Delincuencia

Colón, en riesgo por pandillas y narcotráfico

Redes criminales se aprovechan de la plataforma logística, admiten fiscales del Ministerio Público.

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La posición estratégica de Colón, que le permite una actividad comercial importante, también es un imán para la delincuencia. Archivo La posición estratégica de Colón, que le permite una actividad comercial importante, también es un imán para la delincuencia. Archivo
La posición estratégica de Colón, que le permite una actividad comercial importante, también es un imán para la delincuencia. Archivo

Las estadísticas lo confirman: la provincia de Colón se ha convertido en los últimos años en una de las regiones más peligrosas del país, con una tasa de homicidios de 26.2 casos por cada 100 mil habitantes, el doble de la registrada en el resto del istmo.

De acuerdo con reportes del Ministerio Público, solo en 2018 hubo 91 homicidios, la mayoría de estos ligados al tráfico de drogas.

Para ser concretos, el 80% de los homicidios reportados en la región tiene relación con el tráfico o venta de drogas, que usualmente llegan a las costas de la provincia procedentes de Colombia, según lo confirmó el fiscal primero de Drogas, Markel Mora.

Según el fiscal, la plataforma logística de la provincia, con sus puertos y la Zona Libre, se convierte en escenario propicio para el tráfico de estupefacientes.

Las pandillas locales protegen los cargamentos e incluso se encargan de introducirlos en contenedores y movilizarlos a contrato de los narcocarteles, dijo.

Nahaniel Murgas, fiscal antipandillas, detalló que en Colón operan 42 pandillas, la mayoría en el centro de la ciudad, aunque con actividades en las áreas costeras.

Según Murgas, en los últimos dos años fueron desmanteladas otras 17 pandillas y solo en 2017 se procesó a 272 personas vinculadas con estas organizaciones delictivas, responsables de la inmensa mayoría de los crímenes, como se dijo.

Colón, entre drogas y pandillas

Las 14 calles que conforman la ciudad de Colón se han convertido, en conjunto, en una de las áreas más violentas y peligrosas del país.

Así lo confirma la tasa de homicidios: 26.2 por cada 100 mil habitantes, casi el doble de la tasa que se registra en la provincia de Panamá y el resto del país, según estadísticas del Ministerio de Seguridad Pública.

Este escenario se traduce en un alto grado de inseguridad para los residentes, quienes se ven obligados a encerrarse en sus casas desde que anochece.

Expertos en seguridad afirman que la plataforma logística pone a Colón en las grandes ligas del área internacional de servicios, pero es, a la vez, un arma de doble filo, de la que se valen los grupos del crimen para transportar drogas.

Aparte de la Zona Libre, Colón cuenta con un sistema portuario muy activo, con los puertos de Colón Container Terminal, Manzanillo International Terminal, Panamá Ports (Cristóbal) y Colón Port Terminal. Además, posee un puerto de cruceros.

La exfiscal de Drogas Aminta Corro, que por muchos años laboró en la provincia de Colón, explicó que la droga puede entrar a la ciudad de muchas formas: a través de lanchas rápidas o de cabotaje por las playas adyacentes a la costa arriba y costa abajo, o a la comarca de Guna Yala, desde donde es transportada por carretera en contenedores cerrados provenientes del sur, en los que la camuflan con la mercancía lícita, o la esconden en sus paredes o techos, que bien pueden ser descargados para su trasbordo, o siguen en tránsito.

Explicó que si lo que se pretende es cargar el contenedor con droga en un puerto para su posterior envío a Estados Unidos o Europa, intervienen muchas personas que integran bandas, organizaciones o pandillas con diversas ocupaciones, que incluyen el transporte de los estupefacientes dentro y fuera del puerto.

Si el propósito es la venta local, Corro detalló que la droga es distribuida por los capos en una suerte de estructura piramidal, que va permeando entre grupos y organizaciones hasta llegar al menudeo en las calles. En este esquema participan tanto pandilleros como vendedores independientes, o incluso tumbadores. Estos últimos integran bandas que roban a otras bandas.

Como toda actividad ilícita, el narcotráfico local o internacional lleva intrínseco una enorme carga de violencia, aseguró Corro.

Y es por ello que cualquier “extravío” o tumbe de la mercancía, o cualquier soplo a las autoridades o a pandillas rivales, se paga con la muerte.

Para las ejecuciones, el último eslabón en la espiral de violencia, los grupos contratan a menores de edad, por lo general miembros de pandillas.

En lo que respecta a la conexión entre los narcocarteles colombianos y mexicanos –los primeros dedicados a la producción y los segundos a la distribución– Corro consideró que las bandas locales no tienen mayor injerencia, aunque algunas son contratadas por los grupos del crimen organizado que se encargan de dicha intermediación.

Decomisos

De acuerdo con el fiscal primero de Drogas, Markel Mora, durante el año pasado fueron decomisadas en la provincia de Colón 14 toneladas de estupefacientes, una cantidad solo superada por las incautaciones en la provincia de Panamá, que totalizaron 18.3 toneladas.

En 2018, la Fiscalía de Drogas efectuó 24 operaciones en los puertos de Colón: 11 en Panamá Ports (Cristóbal), 11 en Manzanillo y 2 en Colón Container Terminal. Expandir Imagen
En 2018, la Fiscalía de Drogas efectuó 24 operaciones en los puertos de Colón: 11 en Panamá Ports (Cristóbal), 11 en Manzanillo y 2 en Colón Container Terminal.

Al igual que Corro, Mora comparte la tesis de que las facilidades logísticas de Colón son usadas por el narcotráfico internacional y el local.

“Los puertos son una plataforma para el tráfico de drogas y esta es una realidad con la que se debe trabajar al momento de establecer estrategias para minimizar el delito”, añadió.

Prueba de ello, según Mora, es que el 47 % de la droga decomisada en la provincia de Colón fue ubicada en los puertos.

De hecho, en 2018, la Fiscalía de Drogas efectuó 24 operaciones en los puertos de Colón: 11 en Panamá Ports (Cristóbal), 11 en Manzanillo y 2 en Colón Container Terminal.

Mora precisó que la mayoría de la droga llega a Colón por las costas, ya sea en lanchas rápidas, botes artesanales o buques de gran calado, donde es ocultada entre la carga lícita.

Explicó que una modalidad de transporte de drogas usada por los narcotraficantes es la que se conoce como contaminación subacuática, la cual consiste en adherir a la parte sumergida del casco del barco cargamentos de hasta 200 kilos de droga, adaptación que, por lo general, es efectuada por equipos especiales de buzos y personal que se mueve en los puertos.

En esta modalidad, los narcos solo vigilan el barco durante su recorrido hasta el puerto de destino.

La actividad origina que los pandilleros locales se dediquen a dar seguridad a los cargamentos, lo que, como se dijo, puede degenerar en enfrentamientos por el control de los cargamentos.

Los cabecillas de las pandillas reciben sus pagos en drogas, lo que, a su vez, genera un microtráfico local importante y la disputa por el control de los territorios.

De aquí se desprenden actividades como el sicariato por ajustes de cuentas, y el blanqueo de capitales para justificar el ingreso de dinero proveniente del narcotráfico, que se concreta a través de testaferros que regentan negocios legales.

Según el fiscal, este importante movimiento de dinero se confirma, por ejemplo, con el hecho de que los jefes de las pandillas usan carros valorados en $70 mil y viven en casas de $500 mil, pero cuando se les investiga se determina que esas propiedades pertenecen a sociedades anónimas o empresas.

Pandillas

Nahaniel Murgas, fiscal antipandillas del Ministerio Público, confirmó que en la provincia de Colón operan al menos 42 pandillas, la mayoría en la ciudad.

Esa atomización territorial y la multiplicidad de actores, dijo, es lo que genera las constantes confrontaciones por apoderarse del control de la venta de drogas.

Murgas afirmó que todas esas pandillas están identificadas y que ya fueron procesados los miembros de 17 de ellas.

Algunas, dijo, se activan para contratos específicos.

Muchos de los miembros de estas pandillas son menores de edad, por lo que se les debe procesar bajo un régimen especial que escapa a su jurisdicción.

Y por dicha prerrogativa, precisamente, se les escoge para llevar las drogas y cometer homicidios. Si son detenidos, sus casos tendrán un manejo judicial diferente y, de ser condenados, la sanción puede no ser tan dura como las que se aplica a los adultos.

De acuerdo con Murgas, el trabajo más común de las pandillas en Colón es la venta al menudeo de drogas, que obtienen como pago por la protección y a veces por el transporte de cargamentos provenientes de Colombia.

Reconoció que también hay grupos dedicados al tumbe de drogas, lo que propicia asesinatos entre los miembros de las bandas.

Entre 2016, 2017 y 2018 hubo en Colón 215 homicidios, la mayoría de estos relacionados con drogas. Solo en 2018 hubo 91 casos, según el Ministerio Público.

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