Caso dietilene glycol aún es un tema pendiente

/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/03/0_20141203Rv8qqy.jpg /deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/03/0_20141203Rv8qqy.jpg
/deploy/DATA/laprensa/BBTFile/0/2014/12/03/0_20141203Rv8qqy.jpg

En 2006, la historia del dietilene glycol comenzó a desvelarse con cuentagotas. Los rumores sobre un raro síndrome que mataba a los pacientes circulaban en los pasillos del Complejo Hospitalario de la Caja de Seguro Social (CSS) desde julio, pero no fue sino hasta el 2 de octubre cuando las autoridades sanitarias de la fecha, entre ellas el ministro de Salud, Camilo Alleyne, y el director de la propia CSS, René Luciani, decretaron la alerta epidemiológica.

Para esa fecha, sin embargo, se hablaba apenas de un “síndrome agudo agresivo”, de origen desconocido, que había afectado a un importante número de pacientes en el complejo.

La cifra oficial del momento fue de seis víctimas fatales. Después se supo, por declaraciones del entonces fiscal superior Dimas Guevara, que para esa fecha el número verdadero de muertos era de 14 y que el primero había sido José Caballero, un agente de seguridad de 46 años, ingresado el 10 de julio en el complejo tras la ingesta del expectorante sin azúcar. Su muerte fue certificada el 2 de agosto.

En cuanto a información se refiere, lo que sucedió a partir de ese entonces es similar a lo que ocurre ahora con la bacteria nosocomial descubierta en el Arnulfo Arias Madrid: declaraciones en un sentido y otro; autoridades negando cualquier responsabilidad.

Para el 5 de octubre de 2006, el número de fallecidos era de 17. Todavía se hablaba de un síndrome desconocido. Alleyne descartaba infecciones por las bacterias E. Coli y Campilobacter, o ataques de virus como el del Nilo, dengue, influenza A o B, encefalitis equina y enterovirus.

Además, quedaban al descubierto los síntomas del síndrome: que empezaba con diarrea y afectaba las piernas y los riñones, y producía una parálisis letal.

Al día siguiente ya eran 18 los fallecidos y el 7 de octubre se sumaba uno más. Para ese momento, cuando había bajado 75% de la afluencia diaria de personas al complejo hospitalario de la CSS, el ministro de Salud anunciaba el retiro del mercado del fármaco lisinopril normom, para la hipertensión.

Surgía por primera vez un nombre: el síndrome de insuficiencia renal aguda, que luego cambió a síndrome de parálisis e insuficiencia renal aguda, y que para el 10 de octubre cobraba 21 vidas.

El 11 de octubre, tras nueve días de alerta epidemiológica, las autoridades suspendieron las conferencias de prensa diarias. La principal hipótesis para las muertes era la toxicidad, se descartaba que la vacuna de la influenza tuviera algo que ver, y el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses practicaba la primera autopsia del caso, que se investigaba bajo el delito genérico de “contra la seguridad personal y la vida”.

Un día más tarde, las investigaciones dieron un giro. De la hipótesis relacionada con la toxicidad supuestamente provocada por el lisinorpril normon, las autoridades pasaron a investigar la contaminación de un listado de productos elaborados por la propia CSS, de uso común, que luego se redujeron a cuatro. Apareció entonces el dietilene glycol y se ordenó el cierre del laboratorio de producción de medicamentos de la CSS.

Se sabía

Próximos a cumplir cinco años de aquella situación, la crisis parece no haber terminado. Ya van 239 muertos y solo está detenido Ángel De la Cruz, propietario de la empresa Medicom S.A., que importó y vendió a la CSS el tóxico, el cual se suponía era glicerina para consumo humano.

El expediente del caso –385 tomos y más de 1,000 anexos– está desde mayo pasado en el Segundo Tribunal Superior de Justicia, luego de que los magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia declinaran la competencia, pues ninguno de los 23 imputados, entre ellos tres exdirectores y seis exdirectivos, son funcionarios con mando y jurisdicción nacional.

Sin responsabilidad

En España, la Sala Penal de la Audiencia Nacional de ese país dictó un fallo el pasado 19 de julio, en el que confirmó el archivo del proceso que seguía contra la empresa Rasfer Internacional tras el envío a Panamá, en 2003, de un lote de supuesta glicerina que terminó siendo el dietilene glycol.

La Audiencia concluyó que “no existe responsabilidad jurídica imputable a Rasfer Internacional”, pues “no manipuló el producto”.

Además, dirigió la responsabilidad a Medicom S.A., que falsificó el etiquetado del químico.

Frente a este fallo, el Comité por el Derecho a la Salud y a la Vida anunció la posibilidad de acudir ante la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, para reclamar la responsabilidad de la empresa española.

Bacterias nosocomiales: lo que el público debe saber

La bacteria , detectada en la sala de Cuidados Intensivos del Complejo Hospitalario Arnulfo Arias Madrid de la Caja de Seguro Social (CSS), entró por primera vez en 2001 en hospitales de Nueva York y ha sido reportada desde entonces en Grecia, Israel, Colombia, Argentina y Brasil. Se transmite por contacto directo de persona a persona, o al tocar una superficie contaminada. Puede causar infecciones urinarias, en la sangre o en una herida después de una cirugía, dependiendo de la vía por la que entra al cuerpo. Normalmente, no causa daño en personas sanas, pero sí en aquellas débiles o con el sistema inmune comprometido, explica el infectólogo Néstor Sosa, director del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud.

En su opinión, “en todos los hospitales del mundo circula una u otra bacte- ria, pero no se divulga, no tanto por ocultarlo, sino porque el público no puede hacer nada y se va a preocupar”.

“En todo hospital se maneja cierta información técnica internamente; no se divulga porque no tiene repercusión para el público. Si es algo que ocurre en pacientes de cuidados intensivos, no afecta a la comunidad general. No es lo mismo que sucede con el dengue o el sarampión, que afecta a las personas en su casa”, indica el Dr. Sosa, que en el pasado fue jefe del servicio de Enfermedades Infecciosas de la CSS y atendió a los pacientes envenenados con dietilene glycol.

Pero, añade, esa información la deben manejar las autoridades, para gestionar los recursos, comprando más jabón, gel alcoholado y los antibióticos adecuados; contratando más personal, etc.

Eliminar la Klebsiella completamente es muy difícil, pero el lavado de manos, el uso de guantes al entrar en contacto con los pacientes y el buen uso de los antibióticos, reducen su incidencia.

“Ante este tipo de brotes, el sistema de salud reacciona aumentando las medidas y tomando cultivos de los pacientes –lo que no se hace rutinariamente debido a los costos– para ver quién tiene la bacteria y así ponerlo en aislamiento. En casos muy extremos, se cierra la sala del hospital para desinfectarla y movilizar a los pacientes a otro hospital. Pero hay que controlar que no sean portadores de la bacteria y la trasladen a otro nosocomio”.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

FONDOS Banda musical hace recolecta para viajar a Pasadena

La banda está integrada por 250 estudiantes.
Especial para La Prensa/Vielka Corro Ríos

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

15 Nov 2017

Primer premio

4 7 2 9

BABB

Serie: 20 Folio: 11

2o premio

5026

3er premio

9314

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código