LITERATURA. LA VIDA ES DE QUIEN LA RECREA, DICE UN TRIBUNAL.

A Bayardo se le acabó la historia

Tribunal Superior de Barranquilla le da la razón a Gabriel García Márquez en el pleito que libraba con el protagonista de uno de sus relatos.

CAPACIDAD NARRATIVA. La defensa del Nobel ha demostrado ya en dos ocasiones que una cosa es el material real en el que se basa la historia, y otra el trabajo creador de convertirlo en literatura. EFE/Archivo CAPACIDAD NARRATIVA. La defensa del Nobel ha demostrado ya en dos ocasiones que una cosa es el material real en el que se basa la historia, y otra el trabajo creador de convertirlo en literatura. EFE/Archivo
CAPACIDAD NARRATIVA. La defensa del Nobel ha demostrado ya en dos ocasiones que una cosa es el material real en el que se basa la historia, y otra el trabajo creador de convertirlo en literatura. EFE/Archivo

Gabriel García Márquez esperó 30 años para publicar la historia.

Todo había pasado en 1951 en la región de La Mojana, en el colombiano departamento de Sucre, pero Crónica de una muerte anunciada estuvo en las librerías solo hasta 1981.

Miguel Reyes Palencia, en una entrevista dada a la revista Semana –también de Colombia– contó que entonces vivía en Barranquilla y que pronto “salió a la luz” que el desgraciado de Bayardo San Román no era otro sino él, el respetado vendedor de seguros de la Gran Colombiana. “Yo tenía un buen nombre, era socio del Club Alemán, del Club de Leones, pero la gente empezó a alejarse y tuve que cancelar mis amistades”, detalló.

Bayardo San Román fue el hombre que en la novela de García Márquez se casó por despecho con Ángela Vicario, para en la misma noche de bodas devolverla a la casa de sus padres al descubrir que no era virgen.

Enfrentada a la verdad, Ángela lanza un nombre: Santiago Nassar. Fue él, dijo ella, el responsable de su deshonra.

Entonces los hermanos salen a buscar a Nassar –Cayetano Gentile en la vida real– armados con un cuchillo de matarife. “Fueron 18 puñaladas mortales y Cayetano cayó muerto pendejamente”, relató Reyes Palencia. “Si hubiera sabido que con eso iba a causar la muerte de un amigo, no la devuelvo”, agregó a Semana.

La batalla legal empezó a mediados de los 90, cuando Reyes Palencia decidió demandar a García Márquez y a su hermano Eligio –ya fallecido– por el uso de su vida para la historia, y pidió “el equivalente al 50% de las utilidades literarias y cinematográficas de que se hayan beneficiado por la publicación de sus obras” Crónica de una muerte anunciada y La tercera muerte de Santiago Nassar.

En 2010 un juez de Barranquilla desestimó la demanda, pero Reyes Palencia apeló.

Y ahora –según información publicada en El Tiempo el 28 de noviembre pasado– el Tribunal Superior de Barranquilla vuelve a darle la razón al Nobel, porque mire usted si no es surrealista: “Una vida no es de quien la vive, sino de quien la recrea”.

El abogado de García Márquez dio más señas sobre el fondo y la importancia de la sentencia: “Esta sentencia es importante porque vuelve a realzar esa tesis central que es válida para la literatura y para el arte en general de que lo importante es la forma como se presenta un objeto de la realidad, y no la realidad en sí”.

García Márquez ya había enfrentado un proceso similar por su libro Relato de un náufrago. Luis Alejandro Velasco, el náufrago sobreviviente, reclamaba ser coautor de la obra porque según él había compartido con el escritor la historia de su vida.

El abogado Gómez, por su parte, retomó este ejemplo para explicar la equivocada pretensión de Reyes Palencia. Con Velasco, Gómez recurrió a una cantidad de cartas y escritos que Velasco le había escrito a Gabo. Comparó este material con el libro escrito, y con la ayuda de varios peritos –entre ellos Daniel Samper Pizano y Juan Gossaín– les pidió “que dijeran si quien escribía esas cartas habría podido escribir siquiera diez líneas de Relato de un náufrago”.

Un par de datos esenciales

Lo suyo empezó con el periodismo, cuando el oficio era pasión pura y los periodistas compartían historias, anécdotas y borracheras en los cafés.

Escribió para El Universal de Cartagena y para El Espectador de Bogotá, y tiempo después ha dicho que esta época le sirvió para no perder contacto con la realidad.

Es reconocido en todo el mundo por Cien años de soledad, si bien su obra es bastante más extensa: desde recopilaciones de crónicas y reportajes hasta cuentos, novelas y libros autobiográficos. Otros libros suyos que pueden mencionarse son El amor en los tiempos de cólera y Vivir para contarla.

En 1994 fundó junto con su hermano Jaime García Márquez y Jaime Abello Banfi la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, cuyo propósito es estimular nuevas maneras de hacer periodismo.

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