TRANSFORMACIÓN

La nueva sociedad en Panamá: José Domingo Samudio C.

Recuerdo claramente los sueños de los niños de hace 50 años. Muchos querían ser bomberos, policías o maestros, entre otras profesiones. Estos sueños se marcaban como una meta a cumplir para cada uno, a tal punto que casi todos lo lograban, y no solo cumplían su sueño, sino que se convertían en un ejemplo a seguir en sus carreras profesionales con decencia, honestidad y valores. Ellos inspiraban respeto en la sociedad.

Yo soy hijo de una gran educadora y recuerdo que cuando era niño ella me decía a mí y a mis hermanos: “El valor más grande de una persona es su integridad, nunca la pierdan. Si ustedes se dejan manipular perderán su identidad, no los respetarán y los verán siempre como objetos”.

Igual nos enseñó que una persona debe ganarse las cosas que merece, que tiene que sacrificar mucho para capturar sus sueños, y que la mejor carta de presentación es la responsabilidad y la honestidad.

No solo mis hermanos y yo seguimos esas enseñanzas; nuestras generaciones y las anteriores teníamos ese perfil de ciudadanos. Hoy en día vemos una diferencia notoria entre la sociedad que describo y la actual. Solo se piensa en el juega vivo (como decimos los panameños), los jóvenes no siguen sus estudios y prefieren quedarse en casa durmiendo sin aprovechar las oportunidades que les da la vida. No tienen sueños de superación, quieren todo gratis, son prácticamente unos inútiles.

Veo esto cada día en los noticieros de la TV y me da mucho dolor pensar qué será de nuestro país en 25 años. Tendremos una sociedad parásita que solo sabe pedir y no buscar. Yo vaticino que todos los puestos importantes en las empresas privadas serán ocupados por los hijos de los extranjeros que ya radican aquí, y que nuestra juventud se quedará atrás, no será competencia para nadie, en ningún trabajo.

Esta sociedad no nació espontáneamente, se fue formando con las nuevas tácticas que utilizan los políticos para buscar los votos. Ellos son los culpables de que la clase humilde se haya convertido en lo que es ahora, un segmento bueno para nada. ¿Será que las personas que viven en las casas condenadas no pueden conseguir una vivienda en mejores condiciones? Prefieren vivir entre inmundicias antes que mover un dedo para sacar a sus familias de las condiciones infrahumanas que las rodean.

¿Qué creen que pasará con los hijos de estos panameños? Pues que crecerán viendo cómo sus padres no hacen nada, adquirirán esas malas costumbres y aumentará el número de los que que vivan de esta manera. La ley del menor esfuerzo es su bandera. Pero no todo es malo para ellos, pues utilizan celulares modernos, van a los casinos, juegan lotería y apuestan a los caballos; sin embargo, dicen que no tienen dinero para mejorar su calidad de vida. Solo piden, piden y piden, como si los gobiernos de turno tuvieran la responsabilidad de cargar con sus necesidades.

Yo le doy gracias a Dios porque fui educado por excelentes padres. Me enseñaron que no hay que tener dinero para ser digno, que los sueños eran las metas y, sobre todo, que siempre tuviera la cabeza en alto. Así poco a poco iría mejorando y formaría a mis hijos en la sociedad panameña.

A mis 50 años puedo decir que cumplí con mis padres, lo que me enseñaron lo acaté al 100%, y no solo eso, se lo transmití a mi hijo, quien ya terminó sus estudios universitarios y será un profesional más que luchará para que Panamá sea mejor. Le pido a Dios que ilumine a mis compatriotas que empiezan a formar familia, para que transmitan a sus hijos los valores que deben tener.

La transformación de la sociedad es el tema que debe preocuparle a los mandatarios. Es un gran dilema y debe tratarse como un problema de Estado. El porvenir de un país no solo es su economía y su infraestructura, la educación y la cultura de su población son tan importantes como los rubros anteriores. Pensemos en el futuro, pero no solo en los próximos cinco años como hacen los políticos.

Esta sociedad necesita un cambio real. Si queremos ver un país desarrollado fortalezcamos primero las bases, es decir su población.

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