DESNUTRICIÓN

Más allá de la solidaridad social: Omar Zambrano Vega

El año pasado en Panamá se escogió, atinadamente, la desnutrición infantil como tema central de la Teletón. Dicha iniciativa, sin duda, contribuyó a que se destinaran los más de cuatro millones de dólares recaudados a esta importante causa. Sin embargo, el logro más grande quizá sea que se sensibilizara a miles de panameños sobre un problema de tan delicada envergadura.

De acuerdo con cifras de reconocidos organismos internacionales, a finales de la década pasada un 20% de niños de menores de cinco años en Panamá presentaba desnutrición crónica, lo que nos colocaba entre los países con más alto índice en la región. Más preocupante aun es el hecho de que a nivel de las comarcas indígenas este porcentaje aumenta de forma dramática a un 56.7%.

La importancia de reducir la desnutrición (sobre todo entre los menores de cinco años) resulta crucial a objeto de aminorar los riesgos de muerte y los efectos irreversibles que inhiban las capacidades cognitivas del menor.

Por otra parte, si bien la iniciativa de la Teletón constituye una contribución importante a la causa, una efectiva y sostenible lucha contra la desnutrición exige la aplicación sostenida de un conjunto integral de políticas públicas. Resulta evidente, por ende, la necesidad de que estas políticas incluyan ampliar la asistencia social (salud y educación) enfocadas principalmente hacia las comunidades de menor ingreso y, sobre todo, reforzar la ayuda a las mujeres que conforman estos grupos.

En tal sentido, diversos organismos internacionales –incluyendo el Banco Mundial, entre otros– han puntualizado el alto impacto social y económico que conlleva invertir recursos en el género femenino en las regiones de mayor pobreza de nuestros países. Esto en vista de que a corto plazo la educación, por ejemplo, mejora los hábitos de salud y preparación de los alimentos que proveen las madres a los infantes. Igualmente, un mayor nivel de educación potenciaría, a mediano plazo, la opción de que estas mujeres generen ingresos a medida que se incorporan al mercado laboral ayudando a mejorar la calidad de vida de su familia. De hecho entre los grupos rurales y urbanos pobres, las madres constituyen efectivamente cabeza de familia y la principal fuente de sustento.

Otra política necesaria consiste en ampliar la atención de salud gratuita a las mujeres embarazadas para reforzar y mejorar la calidad del proceso de gestación y posgestación.

En ese sentido en Panamá se ha avanzado mucho en el marco, por ejemplo, de programas como la Red de Oportunidades. Precisamente, el Gobierno ejecuta el programa Senapan, que consiste en una transferencia condicionada de una libreta de bonos para la compra de alimentos a familias en condiciones de extrema pobreza.

Además de un asunto de la cantidad de ingesta de alimentos, la calidad y la composición de los elementos nutricionales que contienen son cruciales. De allí la importancia de dotar a las comunidades una mayor capacidad y conocimientos sobre el tema de cómo lograr ese balance alimentario.

Así mismo entre las soluciones de políticas están la de, además de ampliar la distribución de alimentos, reforzar los programas de fortificación con micronutrientes, sobre todo a nivel de los niños menores de tres años.

Por último, reducir el hambre constituye uno de los llamados objetivos del Desarrollo del Milenio y, de igual forma, reducir la mortalidad infantil, metas estas que como se ha mencionado están estrechamente vinculadas.

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