de una integración completa, será imprescindible deponer intereses políticos, eliminar caprichos personales e involucrar a mentalidades desarrolladas en las posiciones jerárquicas venideras. Hará falta determinación y coraje en esta titánica tarea. Exhorto a los próximos candidatos presidenciales a no desaprovechar otra oportunidad para colocar la salud de nuestro país en sitiales de vanguardia en el continente. Pido a los organizadores de los debates públicos que se avecinan, que incluyan el tema del sistema único de salud en sus cuestionamientos. Ojalá el próximo gabinete de Salud sea seleccionado basado en conocimientos, trayectoria, credibilidad y transparencia en su accionar, y no sacado de la lista de amiguitos del futuro presidente. Le dejo esta tarea al "Visionómetro 20-20".

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