HORA DE RECTIFICAR

El valor que debemos darle a la vida : Ángel Molina

Como ocurre en muchas latitudes del mundo, nuestro país está peligrosamente afectado por la propensión de algunos habitantes de estimar a un nivel muy bajo la vida. Preocupa que, en distintas circunstancias en las que seres humanos son víctimas de la apropiación forzada de sus pertenencias, de violación sexual o de violencia con origen de distinta índole, sea notoria la tendencia del agresor a actuar con saña y sin límites hasta acabar con la vida de sus semejantes.

Impresiona notar que agresores y delincuentes de toda calaña se sienten dueños de la situación y libres para actuar cuándo y cómo lo deseen. No les invade el respeto ni el temor con relación a nada ni a nadie. Vivimos la cosecha de lo que sembramos en nuestras sociedades. Por un lado hemos hecho casi “trizas” a la familia, insustituible “taller de valores”. Seguimos rematando sus escombros con el constante bombardeo de antivalores, malos ejemplos insertos en el hogar.

Con la excusa de estar acorde con el modernismo y la moda, algunos medios de comunicación (principalmente la televisión y el cine), así como las redes sociales, utilizan un alto porcentaje de su tiempo en hacer apología del crimen y de la delincuencia en sus distintas variantes.

Sin pretender generalizar, lamentamos revelar que fuimos, en colectivo, destinatarios de un secreto divulgado a través de altavoces de insuperable potencia, relacionado con los impactantes relatos (de quienes tienen por qué saberlo) de cómo se comercializan las armas y proyectiles en el mal llamado “mercado negro” por parte de quienes menos lo esperaríamos. Lo hacen sin escrúpulos e indiscriminadamente, sin pensar en las vidas de aquellos a quienes llaman “mi prójimo”. Ignorando un posible efecto de búmeran.

Las drogas “legales” e ilegales son fuentes de calamidades y fatalidades. Ambas juegan un papel determinante en las crisis económico-financieras (incluida la quiebra), la desintegración de hogares y el deterioro de la salud hasta acelerar la muerte. Las proscritas generan el surgimiento de grandes organizaciones para el tráfico clandestino a distintos niveles; de núcleos de “tumbadores” que dieron lugar a una ola infinita de asesinatos. Además de la aparición de mini ejércitos civiles al servicio de algunos gerentes del narcotráfico.

Es increíble y lamentable que las autoridades que tienen la obligación de combatir el crimen vinculado a las drogas, anuncien sin el mínimo sonrojo que este nos ha penetrado. Hace mucho tiempo, la situación general que refleja el país en lo que se refiere a la seguridad hizo sonar la alarma que debió motivarnos no a declarar, sino a poner en vigencia una tregua, para que nada nos impida ponernos de acuerdo acerca de tan sensitivo problema. Es el momento de abocarnos a buscar soluciones, incluso con la hidalguía y la grandeza de valernos de alternativas sanas y efectivas, aun cuando sus proponentes y sustentadores estén calificados o etiquetados, caprichosa o erróneamente, como adversarios.

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