MEDIOAMBIENTE

El vuelo del ave de la Luna: Rina Stella Barba

Con solo cuatro onzas de peso, un ave costera migratoria, el zarapito rojizo (Calidris canutus-red knot, en inglés) entre otros millones de aves, emprende desde agosto su peregrinación anual de invierno. Vuelan desde el Ártico canadiense –su hogar gran parte del año, donde se aparean y crían a sus pichones– hasta Tierra del Fuego, en Argentina, en busca de alimento, durante el tiempo que duran los meses del invierno norteño. Son 15 mil kilómetros de distancia los que cada año recorren, demostrando una fortaleza sin igual, en un viaje plagado de peligros y amenazas.

Los zarapitos son monógamos. La hembra, por lo general, pone entre tres y cuatro huevos, y ambos padres se turnan para empollarlos. Al cabo de 22 días, salen los pichones del cascarón, sin plumaje y relativamente maduros. Los padres los enseñan a buscar comida. Al poco tiempo, la madre comienza la migración en avanzada, y el macho queda a cargo de los pichones hasta que tengan todas sus plumas, lo que tarda un mes. Entonces, el padre inicia su vuelo al sur al igual que las crías.

Debido a los riesgos a los que se enfrentan, los zarapitos viven como máximo cinco años. Hay uno en particular que sobresale del resto, porque duplicó su expectativa de vida, al que los científicos apodaron Moonbird (ave de la Luna), y que fue anillado (marcado) hace 19 años en la Tierra del Fuego, cuando se calculó que tendría menos de un año. Desde entonces, cada temporada Moonbird llega a la Tierra del Fuego, luego regresa al Ártico. Este espécimen ha volado más del equivalente de la distancia entre la Tierra y la Luna, de ahí su apodo.

Desafortunadamente, los científicos y observadores notan una disminución significativa, hasta de un 40%, en el número de aves playeras migratorias, incluyendo la especie de Moonbird.

La disminución de los hábitats en las áreas de descanso, es uno de los problemas principales. Antes, 100 mil aves se agrupaban en kilómetros de playa para descansar durante las migraciones, pero ahora esas zonas se redujeron a un par de cientos de metros cuadrados, porque se han rellenado las playas y lagunas para la construcción de edificios.

Además, la contaminación de esas zonas y la sobrepesca reduce la disponibilidad del alimento preferido del zarapito, los huevos del cangrejo herradura, crustáceo considerado como un fósil viviente, pues se originó hace 450 millones de años y sobrevivió la colisión del asteroide que acabó con los dinosaurios, hace 85 millones de años. Sin embargo, a pesar de haber resistido por milenios los cambios evolutivos en el planeta y los desastres naturales, hoy está en peligro de desaparecer debido a la sobrepesca y la falta de playas para su apareamiento. Como dice el dicho: “Tanto nadar para venir a morir en la orilla”.

Pero no todo es negativo, ¡todavía hay esperanza! En Chile, la comunidad comprometida, las asociaciones de conservación, las empresas privadas y las universidades se unieron para proteger los sitios de descanso de estas aves. En las áreas a las que Moonbird y otros millones de aves llegan a comer y descansar, ahora hay un centro de investigación y observación para los turistas, que cuenta con un plan de manejo destinado a crear conciencia en la conservación de las aves y sus hábitats. En Delaware Bay, la Asociación Amigos de los Playeros Rojizos compró una milla de playa, en donde los cangrejos herradura y las aves pueden prosperar y continuar con el ciclo.

A pesar de que Panamá está rodeado de costas en ambos mares, con humedales y hábitats protegidos por ley (pues son puntos importantes para el anidamiento de aves y otras especies, incluso alimento vital para humanos, como camarones y similares), en las últimas décadas se han ido reduciendo estos ecosistemas para darle paso a la construcción de diversos proyectos, muchos de los cuales se pueden desarrollar en otras áreas.

Justo en estos momentos, cuando estamos en la seguridad de nuestros hogares con nuestras familias, miles de aves migratorias sobrevuelan Panamá. Especies adultas y crías luchan contra las inclemencias del tiempo y contra los depredadores. Muchas hacen un alto aquí, antes de seguir su viaje. Dejémoslas descansar, protejamos su hábitat, no lo contaminemos ni abusemos de la pesca. Hay que ser más conscientes y estar al pendiente de su bienestar, pues son un ejemplo de perseverancia, fortaleza y optimismo, cuyo mejor ejemplo es Moonbird.

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