EDUCACIÓN

El valor de la enseñanza: Alcides Cossio

Panamá es un país hermoso, dinámico y folclórico. Es un país en el que la comicidad es imperante. Aquí, por ejemplo, nos hemos acostumbrado a escuchar analistas políticos que nunca han tenido la capacidad de ganar una elección popular, críticos literarios que nunca han escrito, comentaristas expertos en fútbol que nunca jugaron en liga alguna.

En las últimas semanas, ante la situación que atraviesa la educación en Panamá, han salido todo tipo de expertos que analizan, especulan y juzgan, con sentencias proverbiales, el sistema educativo.

Érase de esperar que muchos, atragantándose su verborrea, terminan siendo víctimas de su propia estulticia. Apuran el pico y la pala y echan tierra a la labor del docente y, a su paso, le achacan todos los males que aquejan a la educación panameña.

Los docentes encontramos grandes dificultades en nuestro entorno laboral y, muchas veces, la indiferencia de la sociedad en general. El educador es una persona que lleva en su sangre el valor de la enseñanza. Vive toda su vida al servicio de la educación y del desarrollo cultural del país. No acumula riquezas y al jubilarse vive de la pensión que le corresponde.

El Estado le delega la responsabilidad de educar a los hombres y las mujeres del futuro. El docente se convierte en un amigo, un inspirador que convive cada día con decenas y hasta cientos de niños y jóvenes.

El oficio no es nuevo. Grandes maestros han pasado por la humanidad y han dejado su legado al servicio de la educación, como mentes que deifican el acervo cultural e integridad de los pueblos.

Sócrates enseñó con su famoso método de la mayéutica, siglos después Jesús, con la técnica de las parábolas, revolucionó la enseñanza de la humanidad. Luego, el gran pedagogo Juan Enrique Pestalozzi, precursor de la escuela activa, en su obra Leonardo y Gertrudis, nos afirma que la cuna de toda enseñanza es la educación familiar.

Ahora bien, ¿dónde está el apoyo de los padres de familia? Ellos esperan de los educadores acciones milagrosas en la enseñanza de sus hijos, pero nada hacen para exigir al gobierno que acondicione las deplorables estructuras físicas de los colegios y atienda la falta de recursos didácticos. ¿Dónde está el apoyo de los medios de comunicación? A estos les interesa más cuando un confeso y condenado asesino duerme en el piso de una cárcel, que cuando un educador duerme en el suelo, en medio de la humedad de la selva, expuesto a todo tipo de alimañas.

Esta actitud, indiferente e hipócrita, de los medios de comunicación desencadena en una hipnosis colectiva, que atrofia a la sociedad y esta termina devorándose en las clases más bajas, exaltando el poder de las clases dominantes. Pocos se sienten orgullosos de estrechar la mano de un educador que enseña a su hijo, no obstante, se emocionan cuando un político de espantosa reputación se acerca para lanzarles una sarta de mentiras.

Y qué decimos de los que asesoran en materia de educación, quienes no parecen comprender que la situación ha cambiado; que la docilidad del estudiante ha explotado en los últimos tiempos. La adolescencia implica transformaciones psicosomáticas, capacidad de maduración, de relaciones emotivas; en esta fase se forman nuevos instrumentos de adaptación y de experiencia para que el individuo pueda hacer frente a las crecientes exigencias del ambiente sociocultural. El conocer científico por parte de padres y maestros de esta fase de la evolución del individuo es de una indudable exigencia.

La tarea no es fácil, debido a la inestabilidad socioeconómica, la multiplicidad de personalidades y los flagelos sociales. Aun así, el docente está allí, educando a toda la población de discentes, reflexivos de que la familia y la escuela son los dos agentes de socialización más importantes en la formación de la identidad de los estudiantes.

El docente –no las dirigencias magisteriales– nunca ha temido a los retos que se le han presentado: Las veces que se ha manifestado socialmente ha sido por justas reclamaciones. Acepto que haya excepciones, como las hay en los médicos, abogados, ingenieros, policías y hasta en las esferas eclesiásticas, pero la gran mayoría realiza su trabajo con pedagogía y vocación. Por esto y por muchas otras razones, el educador se siente complacido de su papel en la sociedad, satisfecho de cargar bajo sus hombros la responsabilidad de educar a los hijos de esta querida nación. A usted, amigo lector, solo le recuerdo que si es médico, abogado, ejecutivo o exitoso empresario y ha podido leer este artículo, no olvide que la razón medular es porque un maestro le enseñó.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

carretera entre Santa Fe y Calovébora ‘La conquista del Atlántico’

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

10 Dic 2017

Primer premio

1 7 9 9

CAAB

Serie: 10 Folio: 14

2o premio

6088

3er premio

4097

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código