Cuando la vulnerabilidad se mide en dólares

La posibilidad de que esa ayuda sea para uso excesivamente militar es algo que debemos vigilar

WASHINGTON, D.C. - No hay duda de que Panamá corre gran peligro de contagiarse del problema colombiano y que necesita ayuda estadounidense para defenderse de ese peligro. El dilema está en diseñar la mejor defensa.

En ese contexto nos llega el presupuesto que Estados Unidos ha propuesto para el año 2003, que amplía la participación norteamericana en Colombia. Pese a las quejas de grupos pro derechos humanos sobre los abusos del ejército colombiano, el nuevo presupuesto asigna más dinero al problema colombiano y reconoce que se ha ido descartando la idea de que la ayuda estadounidense sea sólo para luchar contra narcotraficantes, no contra guerrilleros.

Mientras tanto, Panamá –por ser vecino vulnerable de Colombia– es uno de los países beneficiados por lo que el gobierno de George W. Bush llama la “Iniciativa Regional Andina”, pero es el país que casi menos ayuda recibe. En el paquete andino antidrogas propuesto para 2003, Perú recibe 135 millones, Bolivia 91 millones, Ecuador 37 millones, Brasil 12 millones, Venezuela 8 millones, y Panamá 9 millones.

Esos 9 millones –si los recibimos– serían un aumento significativo respecto a lo que hemos recibido en los últimos dos años. (Para detalles, ver artículo publicado el jueves 14 de febrero). Una funcionaria norteamericana me explicó el jueves que con ese dinero se intentará lograr cuatro cosas: 1) Mejorar la protección policial en los puertos de entrada de la droga; 2) mejorar los controles fronterizos para detectar y combatir el tráfico ilícito de narcóticos, armas, e indocumentados; 3) mejorar el sistema panameño de justicia penal; y 4) reducir la demanda de droga en Panamá. Esas metas no son objetables, pero vale la pena que vigilemos la forma en que nos llega la ayuda.

Por otro lado, debo advertir que no hay seguridad alguna de que Panamá verdaderamente reciba esos 9 millones de dólares, que son parte de una partida de 731 millones para la Iniciativa Regional Andina. Entre ahora y octubre (cuando comienza el año fiscal estadounidense), el Congreso tiene que aprobar el presupuesto, fijándose en los renglones generales. Es decir, el Congreso no aprueba la ayuda a Panamá per se, sino que aprueba el paquete andino y deja que el Departamento de Estado reparta esos recursos según su propio criterio. El año pasado se había pedido 11 millones para esfuerzos antinarcóticos en Panamá dentro del paquete andino, pero cuando el Congreso le recortó 100 millones de dólares a ese paquete, la partida de Panamá quedó reducida de 11 millones a cinco. Lo mismo podría ocurrir este año.

Y cada dólar que nos recortan aumenta nuestra vulnerabilidad. El año pasado, cuando se reportó que a Panamá le tocarían unos 4 millones de dólares dentro del paquete para vecinos de Colombia, el embajador panameño en Washington, Guillermo Ford, afirmó que “esa cantidad es insuficiente ante la magnitud del problema”.

Pero el problema no es sólo el monto de la ayuda sino también su finalidad, porque lo que se desea contra el contagio colombiano –a mi criterio– es una protección eficaz pero no muy militarizada. Según Adam Isaacson, analista del Centro para Política Internacional, el presupuesto andino “es un indicio más de la creciente militarización de la guerra antidrogas, a pesar de que la estrategia militar no ha tenido éxito alguno en esa lucha”. En cuanto a la ayuda a Panamá, dice Isaacson, el patrón de desembolsos en años previos indica que el 90% de dinero antidrogas será para dar equipo y adiestramiento a las fuerzas de seguridad en la frontera con Colombia.

La posibilidad de que esa ayuda sea para uso excesivamente militar es algo que debemos vigilar, junto con otros detalles inquietantes en el nuevo presupuesto norteamericano. Por ejemplo, por primera vez en años recientes se nos brinda un millón de dólares en asistencia militar (en inglés, foreign military financing). Es cierto que un millón de dólares es cosa pequeña y es posible que esa ayuda consista en equipos genuinamente necesarios para proteger Darién (helicópteros, lanchas, y demás), pero sería un error no vigilar el destino y la eficacia de esa ayuda.

Igualmente debemos fijarnos en que en el nuevo presupuesto se aumenta el adiestramiento de funcionarios civiles panameños en escuelas militares estadounidenses, como la Escuela de las Américas (que se ha cambiado el nombre). Es un aumento pequeñísimo (30 mil dólares) respecto al año pasado, pero yo sigo viendo peligro en que supuestos policías reciban adiestramiento militar.

La autora es corresponsal de La Prensa en Washington

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