DEFICIENCIAS

¿Es la universidad la conciencia crítica de la nación?: Domingo Espinosa G.

La universidad es una de las cinco corporaciones que más influencia tienen en la sociedad, las otras cuatro son: la Iglesia, el Gobierno, la empresa privada y la prensa; por lo tanto, lo que ocurre en esta institución tiene transcendencia en la vida pública del país.

Es en la universidad donde se supone laboran los mejores profesores e investigadores de la nación, quienes con su sapiencia deben formar a los profesionales y generar la tecnología que la nación necesita para su desarrollo. Pero cuando damos una mirada a lo interno de estas instituciones, las estadísticas reflejan que existen deficiencias marcadas que entorpecen su misión.

Lamentablemente, sus magros presupuestos se consumen en pagar las planillas, quedando pocos recursos para la investigación y la extensión, sin considerar que en ocasiones el Gobierno hace recortes al presupuesto ya aprobado, agravando aún más la situación. Hay que considerar, además, que existe una gran masa de profesores parciales y eventuales que son mal pagados.

Se dice que el siglo XXI es del conocimiento y la tecnología, y que las universidades están llamadas a cumplir un rol preponderante; sin embargo, estas actualmente ofrecen muchas carreras que no son pertinentes para el desarrollo del país. Funcionan con esquemas arcaicos, ofrecen posgrados que no tienen la profundidad académica que se requiere y que la ciencia exige; la investigación está ausente, al punto de que la tesis de grado ha sido suplantada por seminarios costosos. Es decir, tenemos una universidad onerosa con poca productividad.

Además, observamos que la universidad está divorciada del acontecer nacional, desaparecida del debate de la vida pública, con honrosas excepciones. Una institución que está llamada a ser la guía de la nación panameña, por alguna razón se está quedando rezagada. En comparación con aquella universidad combativa y productiva de otros tiempos, su voz se ha ido extinguiendo.

Y qué decir del sistema de escogencia de las autoridades universitarias; las leyes que han creado estas instituciones de enseñanza e investigación pública han sido aprobadas bajo un sistema que no permite la excelencia académica, sino todo lo contrario; en el que se hace gala de la parafernalia y más bien parece un Carnaval, porque cualquier pelafustán puede ser elegido rector, utilizando triquiñuelas y sin tener mérito alguno. El debate de altura, de cara a los universitarios y a la sociedad, debería ser un requisito para que los candidatos presenten sus propuestas, para evaluar su trayectoria, capacidad y su visión de la universidad.

Debe entenderse que la educación en todos sus niveles debe despolitizarse; no constituirse en botín de los corruptos partidos políticos, que magro favor le hacen al país. Además, el Gobierno debe impulsar una educación laica que forme a los ciudadanos y profesionales que le servirán a la nación (no debemos olvidar que se están formando personas).

Los diputados, cuyo norte debe ser mejorar la educación nacional, tienen que hacer propuestas coherentes y consensuadas. Quizás lo mejor sea crear un Ministerio de Educación superior que articule a las universidades con la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, con el Instituto de Investigación Agropecuaria de Panamá y otros organismos de investigación; desde donde se coordine todo el sistema de investigación y enseñanza a fin de generar la tecnología apropiada para el desarrollo del país. Este pedido no es una utopía, es una necesidad que ya se realiza en otros países más avanzados que el nuestro en materia de educación.

La universidad debe reencontrarse con su misión de ser orientadora y faro de luz de la sociedad, para que derrame sabiduría y conocimiento, de lo contrario, su papel se verá mediatizado y su credibilidad quedará en entredicho, máxime en estos tiempos de acreditación y transparencia que la comunidad demanda. Si no se empinan sobre los intereses personales y mezquinos, muchas carreras e inclusive universidades desaparecerán. No puede haber una verdadera educación sin principios éticos.

¿Es la universidad la conciencia crítica de la nación? Juzgue usted, apreciado lector.

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