DERECHOS HUMANOS. LEGADO DE LÍDER INDÍGENA ASESINADA EN HONDURAS

Adiós a la madre del río

El pasado sábado fue el funeral de Berta Cáceres, quien se enfrentó a poderosos intereses para proteger el legado natural de sus ancestros.

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Con pancartas, consignas, llantos y vivas, una multitud acompañó a Berta Cáceres a su última morada. Con pancartas, consignas, llantos y vivas, una multitud acompañó a Berta Cáceres a su última morada.
Con pancartas, consignas, llantos y vivas, una multitud acompañó a Berta Cáceres a su última morada. Orlando Sierra

Era un río. Un río de gente. Muchos rostros de dolor y de rabia.

“Berta Cáceres presente hoy y siempre”, “La lucha sigue y sigue”, gritaban.

Así fue el funeral de Berta Cáceres, la líder indígena lenca, hondureña, activista, ambientalista, quien se atrevió a enfrentarse a poderosos intereses en Honduras, al Banco Mundial, a una de las más grandes empresas constructoras de China.

La Esperanza, así se llama el pueblo natal de Berta Cáceres. Ahí fue su funeral, el pasado sábado, tres días después de que hombres armados le dispararan para matarla.

LA LUCHA

Cáceres había organizado al pueblo lenca, la mayor etnia de Honduras, para protestar contra la represa de Agua Zarca.

La campaña logró que el constructor más grande de represas del mundo, la compañía estatal Sinohydro de China, retirara su participación en el proyecto hidroeléctrico. La Corporación Financiera Internacional, institución del Banco Mundial, que invertiría en la obra, también abandonó la iniciativa.

La represa se construiría sobre el río Gualcarque, sagrado para las comunidades indígenas y vital para la supervivencia de esos pueblos.

Los lencas, con más de 400 mil miembros diseminados en Honduras y El Salvador, se consideran custodios de la naturaleza, la tierra y, sobre todo, de los ríos. Según la tradición lenca, en los ríos residen los espíritus de sus mujeres, que son sus principales guardianas.

Fue en 2006 que la comunidad lenca de Río Blanco buscó la ayuda de la organización de Cáceres.

“Comenzó a ingresar maquinaria pesada al lugar. Ahí se dieron cuenta de que era un proyecto hidroeléctrico, nadie del Gobierno les había comunicado nada”, contaba ella a BBC Mundo en 2015.

El proyecto de Agua Zarca fue aprobado con una concesión a la empresa hondureña Desarrollos Energéticos, SA, DESA, que inicialmente logró el respaldo de Sinohydro.

Sectores políticos y empresariales de Honduras habían tratado de desvirtuar la lucha de Cáceres, acusándola de querer obstaculizar el desarrollo.

Cáceres, de 45 años, y coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), había denunciado que era objeto de amenazas de muerte por parte de la Policía, el Ejército y grupos de terratenientes.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos le había otorgado medidas cautelares desde 2009, pero el Gobierno hondureño no le asignó protección.

Funcionarios habían dicho que la propia Cáceres había decidido prescindir de la escolta “porque le molestaba”. Pero familiares han negado estas versiones.

Por su campaña, Cáceres obtuvo en 2014 el Premio Goldman, que se concede anualmente a defensores de la naturaleza y el ambiente.

De acuerdo con BBC Mundo, la organización Goldman señaló que a partir del golpe de Estado de 2009, que desplazó del poder a Manuel Zelaya, Honduras vio un aumento explosivo de megaproyectos, especialmente vinculados a la provisión de energía barata para concesiones mineras.

La represa de Agua Zarca “hubiera significado desplazamientos y hubiera impedido a la comunidad desarrollar sus actividades agrícolas. No solo se privatiza el río, sino varios kilómetros a la redonda”, dijo Cáceres al sitio de noticias británico en 2015.

En esos proyectos “el río deja de ser de las comunidades y pasa a manos privadas”, decía.

EL CRIMEN

Según la versión oficial, al menos dos hombres armados llegaron en la madrugada del jueves pasado a la casa de Cáceres en La Esperanza, y le dispararon a la mujer para luego huir en un vehículo.

El cuerpo de Cáceres presentaba cuatro impactos de bala.

El activista y defensor de los derechos humanos mexicano, Gustavo Castro Soto, estaba en la vivienda de Cáceres al momento del ataque. Una bala le rozó la mejilla y la mano izquierda, que le hicieron caer al piso, donde fingió estar muerto.

La muerte de Cáceres ha tenido una fuerte repercusión entre las organizaciones de derechos humanos que trabajan en América Latina, los defensores del ambiente, organismos como las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y gobiernos como los de Estados Unidos, El Salvador y Costa Rica. (Con servicios internacionales).

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