APRENDER DEL PASADO

La libertad, tradición panameña: Alfonso Grimaldo Poschl

Nuevamente llega el mes de noviembre, y con él, las festividades patrias. Sería una oportunidad interesante para meditar sobre los inicios de nuestra República y el futuro que queremos para ella.

Tristemente, la ideología liberal y las bases republicanas sobre la cuales se fundó el país se han debilitado a través de nuestra historia. Debemos pensar un poco sobre esto. Ya muy poco queda en nuestro vivir político de las ideas defendidas por liberales panameños insignes como Mariano Arosemena, Justo Arosemena y la mayoría de los presidentes y próceres de comienzos de esta segunda República.

No obstante su nomenclatura, podemos asegurar que ningún partido político hoy en día en nuestro país es liberal, en el sentido histórico en que Arosemena y Santander eran liberales. La mayoría, sino todos, de nuestros partidos políticos existen con el propósito de adelantar los fines políticos de sus abanderados y rara vez hacen proclamas de ideología política, económica o social. Al igual, la mayoría, sino todos, de los partidos políticos de Panamá se sustentan en un tipo de populismo práctico y los portavoces de muchos de estos partidos discuten sobre un tal pragmatismo político, como si fuera posible desarrollar un fin político sin que el mismo haya nacido bajo la bandera de alguna ideología política.

Desde la pérdida de la inocencia bajo Belisario Porras hasta las flagrantes violaciones a la libertad que se vivieron posteriormente, el liberalismo quedaba sujeto a una muerte triste y dolorosa. Una de las estocadas más fuertes contra el pensamiento liberal en Panamá fue el artículo 277 de la Constitución de 1972, que sin sus reformas actuales, daba a Omar Torrijos poderes extensos para dirigir a la nación por un periodo de seis años, entre ellos, nombrar al Ejecutivo.

Aquí nos encontramos hoy en día, un país ideológicamente a la deriva. No pretendo ni me juzgo tan omnisciente para tener la respuesta de cómo rescatarlo, pero sí creo que podemos aprender de nuestro pasado remoto las lecciones de un gran movimiento que, aunque débil, todavía habita en ciertas esquinas de la República. Se hace necesaria la restauración de un liberalismo panameño fundamentado en la ideología pura del liberalismo y no en el pensamiento de líderes políticos que buscarían identificarse como liberales. Las leyes electorales (completamente antiliberales) hacen difícil la conformación de tal partido en la forma en que están escritas ahora, pero ciertamente mediante la educación y diseminación de estas ideas se puede ir conformado, poco a poco, un nuevo partido que pueda actuar en la política nacional para la promoción de las ideas liberales.

Cabe indicar que el liberalismo es una filosofía política muy adecuada para un país como Panamá, de población mixta, dedicado principalmente al comercio, los servicios y el tránsito y con una historia liberal indudable.

El liberalismo, para quien no se siente satisfecho con que no lo haya definido, es sencillamente una ideología a favor del individuo social que establece, en su forma generalmente más aceptada, que todo individuo debe poder hacer cuanto quiera, siempre y cuando sus acciones no afecten el derecho de otros individuos de hacer cuanto ellos quieran. Se expresa usualmente como la promoción de derechos individuales, la protección a la propiedad privada, libre comercio, localismo político o federalismo, un gobierno pequeño y limitado a seguridad pública y construcción de infraestructuras como carreteras y puentes y una actitud de dejar hacer al individuo. El liberalismo es amigo del intercambio mutuamente beneficioso y de la paz entre naciones.

La razón principal por la cual creo que la ideología liberal resulta ser la más apta para el desarrollo de nuestro país se basa principalmente en el hecho de que pareciera ser que en el gran experimento social que llamamos la historia humana, los grupos sociales que han coexistido bajo sistemas cuyas normas han sido fundamentadas en políticas liberales son aquellos que han experimentado la mayor mejoría en su estatus de vida y sociedad, que pareciera ser la búsqueda general de ser humano. Después de todo, continúo citando a Justo Arosemena, “el gobierno es un mal necesario que debe reducirse a sus menores proporciones” (Méndez Pereira 1970).

No se ve en la plaza un partido político que abogue por el localismo, por la libertad comercial unilateral, por la verdadera libertad de expresión y por el principio, como alguna vez estableció alguna Constitución nuestra, de que cada individuo sea libre para hacer cuanto quiera sin que afecte la libertad de otro. Esta es una realidad que merece ser cambiada urgentemente.

Este mes de noviembre, se celebra también el día internacional de la libertad, conmemorando la caída del muro de Berlín un 9 de noviembre de 1989, indicando que, cuando hay voluntad, es posible el cambio social. Lo que debe quedar claro es que el mazo y el martillo que usemos para tumbar la pared entre nosotros y nuestro futuro, a diferencia de aquellos utilizados por los gobernantes para imponer su voluntad, reposan es en nuestras manos.

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