COMPORTAMIENTO

Cuando la maldad supera a la capacidad de raciocinio: Javier Comellys

En este artículo me referiré a las diferentes vertientes de relevantes acontecimientos y teorías éticas que han contribuido al estudio del conocimiento humano, en el ámbito de la filosofía, teología, antropología y psicología; a las complejas relaciones entre las diferentes teorías sobre la ética humanista y a la maldad innata del hombre; así como las controversias sobre la dicotomía existencial e histórica de cómo interpretar el mito bíblico del pecado original. Entendiéndose, por ello, la aceptación o el rechazo de los criterios morales de la acción política, filosófica teológica y psicológica.

San Agustín, filósofo y teólogo, decía que “la naturaleza del hombre se corrompió por el pecado de Adán”, que cada generación nace con el anatema causado por el primer acto de desobediencia y que ni los evangelios ni la iglesia (hoy cuestionada y desacreditada) podrán salvar al hombre del pecado, si no es la voluntad de Dios. Al mismo tiempo, interpretó el mito bíblico de Caín y Abel como la representación y personificación viviente de la maldad en el mundo.

Aristóteles decía que el hombre era un animal político por naturaleza y que su capacidad de raciocinio y su razón era lo más preciado que tenía. Hoy se sabe que no siempre la capacidad de raciocinio y de adaptación es lo que distingue al hombre del animal. Al hablar de raciocinio, primero debemos definir que se trata de la operación mental que nos permite diferenciar entre el bien y el mal; pasar de un juicio a otro en una forma concatenada. Al hecho de exteriorizar esta cadena de juicios es lo que llamamos razonamiento.

Cuando se interrumpe el proceso mental o sea la concatenación del juicio por múltiples motivos, eso nos impide distinguir y conocer lo bueno y actuar sobre la base de nuestras potencialidades naturales y de la razón, y se manifiesta la maldad en toda sus formas e intensidad, distorsionando la personalidad y, con ello, la realidad. Entonces los instintos innatos y malvados que llevamos por dentro (programados genéticamente, según Konrad Lorenz, etólogo, (1903-1989) nos hacer actuar como bestias, obnubilando nuestra conciencia, raciocinio y razonamiento. Esto se refleja en traición corrupción, odio, genocidios, magnicidios, femicidios, etc. Todos estos instintos malvados son los que han oscurecido la mente del hombre desde el principio del mundo.

El juicio tiene distintas connotaciones. En lo que respecta a este escrito nos referimos a la capacidad racional humana que posibilita elegir y valorar entre lo verdadero y lo falso, también se refiere al estado de la razón sana que se opone a la distorsión del pensamiento. Por ejemplo, “Martín es un hombre fuera de juicio, porque toma decisiones a las ligeras”. “Martín es un hombre de bien, porque actúa en sano juicio”.

Erich Fromm, psicoanalista de nuestros tiempos decía “que el hombre difiere del animal, porque es el único primate que mata a miembros de su propia especie, solo por el simple placer y satisfacción de hacerlo; es el único animal para quien su propia existencia constituye un gran problema que debe resolver y del que no puede evadirse. No debe retornar al estado primitivo, debe proceder al desarrollo de su razón hasta llegar a ser amo de su ser y de la naturaleza”.

La historia está llena de ejemplos; Marco Junio Bruto, político y militar romano, considerado como el hijo y el hombre de confianza y fiel colaborador de Julio César, en tiempos del imperialismo romano, fue junto a Décimo Junio Bruto, su pariente, y a Cayo Casio Longino, los que planearon, ejecutaron y asesinaron a Julio César, en los pasillos del senado. Bruto, fiel colaborador del César, con una mente parecida a la de Mefistófeles, fría e irracional, traicionó a quien le perdonó la vida; lo asesinó en un acto que contrasta con el raciocinio y el razonamiento humano.

Este personaje dejó suelta a la bestia que llevamos por dentro y, como todo traidor, convertido en una especie de dinosaurio, fue sacado del pantano, le dieron de comer, pero muerde la mano a su amo. Igual ocurre con los políticos de nuestros tiempos, carecen de valores morales, principios e identidad; traicionan a su mejor amigo y copartidario; aspiran al poder para enriquecerse; no pueden servir a la comunidad, porque son parásitos sociales; lo único que les importa es la ambición de poder y su bienestar personal. La mitomanía, las falsas promesas y la demagogia son su credo. Sus actividades contrastan con la ética y los valores morales.

Un hecho histórico que conmovió al mundo y en el que la maldad superó todo raciocinio fue la ejecución de Jesucristo; sometido a la brutal carnicería de sus verdugos, que veían en él un peligro para la élite judía (escribas, sacerdotes y fariseos) y para el poder romano. Por caminar sobre el filo de la espada, lo ajusticiaron mediante una condena que solo se le aplicaba a los subversivos: la cruz, el más bárbaro y terrible castigo. Fue flagelado hasta el tormento, sin misericordia.

Esa es una de las razones por la que algunos historiadores consideran que este hecho, que se inocula durante siglos como un karma maligno, fue lo que condujo al Holocausto.

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