medio oriente. relato de un secuestrado por Al Qaeda.

‘Ahora sé que de todo se sale, incluso de la oscuridad’

‘En la oscuridad’ es el libro escrito por un periodista de guerra español, que cuenta los horrores de su cautiverio en Siria.

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Luego de 10 meses en cautiverio, Antonio Pampliega es liberado y lo primero que le dijo a su madre fue ‘lo siento’. Luego de 10 meses en cautiverio, Antonio Pampliega es liberado y lo primero que le dijo a su madre fue ‘lo siento’.

Luego de 10 meses en cautiverio, Antonio Pampliega es liberado y lo primero que le dijo a su madre fue ‘lo siento’. Foto por: Cortesía

‘Ahora sé que de todo se sale, incluso de la oscuridad’ ‘Ahora sé que de todo se sale, incluso de la oscuridad’

‘Ahora sé que de todo se sale, incluso de la oscuridad’

“Lágrimas heladas resbalan por mis mejillas. Sobre la palma de mi mano derecha sostengo las dos cuchillas que he robado a mis carceleros en mi cuarto de baño. La luz del led refulge sobre sus afiladas hojas. La decisión está tomada”.

Este es el relato de Antonio Pampliega (Madrid, 1982), uno de los tres periodistas españoles secuestrado en julio de 2015 por Al Qaeda en Siria. Los terroristas lo tomaron por un espía del Gobierno y sufrió la peor parte. Pasó 7 de los 10 meses que estuvo en cautividad completamente aislado, en una celda sin luz natural, de la que solo le sacaban 10 minutos al día para que hiciera sus necesidades. Perdió 35 kilos.

“Simularon que iban a ejecutarme, me pegaban y me vejaban continuamente, pero lo más duro no fueron los maltratos físicos o las humillaciones continuas, sino la soledad”, explica a La Prensa 13 meses después de haber sido liberado. Sobrevivió a aquel infierno y ahora lo cuenta en su nuevo libro En la oscuridad (Ediciones Península), que puede encontrarse en Amazon en español.

¿Por qué decide publicar este libro?

Voy a ser Antonio Pampliega, el periodista español secuestrado por Al Qaeda, para siempre, pero necesito continuar con mi vida y evitar que la gente me siga preguntando.

¿Por eso lo tituló En la oscuridad?

Oscuridad es de donde yo he salido, el mismísimo infierno. Tengo mucha suerte de seguir vivo. Hay muchos compañeros periodistas que no han podido contarlo.

¿Cómo le trataban sus secuestradores?

Durante los primeros 95 días el trato no era excesivamente malo, hasta nos regalaron un ajedrez. Cuando me separan de mis compañeros todo empeora. Entonces comenzaron las humillaciones, las amenazas de muerte, los golpes. Me metieron en una habitación oscura y húmeda, de la que solo me sacaban cinco minutos por la mañana y cinco por la noche para ir al baño.

¿Por qué le separan?

Cuando llevábamos casi un mes secuestrados, un exmilitar español que instruía rebeldes sirios y que yo había entrevistado para la agencia AFP contactó con el grupo que nos tenía retenidos. Envió una carta a los secuestradores, acompañada de su acreditación del Ministerio de Defensa español, con el siguiente encabezamiento: “Hola, Antonio, soy el señor X, tu mejor amigo”. Los secuestradores pensaron que yo era un agente del Gobierno al ver que un militar se dirigía a mí de esa manera. Estoy seguro de que esta persona trató de ayudarnos, pero todo se convirtió en una pesadilla.

Usted dice en el libro que durante el secuestro se sentía como un perro.

Sí. Cuando entraban en la celda tenía que taparme los ojos con un gorro de lana. Cuando me sacaban para ir al baño, tenía que darles la mano como si fuera la correa. Si no entendía algo, porque yo no hablo árabe o hablo muy poquito, me golpeaban. Me sentía como si fuera su perro, no me he sentido tan mal nunca. Hasta me cambiaron el nombre para robarme la identidad y la dignidad. Me sentí identificado con mi perro al que trato con muchísimo más cariño desde entonces.

¿Eso fue lo más duro del secuestro?

Lo más duro fue estar solo. Simularon que iban a ejecutarme, me pegaban y me vejaban continuamente, pero lo peor no fueron los maltratos físicos o las humillaciones continuas, sino la soledad. En todo lo anterior tienes a los compañeros en los que apoyarte, hablas con ellos, resistes para no caer en una depresión. Pero la completa soledad hace que te acabes rompiendo. Los momentos más duros fueron Navidad, mi cumpleaños, el cumpleaños de mi hermana y mi hermano… sobre todo por el sentimiento de culpa que tenía.

¿Cómo superó la soledad en cautividad?

Me pasaba el día escribiendo para tener la mente ocupada. También caminaba por el perímetro de mi celda. Pero caí en depresión cuando mis secuestradores me dijeron que no podía sacar los cuadernos. Pensé: “no tiene sentido plasmar todo lo que siento aquí si no se lo voy a poder enseñar a nadie”. Me tiré al suelo a morir, dejé de comer y de hacer cosas.

¿Pensó en el suicidio?

Me hicieron creer que me iban a matar y que habían matado a mis compañeros. Se me pasó por la cabeza quitarme la vida cuando me grabaron el video como prueba de vida porque pensé que mi madre y mi hermana tendrían que ver cómo me decapitaban; me preguntaba si tendría la suficiente entereza de aguantar sin romperme delante de ellos. Llegó un momento en el que dije “hasta aquí. No puedo más, de verdad. Seré yo y solo yo quien decida mi destino”. Robé dos cuchillas de afeitar a los secuestradores, pero no pude hacerlo.

¿Ha superado el sentimiento de culpa?

Lo primero que le dije a mi madre cuando me liberaron tras 10 meses de secuestro fue “lo siento”. Esto se extendió a los primeros meses en los que estaba todo el día pidiendo perdón a mi familia y amigos. Tengo mucha suerte porque mi familia jamás me ha recriminado que sea periodista de guerra.

¿Perdió la esperanza de volver a ser libre?

Sí, al final acabas perdiendo la esperanza. Trataba de dar respuestas lógicas a la espera, pero cada vez estaba más convencido de que no iba a salir de allí. Los secuestradores me presionaban, me decían que la situación iba muy mal y que mi Gobierno no se preocupaba por mí.

¿Qué sentimientos tiene hacia sus secuestradores?

No los odio, pero tampoco los perdono. No por lo que me han hecho a mí, sino por lo que han hecho sufrir a mi familia. Eso es lo más grave. Mi madre y mis hermanos se pasaban todo el día llorando. Pero ahora sé que de todo se sale, incluso de la oscuridad.

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