MOVIMIENTO FREEGAN. LEJOS DE LA ECONOMÍA CONVENCIONAL.

Carroñeros por elección

Tres millones de personas en el mundo demuestran su oposición al consumismo recogiendo comida desperdiciada en buen estado en vez de comprarla.

Hay países en los que la situación de pobreza es tan dramática, que la gente no tiene más opción que vivir de la basura. En contraste, hay quienes deciden, por juicios que nada tienen que ver con la pobreza, ser carroñeros.

Se trata del freeganismo, un movimiento cuyos fanáticos no revuelven la basura impulsados por el hambre, sino por un llamado de sus conciencias. Buscan diferenciarse del resto de la población, siendo lo menos consumistas posible.

Por ello, su participación en la economía formal es mínima. Como una declaración contra el materialismo, los freegans viven sin carro, sin casa y sin trabajo formal.

Ellos están convencidos de que no hay otra forma de reducir el consumismo que comprar la menor cantidad de artículos posibles, porque estos –sean de la naturaleza que sean– explotan el ambiente, los animales o a otros humanos. La fabricación de todos los artículos, aducen, implica la explotación de personas y la destrucción de bosques lo que contribuye al aumento del calentamiento global, a la contaminación de recursos naturales, a la destrucción de comunidades nativas y al abultamiento de rellenos sanitarios.

Los freegans buscan que su paso por la tierra impacte lo menos posible. Por ello reciclan casi todo. Por ejemplo, hurgan entre los desechos buscando comida en buen estado. Se encuentran en panaderías, restaurantes, centros comerciales y supermercados, donde aseguran que cada día se botan montones de bolsas de comida en perfecto estado, con latas que no han sido abolladas, paquetes de arroz o de granos cuyas bolsas tienen una leve rotura, y con frutas, panes y verduras empacados que son botados para dar lugar a otros más frescos.

TABÚ SE VA ROMPIENDO

Los freegans (palabra derivada de free –libre– y vegan –vegano–) surgieron en la década de 1990 como respuesta al consumismo. Según el sitio web biodinero.org, que genera discusiones del tema ambiental, hay 3 millones de ellos en el mundo, y viven, sobre todo, en Estados Unidos, Brasil, Argentina, España, Corea y Suiza.

Y aunque hurgar entre la basura es el hábito más característico de estas personas (y también el más criticado por su exposición a enfermedades), no es el único. También reducen gastos comprando ropa de segunda y ocupando terrenos abandonados, convierten materia orgánica en abono para la tierra y evitan la contaminación usando transportes colectivos o caminando.

Además, colocan las cosas que ya no les sirven en mercados en línea gratuitos, como freecycle.org, o en los Really Free Markets, eventos que realizan cada año para propiciar el intercambio de artículos usados.

Los freegans se han empezado a organizar y, aunque su movimiento aún es visto como un tabú, tienen sitios de internet como freegan.info, sindinero.org y trashwiki.com, donde comparten los “basureros” más interesantes, calendarios donde invitan a pepenar en grupo e ideas para consumir menos, y acceder gratuitamente a eventos culturales y de ocio.

También se han unido al grupo Food Not Bombs (foodnotbombs.org), que recoge alimentos en buen estado que de otra manera serían desperdiciados y con ellos preparan comida que comparten con personas necesitadas. Lo hacen convencidos de que hay comida para alimentar al mundo entero y de que si los gobiernos destinaran a alimentación lo que gastan en guerras, nadie se dormiría con hambre.

Los números del desperdicio

Según el Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), anualmente se desperdician 1.3 billón de toneladas de alimentos, lo que equivale a la tercera parte de la producción mundial de comida.

La FAO calcula, además, que en el mundo entero cada persona bota hasta 220 libras de comida al año. En contraste, en África el desecho per cápita es de unas 13 libras anuales.

Solo en América, detalla la organización mundial, se desperdicia el 60% de la producción de tubérculos; el 50% de la producción de verduras y frutas, y el 20% de las carnes y pescados.

La Universidad de Arizona también ha estudiado el tema y ha concluido que en Estados Unidos el 40% de los alimentos termina en un basurero.

Naciones Unidas ha determinado que hay más de 850 millones de personas desnutridas en el mundo.

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