Centro de Cumplimiento de Menores

‘Abran la ventana y miren el horizonte’: papa Francisco

El pontífice brindó una experiencia inolvidable para los internos menores de edad, que esperan comenzar una nueva vida tras su resocialización.

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Un sol radiante y calor implacable acompañaron ayer a un grupo de 110 jóvenes que esperaba con ansias la llegada del papa Francisco al Centro de Cumplimiento de Menores, ubicado en el corregimiento de Las Garzas.

Ellos sabían que sería un día inolvidable porque, por primera vez en la historia de una Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), un pontífice realizaría el sacramento de la reconciliación (confesión) en un centro de cumplimiento, y a ellos les correspondería ser partícipes de ese momento.

Es un lugar donde están recluidos menores infractores que cumplen condenas o son procesados por delitos como robo, hurto, homicidio, posesión de armas, delitos sexuales o privación de libertad. Aun así, o más bien por ello, fue el lugar escogido para llevar un mensaje de esperanza.

El estribillo “¡Esta es la juventud del papa!” -que corearon algunos reclusos y una mujer que los acompañaba- sirvió de fondo para que la directora del Instituto de Estudios Interdisciplinarios del Ministerio de Gobierno, Emma Alba Tejada, y la directora del centro, Lidia Castañeda, dieran la bienvenida al papa.

Y posteriormente, a las personalidades que asistieron al acto, entre ellas, el presidente de la República, Juan Carlos Varela; la procuradora de la Nación, Kenia Porcell; el ministro de Gobierno, Carlos Rubio, y el ministro de la Presidencia , Jorge González.

Fue el propio Vaticano el que seleccionó este centro de cumplimiento para que el santo padre lo visitara, luego de que el Comité Organizador Local de la JMJ enviara una serie de informes a la Santa Sede sobre los lugares que conectan con la realidad de la juventud panameña.

El máximo jerarca  de la Iglesia católica  se trasladó ayer hasta el Centro  de Cumplimiento de Menores, en Las Garzas de Pacora, a la liturgia penitencial con 110 jóvenes que están recluidos en el lugar.  Expandir Imagen
El máximo jerarca de la Iglesia católica se trasladó ayer hasta el Centro de Cumplimiento de Menores, en Las Garzas de Pacora, a la liturgia penitencial con 110 jóvenes que están recluidos en el lugar. José Vilar

Un testimonio de lucha

Pasado el saludo protocolar, se dio inicio a la liturgia penitencial, con el testimonio de Luis (21 años), a quien el pontífice escuchó atentamente y con mirada de comprensión.

Luis le contó a Francisco que su calvario comenzó cuando su padre abandonó a su madre al cumplir tan solo un año de nacido, y que desde entonces marcó el vacío de una voz paternal que lo guiara con amor.

Aseguró que en 2015 aceptó a Jesucristo como su padre, pero cometió un delito. Le dijo al papa que no midió las consecuencias de sus acciones, como la pérdida de parte de su familia y su vida escolar, por tener que cumplir una condena.

En 2016, cuando fue detenido, pensó que todo estaba perdido y, al principio, se le hizo difícil compartir con otros privados de libertad, hasta que, una noche, se dio cuenta de que tenía un propósito importante que cumplir en su vida.

Hoy en día, su sueño es convertirse en chef internacional y lograr que su madre se sienta orgullosa de su cambio.

“Todos somos pecadores y por eso Jesús nos recibe con cariño. A los que dicen que no son pecadores, Jesús no los va a recibir y se lo pierden”.

Francisco, líder de la Iglesia católica.

Tras pronunciar estas palabras y recibir la comprensión del papa, Luis se fue a su casa, pues le fue concedida la libertad condicional.

Luis no había sido trasladado al Sistema Penitenciario, pues en este centro de cumplimiento, inaugurado en 2012 y con capacidad para 192 reclusos, se les ofrece a los adolescentes un itinerario de reinserción integral a través de atención educativa, familiar y de salud. Los jóvenes participan obligatoriamente en seminarios de formación.

Condena a las etiquetas

Durante su homilía ante los menores infractores, el santo padre recordó que Jesús era una persona que le abría las puertas a la gente pecadora y acechada por la crítica social tras cometer errores. “Todos somos pecadores y por eso Jesús nos recibe con cariño. A los que dicen que no son pecadores, Jesús no los va a recibir y se pierden de lo que hay ”.

El pontífice reivindicó el hecho de que todas las personas tienen un horizonte. “Alguno puede decir que no lo tiene, entonces mira a la ventana de tu corazón y ahí lo puedes encontrar ”.

Francisco cuestionó el uso de las murmuraciones y los chismes para denigrar a los demás, actitud que contrastó con la de Jesús, quien a través de sus palabras invita a la transformación y a la conversión, a una vida nueva. “Jesús acepta la complejidad de la vida y de cualquier situación”, dijo.

En el lugar se habilitó un área especial con carpas para realizar el acto religioso con el santo padre. Expandir Imagen
En el lugar se habilitó un área especial con carpas para realizar el acto religioso con el santo padre. José Vilar

“No aceptan y rechazan la opción que ofrece Jesucristo de encontrar nuevas oportunidades en su vida. Esta gente condena y descalifica de una vez, para siempre, y se olvidan que ante los ojos de Dios, ellos están descalificados”, remarcó en su sermón.

Esas personas, añadió Francisco, necesitan ternura y comprensión, aunque no quieran aceptarlo. Aseguró que ellas usan las “etiquetas” para señalar a los demás y dividirlos entre justos y pecadores, como parte de la cultura del adjetivo.

“Esta actitud contamina todo, porque erige un muro invisible que hace creer que se resuelven mágicamente todos los problemas marginando a los demás”.

Ello, según el pontífice, impide que lleguemos a saber los anhelos y los sueños que tiene cada persona dentro de su corazón.

Las víctimas de las condenas sociales suelen ser más que todo los pobres y los indefensos, una actitud que no los ayuda a levantarse.

“Qué dolor ver cuando una sociedad genera y prefiere concentrar sus energías en murmurar e indignarse que luchar para crear oportunidades y transformación”, exclamó.

Les pidió a los jóvenes que escuchen aquellas voces que los mantienen en el horizonte y no hagan caso al “no voy a poder”. “Sí está lejos, pero vas a poder”.

Al terminar su mensaje, Francisco confesó a seis privados de libertad, en un ritual que hasta sacó lágrimas a los miembros de la prensa.

Uno que resumió el día y acogió la frase “abran la ventana y miren el horizonte” -con la cual el pontífice concluyó su liturgia penitencial- fue Edgar (23 años), quien aseguró que la visita del papa le marcó su vida: “Hay personas que se dedican a juzgarnos porque hemos cometido un error, pero durante todo este tiempo que llevamos en estas cuatro paredes hemos aprendido a no desfallecer por lo que digan los demás, sino seguir adelante con la fe y la voluntad de Dios”.

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