ESCASEZ DE AGUA

La tragedia de Azuero: Augusto Arosemena Pinilla

Desde que se inicia el verano y se comienzan a sentir los rigores de la sequía, se escuchan las quejas y lamentos de los agricultores y ganaderos de Azuero. Sus reses languidecen, mueren de hambre y sed, y los cultivos no prosperan por falta de agua. Es un problema de vieja data, pero que cada día se agrava más.

No solo son los cultivos y las reses las que sufren, también escasea el agua para uso doméstico en los pueblos. Los acueductos que antes se servían de pozos profundos han tenido que recurrir a los ríos y quebradas, pero estos se están secando.

El mal manejo de las cuencas hidrográficas y el aumento del uso de sus recursos merma de forma considerable sus caudales. El Gobierno trató de solucionar el problema con el uso de pozos perforados y gastó grandes sumas de dinero en equipos costosos, lo que fue un fracaso, porque el agua del subsuelo se agotó.

Todos los pueblos del área desarrollaron sus acueductos con pozos artesianos (como se les llamaba), pero hoy día están pegados a los ríos. Cuando se construyó la Escuela Normal de Santiago, se perforó más de una docena de pozos que abastecían al acueducto de la ciudad, hoy proviene del río Santa María. Así pasa en Parita, Chitré, Los Santos, Guararé, Las Tablas y otros poblados que tuvieron que abandonar los pozos y alimentar los acueductos con el agua de los ríos.

El río La Villa es el más castigado. Durante el verano es tal la demanda, que hubo que represarlo con sacos de arena para suplir los requerimientos de varios acueductos. Yo pienso que este sistema de represas es la única solución que queda, pero debe hacerse de forma permanente. Es decir, construir represas en todos los ríos y quebradas grandes, ubicándolas en los puntos óptimos, para que se embalse la mayor cantidad de agua. En algunas podrán establecerse sistemas de riego por gravedad, del que estamos muy escasos. La región está bañada por varios ríos. El Santa María, Cañazas, Escotá, Parita, La Villa, Guararé, Estivaná y otros, durante el invierno registran grandes crecidas e inundaciones, pero en verano muchos se secan. Hay que represarlos y aplicar las enseñanzas de la hormiga, guardar cuando hay, para tener cuando no hay.

Es lastimoso perder un capital humano tan valioso como el agricultor rural. Hombre que ama la tierra, le gusta el campo, sus costumbres, la saloma y la mejorana, pero sale del área buscando agua, pues donde no hay agua no hay vida. El campo se está quedando solo.

Presidente, Juan Carlos Varela, usted es oriundo de esta zona y conoce bien el problema. Usted lo ha vivido, su empresa lo ha sufrido, ponga todo el empeño y los recursos del Estado para solucionarlo. Tiene cinco años para hacerse inolvidable en Azuero.

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