En directo: Café con La Prensa: El desafío comercial de Colón Ver más

VIVIR ENDEUDADOS

Ya vienen los carnavales: Pedro Luis Prados S.

Los primeros días de enero causan una extraña laxitud luego de dos meses de jolgorios que ponen a prueba las neuronas, resistencia y el bolsillo de los panameños. El cierre del año, matizado por una intensa vocación patriótica, volcó a jóvenes uniformados y pretenciosos adultos a tiendas y almacenes a proveerse de lo necesario a fin de que esas efemérides de nunca acabar se celebren para la gloria nacional.

No importa que el debate bizantino no acuerde si las herramientas del escudo deben ser el pico y la pala o la hoz y el martillo, lo que importa es que el 3, 4, 5, 8, 10, 28 o cualquier otro día en el que alguien haya escuchado un grito o gemido –que dé motivos para dianas, desfiles, ferias y bailes–, sea declarado como día feriado, nacional o festivo y tener razones suficientes para lanzarse con frenesí a los malls, supermercados, discotecas y playas para celebrar como es debido el amor a la patria.

Sin haberse difuminado aún el humo del festín patriotero y con el ruido de los tambores en los oídos, entramos de golpe al culto religioso, sin respiro de quincena, en honor al Día de las Madres. Irrenunciable compromiso que involucra a toda la sociedad en una mistificación biológica y religiosa. Así, aquello que no se tuvo la oportunidad de gastar en honor a la patria, se gasta por el amor a la madre. Ahorros, nuevos préstamos y empeños, golpes a las tarjetas de crédito, todo es válido para acordarse de la madrecita a la que no se tuvo tiempo de visitar en todo el año, pero que “ahora sí, mamacita, voy a estar pendiente y ahora te traigo este regalito para que te lo pongas y luzcas bonita, pero me voy porque la otra mamacita me está esperando”.

No todo está perdido; el cierre del año tiene salvación. Décimo tercer mes, cuentas de ahorros de Navidad, bonificaciones de fin de año, suspensión de descuentos e intereses, comisiones de las cooperativas, ampliaciones de las tarjetas de crédito. Todo está disponible para la celebración de la Navidad. El frenesí publicitario tensa las neuronas y los sentidos se preparan para las compras. Con listas en mano, los panameños salen a las calles, centros comerciales y aceras a paliar la sed de consumo. Como arrieras que chocan entre sí en el trasiego de hojas, hombres, mujeres y niños se entrecruzan, cargados, en los corredores comerciales, presurosos de volver por el resto antes de que se acabe. Un mundo interminable de innovaciones y chabacanería se descorre ante nuestros ojos y no hay forma de parar ni de pensar. Se compra aunque no se use, no se tenga a quien regalar, o no tenga ningún uso... El asunto es comprar.

Sin agotarse el entusiasmo del solsticio de invierno, entramos de golpe una semana después a las festividades de Año Nuevo, con su réplica de felicitaciones, regalos, comilonas, tragos, música y baile. Amortiguados los gastos por los remanentes de los créditos y la última quincena, se abarrotan los comercios por quienes buscan el regalo pendiente, el jamón, los licores o las ropas para la celebración especial. Sin olvidar, cosa natural, el electrodoméstico, la lavadora, refrigeradora o los mobiliarios necesarios para esperar las fiestas con cosas que anuncien el venturoso calendario.

Cuando creíamos que todo había pasado con la jubilación de Santa Claus y los reyes magos, y una vez encajonadas las bombillas y los nacimientos, los carnavales se anuncian con las izadas de banderas, las murgas, dianas, topones y perotes que prefiguran las comparsas de ventrudas cantalantes y sudorosos tamboreros. La escogencia de las reinas de calle arriba y calle abajo –aun en aquellas pobres barriadas en que las calles son un rosario de baches– y el debate televisivo entre las candidatas gais nos sacan de ese embobamiento reflexivo sobre la situación nacional y nos regresan a la realidad cotidiana del panameño: el ser para el jolgorio.

Vuelven las premuras por tener dinero para ese magno acontecimiento y, con ello, el empeño o la venta de los artefactos adquiridos en Año Nuevo, el reencauche de la tarjeta de crédito, los préstamos de los garroteros o pedirle algo a la “vieja”, que siempre guarda de los chances. No importa cuál sea el medio utilizado para celebrar las fiestas. Esa ocurrencia de adelantar el año escolar no puede impedir la celebración, para eso está la lotería que, a lo mejor, salva o la beca universal que entrega el Gobierno, pero los “pelaos” tienen que gozar sus culecos, porque después no se sabe. Y, entre una y otra cosa, recortando aquí, remendando allá, debiendo por acá, el panameño se prepara, organiza y se proyecta porque: ¡ya vienen los carnavales!

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia S.A.

Por si te lo perdiste

PANAMÁ Y SU GENTE El mercado de las carretillas

El Mercado de Abastos está ubicado en la vía Omar Torrijos, en el corregimiento de Ancón, justo al lado de la sede del Tribunal Electoral. Gabriel Rodríguez
Luis García /Álvaro Reyes - LP

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Loteria nacional

15 Jul 2018

Primer premio

9 7 8 3

CAAD

Serie: 12 Folio: 15

2o premio

2697

3er premio

8169

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código