URBANISMO

Crecimiento de la ciudad merma su saneamiento

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Pese a que el Programa de Saneamiento se ejecuta en la cuenca del río Matasnillo, los niveles de contaminación no mejoran sustancialmente. A raíz de eso, realizan un estudio para conocer las obras que deben ejecutarse en el lugar. Pese a que el Programa de Saneamiento se ejecuta en la cuenca del río Matasnillo, los niveles de contaminación no mejoran sustancialmente. A raíz de eso, realizan un estudio para conocer las obras que deben ejecutarse en el lugar.
Pese a que el Programa de Saneamiento se ejecuta en la cuenca del río Matasnillo, los niveles de contaminación no mejoran sustancialmente. A raíz de eso, realizan un estudio para conocer las obras que deben ejecutarse en el lugar. Roberto Cisneros

Algunas de las principales cuencas hídricas del distrito de Panamá presentan una leve mejoría desde que comenzó a operar la planta de tratamiento de aguas residuales; no obstante, hay otros cuerpos de agua en los que no disminuyen los niveles de contaminación.

Por ejemplo, el Programa de Saneamiento contrató estudios para encontrar mejores soluciones a las cuencas de los ríos Matasnillo y Curundú, ya que la gran cantidad de estructuras, edificaciones, inmuebles y comercios ha provocado nuevas descargas sanitarias sin tratamiento alguno.

En la capital hay aproximadamente 30 mil personas más cada año.

Crecimiento urbano impacta saneamiento de las cuencas

El agua de las principales cuencas hídricas de la ciudad de Panamá, donde se lleva a cabo el programa de saneamiento, comienza a cambiar, pero aún presenta altos niveles de contaminación.

Por primera vez, esta entidad cuenta con indicadores sobre cómo ha evolucionado el agua de cuencas como Tocumen, Tapia, Juan Díaz, Abajo, Matías Hernández, Matasnillo y Curundú, desde que comenzó a funcionar la primera etapa de la planta de tratamiento en 2013.

Un informe del Programa de Saneamiento da cuenta de que en 2014, cuando se hizo la primera medición de los índices de calidad, el agua del 85% de esas cuencas hídricas fue calificada como “pésima y mala”, mientras que el otro 15% como moderada.

En 2018, la realidad varió: el 40% pasó a “pésimo y malo” y el 60% restante a moderado.

Como parte de la evaluación, se colocaron dos estaciones de monitoreo en cada cuenca hídrica, desde el río Tocumen hasta el Curundú.

Además, se calificó como “pésimo y malo” el índice de calidad del agua que no es apta para los animales ni para el hombre, mientras que “moderado o regular” quiere decir que es apto para la fauna acuática, mas no para las personas.

Cuencas contaminadas

Cuando se analiza cuenca por cuenca, hay algunas que presentan más altos niveles de contaminación que otras.

Además, hay unas que han mejorado más que otras en ese lapso de cuatro años (2014-2018).

Por ejemplo, en 2018 el río Curundú es el único que presenta una calidad de agua evaluada como “pésima”, mientras que en el rango de “mala” están Matasnillo, río Abajo, Matías Hernández, Palomo y Tapia. También se valoró la quebrada La Gallinaza, que recorre una buena parte del corregimiento de Juan Díaz, y el estado de su agua fue calificado como “malo”.

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Crecimiento urbano impacta saneamiento de las cuencas

El Programa de Saneamiento informó que se han encontrado mayores desafíos en el tratamiento de las aguas del Matasnillo y Curundú, debido a la cantidad de estructuras, edificaciones, inmuebles y comercios de gran tamaño que han provocado la situación actual de descargas sanitarias sin tratamiento alguno.

Para brindar una solución a las descargas, la institución tiene en ejecución una consultoría que incluye efectuar los estudios técnicos y planificar las soluciones definitivas, ya que el sistema sanitario existente –que data de los años 1950– presenta “dificultades de acceso” para efectuar reparaciones, conexiones y mejoras.

En el caso del Matasnillo, el alcance de las obras a desarrollar abarca soluciones sanitarias en los sectores Dos Mares, parte de El Dorado, El Ingenio, Villa Cáceres, Miraflores, Hato Pintado, Carrasquilla, Parque Recreativo Omar Torrijos, El Paical, área bancaria y parte de San Francisco.

El urbanista Manuel Trute conoce bien esta realidad, ya que fue jefe de la Dirección de Planificación Urbana de la Alcaldía de Panamá.

Para él, la clave está en la implementación del “plan de ordenamiento territorial” para el distrito de Panamá, ya que esa herramienta no solo permite a promotores y comunidades saber dónde y cómo se puede desarrollar o construir, sino que también le da una idea a las instituciones públicas, en este caso el Programa de Saneamiento, de dónde se tiene que crear la infraestructura que requiere el distrito.

Según Trute, “es notorio” el crecimiento de la huella urbana y de la población todos los años en el distrito de Panamá, lo que impacta de alguna manera sobre el programa de saneamiento y el tratamiento de las aguas.

De hecho, como parte de los estudios que llevó a cabo el Municipio para elaborar el plan de ordenamiento territorial del distrito, se hicieron proyecciones demográficas que precisan que, en promedio, en el área metropolitana (Panamá, San Miguelito, Arraiján y La Chorrera) cada año hay 30 mil habitantes más.

A ese ritmo, se espera que el área metropolitana albergue más de un millón de nuevos habitantes, llegando a una población de alrededor de 2.7 millones de personas en 2050. Eso si se toma en cuenta que en la actualidad hay 1.7 millones en el área metropolitana.

“Definitivamente, la ciudad necesita el proyecto de saneamiento, pero para mejorar su efectividad se requiere de planificación y eso lo brinda un plan de ordenamiento territorial”, acotó.

En tanto, María Chávez, presidenta de la Red Ciudadana Urbana de Panamá, dijo que para rescatar estos recursos hídricos se deben crear varias plantas de tratamiento por cantidad de habitantes y hacer mucho énfasis en el tema del mantenimiento de estas, porque de lo contrario será “en vano” la inversión de millones de dólares que se viene haciendo desde el año 2001.

Nuevo módulo

Ante este crecimiento poblacional, en el Programa de Saneamiento apuestan por la puesta en marcha del segundo módulo o etapa de la planta.

La primera fase inició operaciones en el año 2013 y actualmente trata 2 mil 800 litros por segundo de aguas residuales, y con la ampliación quedará con una capacidad de 5 mil 500 litros por segundo, equivalentes a la cantidad de agua en 200 piscinas olímpicas por día, agua que ya no sería vertida a los ríos ni a la bahía de Panamá.

Además, en el año 2015, el alcance del Programa de Saneamiento se expandió a Panamá Oeste, donde busca alcanzar a 400 mil personas.

Una parte de este sistema (Arraiján) está en construcción y la otra (La Chorrera), en licitación.

Desde que comenzó en 2001, para la ejecución del programa de saneamiento de la ciudad y la bahía de Panamá, junto con la extensión a Panamá Oeste, se han destinado aproximadamente $2 mil millones.

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