MECANISMO DEL PODER

El titiritero: Domingo M. González

Los títeres o marionetas se remontan a la antigua Grecia. Se trata de un verdadero arte que requiere de mucha práctica para el dominio perfecto del muñeco. En la Grecia clásica el “titiritero” está oculto, dejando solo al muñeco a la vista del público, creando de esa forma la ilusión, de que el títere tiene vida propia. En el lenguaje coloquial, el termino títere o marioneta, también permite hacer referencia a una o más personas, que de la misma forma que el muñeco, se dejan manipular por otra.

No hay duda de que la reciprocidad de sentimientos es entre iguales. En el Panamá de hoy, ni la marioneta ni el titiritero logran ocultarse. Tanto el que mueve, como el que se deja mover pertenecen al mismo grupo. En la Plaza 5 de Mayo y el Palacio Legislativo, el pasado 1 de julio, se montó un espectáculo, en el que el reparto de “la cosa”, como hábilmente llamó la periodista, a los dólares que muchos vimos en los medios, fue la distracción de quienes aplaudían a los comediantes que desfilaron por la pasarela, similar a la de un titiritero, y que sirvió para nutrir los coloquios populares.

Minutos antes, en un análogo acto dado en la Asamblea Nacional, algunos “honorables”, pensando con cabeza ajena y amordazando su dignidad, habían resuelto sublimar la mediocridad, en gratitud con el mangoneador del hemiciclo.

A diferencia del titiritero clásico, el “titiritero político” maneja sus monigotes para decir y hacer de las mentiras, hipócritas verdades, siempre que esto le reporte un beneficio inmediato. Políticamente, hemos tenido titiriteros, entorchados y encopetados, quienes han disfrutado los poderes públicos, con algunos complacientes ministros, comisionados, diputados, procuradores, magistrados, alcaldes, representantes, rectores, abogados, deportistas, comentaristas, dirigentes, etc., quienes estimulados por espejismos y beneficios tangibles, siempre están dispuestos a someterse a los hilos del irrespeto y del poder. Igual ocurre con muchos electores, cuya indiferencia y oportunismo los lleva a caer en estos hilos.

Quien es desleal con la verdad, no tiene por qué ser leal con la mentira. Incurrir en empréstitos para obras de infraestructura y que estas fueran rentables era una práctica de gobiernos anteriores. Hoy se incurre en endeudamiento en base al relativo crecimiento económico existente.

Lo cierto es que en el pasado período electoral, el actual ministro de Economía, sin excusar al anterior, hizo público que el gobernante de turno abogaba por la construcción de un Metro, que costaría mil millones de dólares, que sería financiado principalmente, con ingresos corrientes del presupuesto de la Nación, sin descartar la posibilidad de “endeudar” al país o usar dinero del FFD. “Si hay que llegar a recurrir a endeudamiento, para poder hacer todas estas obras que se necesitan, se tendrá que hacer, siempre respetando la ley de responsabilidad fiscal que existe, no pasando el tope del 1%”.

“Promesa cumplida señor presidente”. Lo ofensivo, es que no pudiendo dramatizar por mucho tiempo pasiones politiqueras, se “excedieron” y casi triplicaron el tope de 1% de responsabilidad fiscal, evidenciando la very happy mentira prometida. Lo novedoso es que muchos electores que votaron creyendo en el cambio, luego se desengañaron y liberándose de los hilos del titiritero, poco a poco, empiezan a ser ciudadanos arrepentidos que intentan actuar libremente.

La mal llamada “beca universal”, en abierta violación al capítulo V del Título III, de la huérfana Ley 47 Orgánica de educación; los 100 a los 70, con la chequera estatal, para cubrir jubilaciones negadas a los trabajadores por los mercaderes, con los períodos de prueba que impiden su estabilidad laboral; el aumento del 40% al Itbms; “pasaje pagado por adelantado”, al monopolio empresarial de servicio de transporte publico; el “intramuros”, mal llamado cinta costera, para integrar moradas de pudientes; la moneda de balboa que solo sirve para trapichear; el impuesto de inmueble en los PH; el incremento de la energía eléctrica y su traslado al consumidor; el impuesto para el soterramiento de cables, propiedad de las empresas transnacionales explotadoras; el aumento del costo de la alimentación, y los pésimos servicios de salud y educación son algunos hechos improvisados, que sumados a los escándalos que usted ya conoce, y los que están por conocerse, hace parecer en los coloquios populares, que se trata de un escenario “titiritero”, con muchos very happy títeres.

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