100 años del natalicio de ricardo j. bermÚdez

Arte, palabra y libertad: Ricardo J. Bermúdez

Hace un siglo nació no solo un arquitecto y poeta fundamental de la era republicana, sino un luchador por la libertad de expresión.

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Guillermo de Roux y Ricardo J. Bermúdez, en el Atelier de Bella Vista. Bermúdez ayudó a diseñar los primeros edificios del campus universitario. Guillermo de Roux y Ricardo J. Bermúdez, en el Atelier de Bella Vista. Bermúdez ayudó a diseñar los primeros edificios del campus universitario.
Guillermo de Roux y Ricardo J. Bermúdez, en el Atelier de Bella Vista. Bermúdez ayudó a diseñar los primeros edificios del campus universitario.

Las líneas limpias, las formas austeras, la funcionalidad de los edificios originales de la Universidad de Panamá pueden verse todavía hoy, cuando el paso de los años, el desborde de estudiantes, el crecimiento monstruoso de la ciudad parecen querer ocultar aquello que en su día fue un campus vanguardista que invitaba a los jóvenes de una joven nación al cultivo del intelecto y la esperanza.

Un grupo de también jóvenes arquitectos, deudores de las corrientes más vanguardistas del siglo XX (alguno estudió con Walter Groupis, el arquitecto alemán fundador del Bauhaus) había ganado a mediados de la década de 1940 el concurso para las primeras edificaciones del campus universitario, a construirse en las faldas de una colina de Bella Vista que miraba a la todavía enajenada Zona del Canal.

Entre ese grupo de arquitectos había uno que no solo ayudaría a sentar los cimientos de la nueva sede de la casa de estudios superiores sino que también sería un intelectual fundamental en el devenir literario del país y un hombre comprometido con una idea de la decencia pública y de la libertad de expresión.

Ricardo Julio Bermúdez Alemán nació en la ciudad de Panamá, el 22 de agosto de 1914. Según ha escrito el historiador Alfredo Figueroa Navarro, Bermúdez provendría de un tronco familiar emparentado con criollos ilustres de antigua raigambre en el istmo y de estirpe liberal durante el siglo XIX.

Su educación empezó en el colegio La Salle donde continuó su secundaria y obtuvo su grado de bachiller. De allí partió a Estados Unidos, a la Southern California University, a estudiar arquitectura y obtendría el título en esa especialidad, en 1941.

ARQUITECTO Y POETA

Ese mismo año retornó a Panamá y se vinculó al Ministerio de Obras Públicas, donde laboró para la Sección Técnica de dicha cartera (1941-1943). Allí, su visión empezó a destacarse en la renovación de conceptos y diseños de obras y edificaciones. También en esos años comenzó a consolidarse su vena literaria.

Ya desde su adolescencia había desarrollado ese gusto por la palabra escrita, paralelo a su vocación de arquitecto.

Fue justamente en 1944 cuando se publicó una de sus obras poéticas más emblemáticas, Adán liberado, Premio Ricardo Miró, que sería una especie de manifiesto personal, autorretrato lírico, como lo recordara Figueroa Navarro.

En 1951, fue ministro de Educación. Se destacó como docente de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Panamá, unidad académica de la que fue también decano.

Su idea de la libertad lo llevó a repudiar las formas de totalitarismo y dictadura. No en balde una de sus obras poéticas se titula con ironía Elegía a Adolfo Hitler (1941).

En política, formó parte del Frente Patriótico de la Juventud, movimiento de reivindicación nacionalista, clave en las luchas por la soberanía de la Zona del Canal.

Cultivó desde temprano también el periodismo de opinión, para dar cauce a sus ideas.

De su obra narrativa, destaca Para redimir al animal que ronda (cuentos), alegato contra las dictaduras, publicado en 1975.

Y esa aversión a la dictadura lo hace también llegar a formar parte del proyecto del diario La Prensa, en 1980.

Bermúdez integra el grupo de los cinco fundadores, junto con I. Roberto Eisenmann, Ricardo Alberto Arias, Ricardo Arias Calderón y Fabián Echevers.

Recuerda hoy Eisenmann que Bermúdez “iba a ser nuestro primer director” pero que quizás por su falta de experiencia, decidió declinar.

“Era el único literato del grupo fundador. Lo escogimos justamente por todos sus méritos intelectuales y su figura nacional. Siempre lo consideré un maestro”, destaca Eisenmann.

Dice Eisenmann que en los momentos iniciales de mayor incertidumbre de aquel proyecto editorial nacido en plena dictadura, Bermúdez siempre fue “de los más optimistas, de los más enérgicos en los momentos difíciles, siempre pensó que La Prensa era un proyecto necesario para el país”.

De sus cualidades como persona habla Ricardo Alberto Arias, quien también lo conoció en esos tiempos iniciales de La Prensa: “Fue un hombre comprometido con las libertades humanas, la transparencia, la honestidad y la decencia en la función gubernamental”.

“En la lucha por la libertad de expresión fue siempre un guía y un orientador. Era el mayor de nosotros, por lo que su consejo era my respetado”, añade.

La jefa de Relaciones Públicas de La Prensa, Adela Mendoza, y una de las primeras colaboradoras del diario, lo recuerda como un caballero de armadura en la lucha por la libertad de expresión.

“Gentil y cooperador, siempre pendiente de cómo podía ayudar”, dice.

Un hombre “discreto y amable” que recorría las secciones del periódico para ver y saludar al personal, para estar en contacto con la gente. Murió en el año 2000.

Anécdotas de Bermúdez, el docente

Ricardo J. Bermúdez (hijo), los académicos Margarita Vásquez y Jorge Eduardo Ritter, amigos, lectores y público en general convergieron anoche, en el salón Trenzado Lagunilla de Atlapa, para rendir homenaje a Ricardo J. Bermúdez en la víspera del centenario de su nacimiento, en medio de la X Feria Internacional del Libro de Panamá.

Al encuentro le denominaron “Recordando a don Ricardo J. Bermúdez”, pero los expositores se enfocaron en la labor como docente del también arquitecto y poeta. Vásquez compartió un discurso de 1983, en el que Bermúdez decía que la meta del sistema educativo debía ser “enseñar a aprender” una vez se culminara el plan escolar. Y la única forma de hacerlo es leyendo siempre, destacó la académica. En su discurso, Bermúdez también advertía de los riesgos que significaba para la sociedad una formación educativa con carencias.

Son reflexiones que 30 años después siguen siendo tan vigentes como si se hubieran escrito ayer, destacó Ritter, mientras que Bermúdez hijo contó cómo su padre se dedicó a inculcarles el amor por el aprendizaje sin presiones, de forma natural. El público seguía atento a las anécdotas hasta que el conversatorio llegó a su fin. Duró aproximadamente una hora. “Muy poco tiempo para recordar la vida de alguien como Ricardo J. Bermúdez”, se lamentaron los expositores, entre los aplausos de los asistentes.

Helkin Guevara

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