SANEAMIENTO MORAL

El virus de la corrupción: Celibeth Gómez Morales

El bombardeo de los medios de comunicación con el tema de corrupción sigue ocupando las primeras planas. Tanto es así, que ha desplazado en gran medida otros tópicos de interés nacional, como salud, educación y trasporte. Es que, sin duda, la corrupción se propagó como un peligroso virus en el gobierno pasado.

Nicolás Maquiavelo en el Discurso Sobre la primera Década de Tito Livio, escribió: “Por eso fue muy afortunada Roma, ya que sus reyes se corrompieron pronto y fueron expulsados antes que su corrupción se contagiase a las vísceras de aquella ciudad. Y como esta permanecía libre de corrupción, los numerosos tumultos que acaecieron en ella, encaminados a buen fin, no perjudicaron a la república, sino que la favorecieron”. De este modo, deseo que Panamá alcance por fin la victoria y se sienta afortunada, tras lograr que sus actuales gobernantes erradiquen lo más posible la corrupción. “Los numerosos tumultos”, representados por mujeres y hombres que luchan por la democracia e igualdad, que presionan al Ministerio Público, a los jueces y diputados, para que no se dejen infectar por la corrupción no le hacen daño a la república, lo que sí le hace daño es la absolución de los funcionarios corruptos. Con todos los casos conocidos a la fecha, parece ser que el principal, la cabeza, el eje gubernamental (el expresidente del país), le concedió licencia para robar a sus súbditos, quienes de forma solapada hicieron fortuna a costilla de los recursos del pueblo.

Buscando sinónimos de corrupción, encontré: descomposición, putrefacción, podredumbre, peste, fermentación, corruptela, depravación, perversión, vicio, prostitución, envilecimiento, deshonestidad. Todas estas palabras encajan en las acciones de los funcionarios investigados. A su paso infectaban a cuantos podían, y como todo lo que empieza mal, termina mal, van cayendo civiles que sirvieron y se sirvieron de las falsas riquezas.

Pueda ser que tanta alharaca pública por combatir la corrupción no se quede solo en un escenario que opaca toda la agenda gubernamental, sin lograr un castigo efectivo y real. Hace falta retomar las fuerzas en otros sectores que requieren de ayuda urgente. Por ejemplo, la educación, porque siendo Panamá un país con tanto desarrollo urbanístico, muchas escuelas se encuentran en deterioro total, postergando el inicio de clases de una población considerable de alumnos. Los hospitales y centros de salud carecen de insumos y personal médico. La población se pregunta, ¿qué harán con tantas cuentas bancarias y bienes incautados? ¿Será que pueden revertirse en buscar paliativos para mitigar algunas necesidades de la población? ¿Servirá tanta quejadera de los funcionarios corruptos detenidos, para que se den cuenta de cuál es la realidad de miles de privados de libertad en el país?

Al hombre de campo y aquel que vive en los caseríos de la ciudad en los que no “entra el sol porque es aristocrático”, inmersos en la extrema pobreza, no les interesa el tema, porque no entienden tantos tecnicismos legales con los que proyectan las noticias de los casos de corrupción. Sin embargo, como el efecto dominó, son los más perjudicados por los actos dantescos de funcionarios sucios, que juegan con la imagen bondadosa de entidades sociales, como el Mides y el PAN. De igual forma, el individuo privado de libertad, que espera un pronto juzgamiento, ve pasar los años sin percatarse de que la cabeza de la justicia (la Corte Suprema) está carcomida y, por ende, el resto del cuerpo judicial se encuentra enfermo, lo que genera mora judicial e injusticias procesales.

La corrupción se traduce en soborno, coimas, fraude, malversación, sustracción, apropiación, extorsión, enriquecimiento ilícito, es decir, implica una complejidad y cadena de actos, en los que participan varias personas. Corrupción grande es la que cometen los altos directivos o la cúpula gubernamental; corrupción pequeña, la cometida por empleados a menor escala, pero que, como una bola de nieve, puede crear una avalancha. La corrupción es inherente a todo gobierno, y el poder no controlado desemboca en abusos y malos manejos de los fondos públicos. No es de ahora, la corrupción en nuestro país ha vivido en la clandestinidad. Y esto se da por dos razones: porque somos cómplices o porque hemos creado una súper tolerancia a la corrupción. Aprovechando el clima de saneamiento moral contra la corrupción, hay que educar a la población y orientarla para que sepa que en la medida en que se denuncian esos actos, se previenen y, por ende, se pueden aplicar sanciones efectivas. Y, lo más importante, procurar que los fiscales y jueces sean objetivos e imparciales y apliquen las leyes, pues ahí radica la decepción colectiva: tanto luchar, señalar e investigar a los corruptos para que, al final, se les absuelva. Ojalá que esto no suceda en Panamá.

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