ÁREAS PROTEGIDAS

Coiba, el infierno que se convirtió en un paraíso 100 años después

A partir de 1919, Coiba comenzó a operar como una colonia penal; fue cerrada en 2004 y desde entonces se ha convertido en una de las áreas protegidas más valiosas del país.

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Narciso Batista González fue uno de los últimos reos en salir del del penal de Coiba, y en la actualidad se mantiene trabajando como guardaparques en el lugar. Alexander Arosemena Narciso Batista González fue uno de los últimos reos en salir del del penal de Coiba, y en la actualidad se mantiene trabajando como guardaparques en el lugar. Alexander Arosemena
Narciso Batista González fue uno de los últimos reos en salir del del penal de Coiba, y en la actualidad se mantiene trabajando como guardaparques en el lugar. Alexander Arosemena

Si el penal de Coiba –una isla perteneciente a la provincia de Veraguas– aún funcionara, hoy estaría cumpliendo 100 años. Aquel sitio que una vez fue un infierno para muchas personas, ahora es un paraíso.

En el sitio, que hace 15 años fue declarado área protegida, quedan restos de la vieja estructura de la prisión, que tenía unos 23 campamentos para prisioneros.

Es un escenario que tiene muy presente Narciso Batista González, uno de los últimos reos que salió de Coiba y quien durante las últimas décadas ha sido el guardián de este parque natural, situado en el océano Pacífico. Su apodo es Mali Mali, que en lengua guna significa “huesudo”.

La relación de Mali Mali con Coiba data de 1988, cuando cayó detenido en ciudad de Panamá, por un caso de homicidio. Él afirma que se le involucró de manera injusta.

Tenía 23 años y no asimilaba la idea de estar detenido. Por ello, asegura, estando en la hoy desaparecida cárcel Modelo, en El Chorrillo, cometió una falta con el objetivo de ser trasladado a Coiba y, una vez allí, fugarse.

“Yo pedí el traslado de La Modelo a Coiba”, dijo el hombre de origen guna, de 56 años.

Su primer contacto con la apartada isla no le resultó acogedor, debido a que apenas llegó fue ingresado a una celda de castigo por dos días.

Como muchos reos en Coiba, planeó fugarse y no lo concretó. “Antes de la invasión [de Estados Unidos a Panamá] en 1989, el que se fugaba de Coiba no vivía para contarlo, simplemente lo desaparecían”, aseguró.

Durante los años que estuvo allí, Mali Mali dice haber visto a muchos reos morir, pero con el paso del tiempo, también se hizo un prisionero de confianza para los custodios, ya que las destrezas sobre la pesca aprendidas en su natal Guna Yala le permitían moverse con soltura. Así le conseguía alimentos a las autoridades del penal.

Sin embargo, la dinámica de su relación con la isla cambió en 1991, cuando mediante un decreto ejecutivo, Coiba se convirtió en un área protegida. Eso motivó que entre 1992 y 1993 comenzaran a llegar los primeros científicos nacionales y foráneos a investigar la flora y fauna.

Este grupo de expertos requería un guía y como era una de las personas de confianza del lugar lo recomendaron para la labor de acompañar a los investigadores. “Allí cambia todo para mí y empiezo a guiarlos desde 1993 hasta 1998, cuando salgo en libertad”, expresó.

Una vez sin compromiso con el sistema penitenciario continuó su labor como guardaparques, como parte de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancon), que le dio una primera oportunidad laboral, y luego para el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

En 2011, ingresó a las filas de la extinta Autoridad Nacional de Ambiente, hoy Ministerio de Ambiente.

Narra que poco a poco se fue percatando de la importancia ecológica del sitio donde estaba trabajando y lo que debía custodiar. En estos años le tocó ver cómo Coiba fue declarado por ley zona de reserva en 2004, y en 2005, Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés).

Para Mali Mali, hay que seguir protegiendo Coiba porque es un paraíso terrenal: “Coiba tiene especies endémicas y es refugio de especies en peligro de extinción. Además, es un laboratorio al aire libre donde se pueden hacer muchas investigaciones y puede que haya en sus bosques algún remedio que sirva a la humanidad. Coiba es algo impresionante”.

En palabras del guardaparques, no es necesario alterar el estado actual de Coiba y tampoco construir pistas o nuevos hoteles para turismo. Es decir, hay que mantener su proceso ecológico intacto para que los turistas puedan apreciar su imponente belleza.

Estos detalles también son contados por Mali Mali en un libro escrito por él, que será presentado hoy por la Autoridad de Turismo de Panamá bajo el título: Baico.

Su mensaje final es claro: “La ley de Coiba cumple 15 años y hay que internarse en la cultura de las áreas protegidas, ya que necesitamos más apoyo como guardaparques. Nosotros hacemos el trabajo con amor y hay que introducir esta cultura en las escuelas para ganar el interés de los jóvenes”.

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