Personaje. el ciudadano, funcionario y político.

Chinchorro, entrañable

Rubén Darío Carles, de 92 años, siempre al lado de Querube, se le recuerda por su estricto control del gasto público y su función fiscalizadora.

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Para los expertos, el éxito de la primera gestión democrática de Panamá tras la dictadura se le atribuye a la rigidez de sus finanzas en un tiempo de austeridad. De cabello blanco, camisa blanca y corbata de gatito, Rubén Darío Chinchorro Carles , desde su oficina en la Contraloría General de la República, se convirtió en el obstáculo más férreo para el gasto público. Sus negativas le merecieron el apodo por muchos de tacaño, otros, de terco. La mayoría, de sensato.

Con 92 años llenos de historia patria, Carles recibió ayer un homenaje de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede), grupo al que pertenece el economista desde hace 53 años, en el que se reencontró con sus compañeros de exilio, de gobierno, y de la vida.

Con su metódica actitud, el coclesano llegó puntual a la cita, y tras sembrar un árbol y tomarse todas las fotos solicitadas, subió a la terraza del edificio de Apede, que desde ayer lleva su nombre.

Con esporádicos repasos de su reloj, Carles cortó una cinta y develó una gigantesca fotografía suya en el umbral de su terraza. Siempre serio, siempre amable.

El economista de profesión, a pesar de que ya Roberto Troncoso, presidente de Apede, le rendía honores, seguía mirando las manecillas que le avisaban el tiempo, hasta que, por fin, casi 20 minutos después de comenzar el acto, llegó su esposa, la eterna Querube.

“Era un hombre duro, de hierro, aplicó sus métodos de austeridad en cuanto al gasto público y le rindieron sus efectos. Al principio el país se resintió, se resistió, pero demostró con su honestidad e integridad que eso era lo que había que hacer”, afirmó Troncoso. “Demostró que ser un funcionario honesto tiene su recompensa”.

Con el singular edificio de la Lotería Nacional de Beneficencia a su espalda, Carles desenrolló su repertorio de anécdotas: Chinchorro viene de su desnutrición de lactante por la malaria de su madre; su abuelo fue amigo de tragos de Victoriano Lorenzo; y cómo se burló cuando niño de Manuel E. Amador, hijo del primer presidente del país, por sus intentos de inventar una nueva lengua, el panamane.

“Yo no me puedo mojar”, dijo Carles, que se levantó y abandonó el escenario para refugiarse cuando llegó la lluvia a la terraza. Allí esperó hasta que le trajeran a Querube para bajar hacia el salón refrigerado en el que continuaría el conversatorio.

TRAYECTORIA PULCRA

“Es una figura importante en la historia económica y política de Panamá. [Guillermo] Endara decía que podía dormir tranquilo con el contralor que tenía. Él sabía que las finanzas estaban controladas”, contó Menalco Solís, que formó parte de aquel gobierno, mientras el público se volvía a reagrupar para escuchar a Carles.

Y continuaron los relatos: cómo aprendió a hacer los nudos de corbata de gatito con el profesor Richard Neumann en el Instituto Nacional; sus estudios en Estados Unidos; sus almuerzos con David Rockefeller cuando trabajaron juntos en el Chase Manhattan Bank, en Nueva York; su exilio en Guayaquil, Ecuador; y cómo siente que ha cambiado el Movimiento Liberal Republicano Nacional (Molirena), partido al que aún pertenece. “Seguimos allí”, acotó.

Carles también se refirió a la política actual, en la que señaló que hace falta una mayor participación ciudadana. “Tenemos que convencer a los panameños que es necesario participar en política. Si tú no te metes en política, otros te van a mandar. Hay que participar más, porque a la hora de votar, todos votamos”, dijo quien fuese ministro en varias oportunidades y también presidente de La Prensa. “El país necesita opinión”, agregó.

“Yo voté por [Ricardo] Martinelli, pero no vuelvo a votar por él otra vez, no te preocupes”, analizó Carles, que también recordó su pasaje en 1994 cuando fue candidato presidencial por el Molirena. “Y me dieron una paliza”.

La palabra se distribuyó, y los invitados tuvieron la oportunidad de recordar cuentos que involucraban al protagonista de la noche, que escuchaba atento todas las anécdotas. Cuando Carles recuperaba el micrófono, le agradecía al locutor por su gesto, y usualmente mencionaba al padre del mismo.

“Es el más destacado servidor público que haya tenido este país”, comentó I. Roberto Eisenmann, con quien Carles compartió exilio en Guayaquil. “Honesto, íntegro y dedicado las 24 horas del día. Es, en todo sentido, un singular patriota”, agregó.

Luego de un video de casi cinco minutos, en el que aparecieron fotos de Carles cuando joven, de funcionario y jubilado, el excontralor y su esposa aceptaron una distinción cada uno y se abrazaron con fuerza.

“Este país necesita más Chinchorros”, coincidieron todos.

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