PANEL SOBRE EDUCACIÓN, TECNOLOGÍA E INCLUSIÓN

Acoger la diversidad, el desafío

Los qué y los porqué de educar incluyendo a las minorías, y el rol real de las TIC fue analizado por cuatro expertos en Panamá.

La interculturalidad, vista como la filosofía en la que dejamos de ver al otro, al diferente, como una amenaza; la  innovación, pensada desde el aprovechamiento de los usos de la tecnología para no seguir haciendo más de lo mismo; y dejar de ver al niño o joven como estudiante para visualizarlo como un aprendiz, son los tres desafíos más importantes que dejó sobre la mesa  la conversación de un grupo de expertos que estuvo en Panamá para abordar el tema “Innovación Educativa, Competencias e Inclusión Social”.

La jornada, a la que asistieron, entre otros, docentes especiales de diferentes partes del país, se enmarcó en la XXIII Conferencia Iberoamericana de Ministros de Educación, que se desarrolló entre el lunes 9 y el viernes 13 de septiembre. Allí estuvieron, Silvia Schmelkes, socióloga e investigadora con reconocida trayectoria en educación intercultural para poblaciones indígenas y afrodescendientes; André Lázaro, exviceministro de Educación de Brasil y actual presidente del Consejo Asesor de las Metas Educativas 2021; Cesar Coll, especialista en Psicología de la Educación, en Sociedad de la Información, Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) y currículo para atención a la diversidad; y Lenín Moreno, exvicepresidente de Ecuador (enero 2007-mayo 2013), quien fue candidato al Premio Nobel de la Paz 2012 y es presidente del Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Discapacidades de la Organización de Estados Americanos.

El panel dejó en evidencia que aunque algunos países estén más adelantados que otros, las experiencias exitosas siguen siendo aisladas, limitadas a ciertos programas o recintos y tienen que ver más con el empuje de un grupo de personas que han entendido el problema y han tomado acciones que con cambios en el sistema educativo.

Schmelkes, Lázaro, Coll y Moreno coincidieron en que la barrera de la discriminación por ser diferente –por provenir de otra cultura o por tener una discapacidad– ha generado asimetrías y que se requiere poner en valor la riqueza de ser diferente, para empezar a ver cómo ese otro le aportará a la mayoría otros saberes, quehaceres y formas de ver y vivir la vida.

INTERCULTURALIDAD, LA CLAVE

Para Schmelkes, los Estados deben tomar conciencia de que la interculturalidad está íntimamente ligada a la democracia, porque ambas se basan en la pluralidad. No obstante, así como existen asimetrías políticas, económicas y sociales, vivir  la  interculturalidad en el sistema educativo es actualmente una aspiración.

“La interculturalidad se basa en el respeto, parte de posiciones de igualdad y se enriquece con la convivencia, y este concepto es lo que marca qué queremos en la educación”, aseguró Schmelkes.

La experta destacó que en esta filosofía el otro no se puede considerar como inferior y  es necesario  borrar su diferencia para integrarlo. Y la escuela, apuntó, debe ser la puerta a la interculturalidad, un sitio de enriquecimiento en un clima de seguridad, con una educación anti racista, a fin de construir una sociedad en la que todos nos podamos entender.

Como un ejemplo de las asimetrías educativas que le corresponde atender a los educadores se refirió a los pueblos indígenas, cuyo acceso a los centros educativos está limitado, los que además abandonan la escuela más rápido y no trascienden otros niveles educativos, y a quienes lo que aprenden no les sirve de la misma manera. Esta situación, indicó, solo se combate ofreciendo educación de calidad, reconociendo el derecho a las diferencias, ofreciendo una educación pertinente a cómo cada pueblo indígena o cultura la define, para una vida digna. Y específicamente, educando cultural y lingüísticamente a los indígenas hasta la educación superior, para una vida digna  Y para que haya un bilingüismo equilibrado, apuntó, se requiere de maestros de todas las culturas.

Destacó que existe otra asimetría, más profunda, y que explica por qué estamos como estamos, y ella la llama asimetría valorativa. Esta explica por qué hay un grupo que se considera culturalmente superior y por qué los grupos minoritarios adoptan frente a los “superiores” posiciones de inferioridad o asumen el desprecio de lo propio, impidiendo las relaciones en planos de igualdad, que es una de las características de la interculturalidad.

EL SISTEMA EXCLUYE

Para explicar la necesidad de ser inclusivos, Lázaro empezó poniendo el ejemplo de su país, Brasil, donde, dijo, la exclusión estuvo  validada oficialmente por mucho tiempo, ya que a mitad de la educación primaria se aplicaba una prueba a los chicos cuyo resultado decidía si sabían lo suficiente como para seguir en la escuela.

“Estamos en una bifurcación: por un lado los que dicen calidad, por otro, inclusión. Pero, ¿en nuestra evaluación de calidad entra justicia? ¿Computamos justicia en las escuelas como elemento de calidad o computamos apenas resultados y testes [pruebas] estandarizados que no consideran contextos, lenguajes, hábitos ni país?”, preguntó.

Explicó que producto de esa competencia de exclusión la mitad de la población brasileña de 25 años y más no tiene ocho años de escuela, que era hasta cuatro o cinco años atrás la escolaridad mínima obligatoria. Para ellos, dijo, la escuela fue un fracaso socialmente legitimado.

Agregó que en 2005 su país reprobó casi un tercio de las niños de siete años que fueron a la escuela, en su primer año, y les dijeron: aquí no es su lugar. “Hay contexto político, social cultural; se hace de la competencia otra cosa, competitividad y no capacidad, y se legitima la exclusión”, apuntó.

Lo anterior según Lázaro obedece a que todavía en los países iberoamericanos la educación es una herencia y no un derecho. De allí que a clases altas, educación alta. Lo anterior, indicó, está comprobado en un estudio reciente de Unesco.

De allí que los educadores tienen dos grandes desafíos: “Mirar a los chicos en su singularidad, no reproducir prejuicios, y garantizar derechos de aprendizaje, competencia y educación valorizando las diferencias”, afirmó.

LA ECOLOGÍA DEL APRENDIZAJE

Suena teórico y no lo es. La ecología del aprendizaje tiene que ver con los nuevos contextos, formas y herramientas de aprendizaje que han sido impulsadas por las tecnologías digitales de la comunicación y la llamada sociedad de la información, y que está obligando a cambiar las prácticas socioculturales y, por ende, la escuela.

Para Coll, aunque llevamos algún tiempo ya hablando de la importancia de acercar la tecnología a la educación, las políticas se concentraron en la inversión en equipos y es una realidad que el impacto de esas acciones ha sido limitado. Esto, a pesar, dice Coll, de que buena parte del sistema para atender la diversidad vendrá, para bien o para mal, de mano de la tecnología.

¿Por qué no ha resultado la inversión? “Porque salvo excepciones muy exitosas lo estudiado indica que a pesar de que se incorporan las tecnologías, se usan para hacer lo mismo”.

Es que, enfatiza Coll, son los usos de las tecnologías los que determinarán que la gente se construya como aprendices competentes. Y de que la escuela comprenda esta nueva realidad, en la que ella no es el único lugar para aprender, de que de ahora en adelante debe ser el nodo central de nuevos nichos y contextos de aprendizaje, que están fuera de ella, dependerá el éxito de lo que se haga.

Otro reto que tienen por delante la escuela y los educadores es la personalización del aprendizaje en la educación formal, ya que parte del fracaso en la educación secundaria o media es el resultado de que los jóvenes no encuentran sentido al currículo, no se identifican con él.

Esto último también tiene relación un cambio en la mirada del niño, del adolescente, para dejar de centrarnos en crear buenos estudiantes a los que exigimos buenos resultados, y enfocarnos en enseñarles cómo encontrar dónde y cómo aprender (hacerlo aprendiz).

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