CRÍTICA

¿Qué universidad queremos?: Ricaurter Paz

Queremos una universidad que no siga varada en el siglo XX, con programas obsoletos que no responden a las necesidades actuales, a la situación tecnológica en la que vivimos ni a los retos que nos depara el futuro. ¿Creen ustedes que la Universidad de Panamá llena las expectativas de modernización y competitividad a lo interno y externo del país?

Mi respuesta, lastimosamente, es un “no” rotundo. La politiquería, el acoso psicológico laboral y el abuso de los derechos humanos no la dejan desarrollarse ni avanzar. Está estancada y secuestrada por un grupo de gente que no piensa en el futuro tecnológico ni científico de los estudiantes, sino en sus intereses mercantilistas.

Para que avance y sea competitiva, tenemos que seleccionar a los mejores pedagogos (profesores e investigadores que deben haber acumulado una serie de requisitos que les permita aspirar a dicho puesto, el más alto en el escalafón). Que hayan pasado por su debido proceso, y no sean escogidos por amiguismos.

Exigimos una enseñanza renovada, moderna, con docentes idóneos, que no sean improvisados (mediocres). Los pedagogos deben estar comprometidos con la educación permanente, manejar las herramientas que faciliten el diseño de las actividades de aprendizaje de forma innovadora y eficiente; que motiven a los estudiantes para que ellos se encarguen de su aprendizaje y adquieran las competencias que necesitan para ser útiles en un medio globalizado como el que tenemos hoy día. Hay que erradicar todos esos métodos ambiguos y anquilosados que practican todavía algunos docentes.

La universidad todavía mantiene dinámicas de poder, no democráticas, que provocan graves injusticias en algunos casos, y pasividad y desinterés, en muchos otros. El abuso de los derechos humanos, el acoso psicológico laboral, la restricción del derecho a disentir, la opresión, los privilegios o cualquier otra forma de abuso de poder, no son admisibles en ninguna universidad. Al contrario, debe esta ser justa, laica, transparente, participativa en los problemas nacionales e internacionales, y promover el máximo conocimiento de los criterios.

El catedrático universitario no se hace en un día, y no puede ser cualquier improvisado que se presentó, y dijo: ¡Aquí estoy, nómbrame! ¡Eso no es así! Para llegar al más alto escalafón docente, se requiere de horas de dedicación, años de ejercer la profesión, haber superado un largo proceso de experiencia investigadora probada y pasar la prueba como asistente en las aulas de clases. Esto no ocurre en la Universidad de Panamá, pues muchas veces el amiguismo prima en los nombramientos sin que llenen los requisitos para ocupar el cargo. Pasar por encima de los docentes que tienen años de esperar su nombramiento es faltar a la ética. ¡Qué lástima que la universidad del pueblo pase por estas arbitrariedades!

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