PRÁCTICAS DEL PASADO

El juega sucio en las campañas: Bertilo Mejía Ortega

En Panamá no solo hay quienes juegan vivo, también hay los que juegan sucio. Con vergüenza observamos el hecho insólito de que plumas e ideas de extraños, orientadas al sucio trabajo de enlodar reputaciones, con y sin fundamento, han sido convidadas al suelo patrio para tan deleznable fin. Altos funcionarios de esta administración, sin sonrojo alguno, admiten que extranjeros han sido contratados por organismos políticos para descalificar a sus adversarios en las pasadas contiendas electorales.

Recordamos, con rechazo, la nauseabunda campaña electoral de 1968, en la que “periodistas”, con el aval oficial, ultrajaban con lenguaje soez e hiriente a los candidatos de la oposición. Fue una contienda tan denigrante y sucia, que los golpistas del mismo año lanzaron la promesa de “elecciones limpias, claras y honestas en un término de seis meses” para tratar de maquillar la asonada, pese a que la Guardia Nacional jugó el cínico papel de represora de opositores, con inclinación descarada hacia el candidato del oficialismo. Durante la dictadura militar sobró el veneno, la infamia, la calumnia y la injuria contra todo disidente, y cuando hubo procesos electorales el aguijón de las plumas proclives al poder mal habido les caían con saña, inclusive, a candidatos a representación de corregimiento que no tuvieran el visto bueno de los cuarteles. La población rechazaba el papel aberrante y desorientador de la pluma, pero nada podía hacer ante un régimen que controlaba todos los medios de comunicación. El último dictador trajo a la TV a un individuo de apellido Martínez, apodado “la china”, por hacer sido favorecido con un número de cédula que había pertenecido a una asiática. Este fue el azote implacable de los disidentes desde un canal de TV.

El régimen de fuerza de la tiranía terminó en 1989, tras irrespetar y burlar los resultados de un proceso electoral. Volvió la democracia al país, con un Presidente honesto, civilista y de profundas convicciones democráticas. Respetuoso de la libertad, así como de la honra y bienes de la nación y de los asociados, nacionales y extranjeros.

La primera campaña electoral en democracia (1994) fue una jornada de civismo. Los candidatos a la Presidencia nunca se insultaron, porque el Tribunal Electoral respondía al momento de reconstrucción moral de la República. En aquel torneo ganó el candidato opositor y, el Presidente saliente, Guillermo Endara, concurrió a su toma de posesión en la Asamblea Nacional. Así culminaba su período un estadista. Pero las cosas han cambiado, y se pretende, aparentemente, volver al oleaje sucio que se ensayó en la pasada campaña. Nos toca a los panameños impedir que esto se repita; que nos vuelvan a zambullir en la ignominia y del desprestigio inmerecido. Panamá se merece una clase política seria, honesta, decente y responsable, que se sumerja en los valores de la patria digna y de la democracia en toda su extensión. Alto a los que quieren llevarnos a capítulos indeseables de un pasado que han debido ser superados.

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