CORRUPTELA SOCIAL

La solución está en el consumo ¡ja!: John A. Bennett N.

Consumir no es malo per se, ya que el problema está en los excesos. Hace 200 años Thomas Malthus decía que las recesiones venían por la falta de consumo, en virtud de un exceso o acaparamiento. Según ello la salida de la crisis económica mundial estaría en no ahorrar y lanzarse al consumo. ¿Quiénes serán los que promueven semejante comportamiento? De salida, los encargados de muchas economías en descalabro. Después de Malthus vino Keynes con su Teoría General sobre la cual están basadas muchas de las plataformas económicas decadentes de hoy día, que refinaba lo señalado por Malthus.

¿Cómo llegamos a semejantes visiones? Debía ser obvio que para consumir es necesario producir; de manera que el elemento clave está en la producción y no en el consumo. Es cierto que sin consumo no hay producción, pero la esencia está en los factores que destruyen la base productiva; tales como el gasto y endeudamiento descontrolado que, a su vez, requiere una formidable maquinaria impositiva/redistributiva que gasta más en confiscar, partir y desviar que lo que redistribuye.

Pero la pregunta que poco o jamás se formula es: ¿Acaso esa redistribución impositiva es buena y efectiva? La pregunta toma particular severidad cuando vemos que los jamones solo les llega a los que votan por el jamonero. O que el 92% del recaudo fiscal no le llega a los más desamparados; y lo poco que les llega no les resuelve. El ahorro es el oxígeno de la actividad productora y todo lo que le afecta es contraproducente: cosas como los impuestos, corrupción pecuniaria, normativa e institucional que van destruyendo la base productiva. Si no hay quien invierta, no hay trabajos y sin trabajos no hay consumo. Todo aquello que afecta los precios de producción daña; lo cual nos retrotrae a los mismos elementos perniciosos señalados.

Las recesiones vienen cuando los costos de producción se elevan a causa de la manipulación económica central inflacionaria que eleva los precios más allá del alcance del bolsillo corriente; y es allí en donde se contrae el consumo. Esto nos debe llevar a la pregunta: ¿Cuándo y cómo miden nuestros endémicos politicastros el efecto de sus desmanes y excesos normativos e impositivos? Dudo que lo hagan o que les interese. ¿Cuál es el costo verdadero de los impuestos exagerados en los costos de producción? ¿Acaso los Gobiernos le dan mejor uso al dinero que quienes lo supieron producir? Entiendo que algunas acciones u obras gubernamentales son necesarias y productivas, pero los excesos son perversos.

¿Qué ocurre cuando un Gobierno facilita la creación de dinero fácil para impulsar por esta vía la producción y el consumo? Con ello se propicia la mala inversión, tal como se vio con la crisis inmobiliaria. Es fácil culpar a “los especuladores” mientras los manipuladores de la moneda, el gasto y endeudamiento pasan agachados. ¡Es inaudito! ver a líderes mundiales decir que “el endeudamiento no es problema”. No será cuando es racional.

En una economía robusta siempre estarán los muy productivos que por serlo tendrán sus réditos y aquellos que tienen poco o nada que ofrecer en el mercado. Lo medular en esto es que los excesos normativos y burocráticos dificultan el ahorro y la producción, aumentando así la cantidad de personas disfuncionales que por no estar en capacidad de ofrecer servicios o productos de calidad hinchan las filas de marginados.

Lo más tenebroso es ver a tantos politicastros profesionales que con sus programas socialistas de disparatados subsidios van creando e hinchando las tasas de arrimados al parte y reparte porque ello les asegura la papa. Pero son miopes, incapaces de verse en el espejo de los descalabros que se viven por todo el mundo. O peor, no les importa porque se creen capaces de flotar por encima de las excretas. Ya veremos que son los primeros en salir en estampida cuando las masas se rebelen y salgan a pedir rendición de cuentas.

Otro aspecto sombrío de esta nueva anticultura está en lo efectivo de sus propagandas de descrédito del ciudadano exitoso cuando usan epítetos tales como “empresario”, como si fuesen virus nosocomiales. ¿Cuál será el resultado de vivificar al empresario y crear divisionismo de clases? Es de pavor ver a presidentes de poderosas naciones que una vez fueron ejemplos de libertad, dedicarse a la promoción del enfrentamiento clasista; cosa que también hemos visto en nuestro patio una y otra vez. ¡Claro que la pobreza es mala!, pero la gran pregunta es... ¿de dónde viene?, y he allí el meollo del asunto. No viene por intermedio de la especulación y del acaparamiento, como tantos cacarean, sino como producto de la corruptela social que ha llegado a permear las estructuras de los Gobiernos.

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