EL NEGOCIO DE LOS PRECARISTAS

Chepo, tierra de pocos

Una finca contigua a tierras del diputado Delgado estuvo a punto de ser traspasada al Estado por un proyecto de ley que presentó el oficialista.
INTOCABLE. A pesar de la proliferación de edificaciones de invasores en la finca El Zapote, el camino que comunica el terreno del diputado oficialista Hernán Delgado no ha sufrido cambios. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez INTOCABLE. A pesar de la proliferación de edificaciones de invasores en la finca El Zapote, el camino que comunica el terreno del diputado oficialista Hernán Delgado no ha sufrido cambios. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez
INTOCABLE. A pesar de la proliferación de edificaciones de invasores en la finca El Zapote, el camino que comunica el terreno del diputado oficialista Hernán Delgado no ha sufrido cambios. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez

Por la carretera Interamericana, después que se deja atrás el sector de Felipillo, la mezcla de hierba seca con la quemada y la composición de distintos tipos de cercas (baratas y desacomodadas) son el porfiado panorama hacia Chepo. Unos cuantos puentes sobre ríos, ya casi arroyos, son la única salvedad.

En las proximidades de esta población, llamada así por Chepiu, cacique que dominó el área durante el siglo XVI, el paisaje pertenece a dos familias: los Duque y los Delgado. Con una vasta historia familiar entretejida en la política criolla, el diputado de Cambio Democrático (CD) Hernán Delgado, y su rival político el exdiputado del Partido Revolucionario Democrático (PRD) Tomás Altamirano Fito Duque poseen la mayor parte de las tierras de este distrito, cuentan los propios chepanos.

Sin embargo, a pesar de sus extensos territorios, ni Delgado ni Duque han sido víctimas de los precaristas, fenómeno que durante los últimos años adquirió fortaleza en esta área, y que, según las autoridades del lugar, es la plataforma de un próspero negocio, que nace de la venta de tierras invadidas.

“No creo que las personas vayan a invadir una finca de Hernán Delgado, lo dificulto mucho”, señaló el alcalde de Chepo, Olmedo Barrios.

UNA DELGADA CONEXIÓN

No obstante, los invasores sí se han tomado sectores contiguos a los de Delgado. El ejemplo más reciente es el de la finca El Zapote, territorio que por muchos años le ha servido al diputado como entrada a su hacienda La Providencia, y que desde mayo de 2011 tiene nuevos dueños.

La adjudicación legal a los invasores de El Zapote se dio meses antes de la presentación en la Asamblea Nacional de un proyecto de ley sobre expropiación de tierras. La iniciativa legislativa, impulsada por Delgado, permitía que parcelas como la de El Zapote pasaran a manos del Estado para que este decidiera su mejor utilización.

“Esa ley no tenía ese propósito”, dijo el diputado Delgado, al ser consultado sobre si su proyecto tenía relación con estos terrenos en Chepo.

“La ley no se interpretó como yo quería... y recibí presiones [de] que era perjudicial. Yo siento que esa ley se ajustaba a la Constitución y a la reforma agraria. El Zapote no tuvo nada que ver con eso”, argumentó.

Delgado manifestó que esta iniciativa es parte de su plan de mejoramiento de Chepo, población en la que, de acuerdo con el censo de 2010, el 62% no ha cursado secundaria y el 53% no tiene actividad económica.

El político de CD –quien reconoció que en Chepo se ha fortalecido el negocio del precarismo– aseguró conocer muy poco a los nuevos dueños y a los invasores de este terreno. “A los precaristas los he venido a tratar después de esto [de la invasión]”. Sin embargo, Nuvia Molina, una de las personas que ha participado de forma activa en la toma de estos terrenos, es colaboradora directa de Delgado en Chepo, según fuentes del partido oficialista en este sector.

PATRIMONIO FAMILIAR

A unos 500 metros del único semáforo de Chepo –desactivado la mayor parte del día– está la casa de la familia De León, los primeros dueños de El Zapote.

Sentado en una mecedora, Néstor Figueroa De León cuenta cómo su abuelo Cristóbal De León compró estos terrenos al municipio en la década de 1950, y tras su muerte, alrededor de 25 años después, su hija Martina [su madre] tomó la administración de la propiedad.

Félix De León, otro de los hijos de Martina, añade que varios amigos de la familia le solicitaron a su madre parte del terreno para sembrar y poner negocios. Así, en la década de 1980, Pedro Reyes y Manuel Polanco recibieron un permiso verbal de Martina De León para utilizar, sin costo, parte de este terreno. Reyes, incursionó en un negocio de recubrimiento de maderas, mientras que Polanco se dedicó a sembrar. En 1997 se instaló en El Zapote Darío Bethancourt, que compró el aserradero a Reyes y lo nombró Maderas Mara. Ese año también se estableció en esa tierra César Barría, con otro negocio: un taller de baterías para carros.

ASALTO CHEPANO

Con personas de confianza trabajando en sus tierras, los De León se quedaron tranquilos. Martina, hoy de 79 años y en recuperación de una cirugía en la cadera, nunca hizo el trámite de sucesión. No contaban con que el panorama daría un vuelco.

En la finca El Zapote, de 33 mil 696 metros cuadrados, todavía funciona el aserradero Maderas Mara. Sin embargo, ya no hay chivos ni sembradíos alrededor. Ahora abundan casas en construcción que se extienden por todo el terreno, con excepción del camino utilizado por el diputado Hernán Delgado hacia su finca.

Sorpresivamente, un fallo del Juzgado Sexto de Circuito de lo Civil, del 24 de mayo de 2011, entregó El Zapote a José Félix Batista, Manuel Jaramillo, Pio Pinto, Cristóbal Carpintero y Edilma Morales, luego de que solicitaran un año antes estas tierras. Los De León se quedaron sin su propiedad.

El fallo fue firmado por el juez Víctor René García, del Juzgado Sexto de Circuito de lo Civil, investigado por una fiscalía anticorrupción por los presuntos delitos de abuso de autoridad y extralimitación de funciones.

“Tengo más de 20 años de sembrar y trabajar en la parte mía”, afirma Edilma Morales, una de las nuevas propietarias de la tierra. La afirmación la hace desde su casa en La Pita, barriada que colinda con El Zapote. Morales aclara que nunca vio a nadie más en este terreno.

La hija de Cristóbal Carpintero, que no reveló su nombre, narra cómo se hicieron con el terreno. “Yo fui a Catastro y nos dieron un mapa, fuimos después al registro y vimos que Cristóbal De León había fallecido y no había dejado herederos”. Acto seguido, contó, solicitaron la adquisición del terreno y lo inscribieron en el Registro Público.

CUENTOS ENCONTRADOS

En los alegatos por las disputas legales de estas tierras sobresale una telaraña de contradicciones, tejida por los testigos de los cinco nuevos dueños de El Zapote. Es el caso de Francisco Calderón, que en enero de 2011 afirmó ante el Juzgado Sexto de Circuito de lo Civil, que el quinteto que pretendía el terreno tenía 30 años de habitar la finca, la que, según él, no era trabajada por nadie.

Sin embargo, en noviembre de 2012, Calderón afirmó conocer el trabajo de Maderas Mara y de Pedro Reyes dentro del terreno, y dijo que los nuevos dueños tenían apenas cinco años de vivir en esas tierras.

Versión similar fue la de Yarelis Morales, hija de Edilma Morales, que señaló en enero de 2011 que nadie trabajó esta finca, a excepción de su madre y sus cuatro vecinos. Pero, en diciembre de 2012, manifestó conocer a Pedro Reyes, y también reconoció la existencia de Maderas Mara. También declaró que su madre y los otros dueños [José Félix Batista, Manuel Jaramillo, Pio Pinto, Cristóbal Carpintero] se encontraban allí antes del establecimiento de este aserradero.

Un mapa elaborado por la Contraloría General de la República en 1998 desmiente a Morales, ya que refleja que en ese año ya estaba el aserradero en funcionamiento. Este plano no muestra la construcción de ninguna otra vivienda.

Debido a estas pruebas, el 9 de diciembre de 2011, nueve meses después del fallo del Víctor René García, el Juzgado Municipal de Chepo, con la firma de Julio Arcia, le adjudicó mediante sucesión la finca 9097 a Martina De León. Sin embargo, la medida no se ha concretado por ninguna autoridad del sector.

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