PLANIFICACIÓN TERRITORIAL

Crecimiento horizontal deja sin tierra la urbe

Solo quedan unas 700 hectáreas de terreno no ocupado dentro del área intervenida en los distritos de Panamá, San Miguelito, Arraiján y La Chorrera.

Población en zonas de riesgo, y manglares talados

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El desarrollo residencial de Brisas del Golf (en la foto), en San Miguelito, es uno de los ejemplos del crecimiento horizontal (residencias unifamiliares). Ricardo Iturriaga - El desarrollo residencial de Brisas del Golf (en la foto), en San Miguelito, es uno de los ejemplos del crecimiento horizontal (residencias unifamiliares). Ricardo Iturriaga -

El desarrollo residencial de Brisas del Golf (en la foto), en San Miguelito, es uno de los ejemplos del crecimiento horizontal (residencias unifamiliares). Ricardo Iturriaga -

Expertos en urbanismo y miembros de organizaciones sociales plantean que los panameños compran viviendas en las afueras de la capital, porque en la ciudad los precios se están volviendo inacceciles para la clase trabajadora. A la izquierda, otra parte del desarrollo en San Miguelito, y a la derecha, en Arraiján.Ricardo Iturriaga- Expertos en urbanismo y miembros de organizaciones sociales plantean que los panameños compran viviendas en las afueras de la capital, porque en la ciudad los precios se están volviendo inacceciles para la clase trabajadora. A la izquierda, otra parte del desarrollo en San Miguelito, y a la derecha, en Arraiján.Ricardo Iturriaga-

Expertos en urbanismo y miembros de organizaciones sociales plantean que los panameños compran viviendas en las afueras de la capital, porque en la ciudad los precios se están volviendo inacceciles para la clase trabajadora. A la izquierda, otra parte del desarrollo en San Miguelito, y a la derecha, en Arraiján.Ricardo Iturriaga-

Crecimiento horizontal deja sin tierra la urbe Crecimiento horizontal deja sin tierra la urbe

Crecimiento horizontal deja sin tierra la urbe

Proyecto en Panamá Oeste. Proyecto en Panamá Oeste.

Proyecto en Panamá Oeste.

Lo que era un secreto a voces fue confirmado en un estudio elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a petición del Municipio de Panamá: el área metropolitana crece sin ningún tipo de planificación y el modelo horizontal nos está dejando sin tierra

La investigación, que se centra en las provincias de Panamá y Panamá Oeste (área metropolitana), señala que la huella urbana (lo intervenido o construido) crece a un ritmo desmedido que, de continuar, a 2050 traerá como consecuencia más problemas urbanos y gastos millonarios.

El documento plantea que en los distritos de Panamá, San Miguelito, La Chorrera y Arraiján la huella urbana era de 31 mil 997 hectáreas al año 2015 -cuando se hizo el estudio- y si la tendencia continúa, se elevará hasta 50 mil 468 hectáreas para 2050.

Esto conlleva un consumo anual de un poco más de 500 hectáreas de nuevo suelo habitado, en los cuatro distritos mencionados. La cifra representa unas 10 veces el Parque Recreativo y Cultural Omar, en San Francisco, que mide cerca de 50 hectáreas.

La propuesta

Manuel Trute, director de Planificación Urbana del Municipio de Panamá, dijo que este estudio fue utilizado para elaborar el Plan de Ordenamiento Urbano del Distrito de Panamá, que fue consultado con todos los sectores interesados: promotoras, residentes, urbanistas, etc.

A su vez, subrayó, el plan distrital servirá para planificar el crecimiento urbano del distrito para los próximos años. Esto, según Trute, tomando en cuenta que la huella urbana del área de estudio ha experimentado un crecimiento “desmesurado” y “descontrolado”.

Y así lo demuestran las cifras. En 1970 la huella urbana del área metropolitana de Panamá era de 7 mil 92 hectáreas; para 1990 pasó a 11 mil 952 hectáreas, y en la actualidad ocupa 31 mil 997.

“El crecimiento urbano es espacialmente incontrolado y muy extenso, lo que dificulta su gobernabilidad”, manifestó el funcionario.

Uno de los aspectos que plantea Trute es que entre los distritos de Panamá y La Chorrera hay unos 80 kilómetros lineales, en los que habitan 1.5 millones de personas, mientras que en ciudades como Bogotá, en Colombia, que pueden tener unos 45 kilómetros lineales, habitan 8 millones de personas.

Frente a la realidad expuesta por el estudio, advirtió que se debe detener el crecimiento horizontal del área metropolitana y realizarlo de forma vertical. “No se trata de hacer grandes torres, sino de edificios de entre 5 y 10 pisos, para que todas las personas estén cerca al centro”, apuntó.

La génesis del caos

El estudio del BID destaca que el área metropolitana se caracteriza por su forma alargada, y su desarrollo urbano ha estado marcado por el Canal de Panamá, elemento divisor de las provincias de Panamá y de Panamá Oeste.

De hecho, se afirma que la vía interoceánica cambió la fisonomía de la zona, propiciando una migración del campo a la ciudad, producto de la industrialización y las importaciones. Como consecuencia de eso, en los años 1960, luego de la construcción del puente de las Américas, el área de mayor recepción urbana fue San Miguelito, en el sector de la carretera Transístmica.

Con esto, se propició la aparición de los asentamientos informales, los cuales, de acuerdo con el estudio, representan casi el 40% de la huella urbana del área metropolitana. En total, al menos 585 mil habitantes del área de estudio vivían en ese momento en zonas residenciales informales o precarias.

En cuanto a los distritos de Arraiján y La Chorrera, tradicionalmente habían sido paso obligado de inmigrantes cuyo destino era la ciudad de Panamá. Sin embargo, ahora mismo este sector (Panamá Oeste) se ha convertido en una importante área de crecimiento de las llamadas ciudades dormitorio.

El espacio disponible

Como parte de la investigación, se identificaron en los distritos de Panamá, San Miguelito, Arraiján y La Chorrera unas 700 hectáreas de tierra no ocupada dentro de la huella urbana. Eso significa que dentro de las zonas ya intervenidas o construidas hay esa cantidad de hectáreas (lotes vacíos) que servirían para futuros desarrollos.

No obstante, en el documento también se menciona una propuesta del Municipio de Panamá para la densificación cualificada y expansión ordenada, como alternativas a la suburbanización incontrolada del escenario actual. Este plan se hizo con proyección a 2050, cuando habrá unos 2.7 millones de habitantes, es decir, un millón más de los que existen ahora mismo en el área metropolitana.

En total, se contemplan más de 5 mil 200 hectáreas de nuevas zonas de expansión (fuera de la huella urbana actual), que suponen, al menos, 160 mil nuevas viviendas, que acogerían a 546 mil 600 habitantes aproximadamente.

Esos nuevos desarrollos irían desde Pacora, en el distrito de Panamá, hasta los límites de La Chorrera, con el distrito de Capira.

María Chávez, presidenta de la Red Ciudadana Urbana de Panamá, difiere de algunos planteamientos del Municipio.

“Nos es lo mismo Panamá que Bogotá, ya que hay zonas verdes del centro que se deben proteger por el Canal de Panamá y su cuenca hídrica. El Canal te obliga a mantener una gran franja verde que no se puede tomar para casas”, manifestó.

Chávez agregó que lo que se debe hacer es establecer polos de desarrollo en las ciudades del interior de la República, para que las personas no emigren. “Eso le quita mucha presión a la ciudad”, alegó.

Además, consideró que los precios de las viviendas en la ciudad se están volviendo inaccesibles para la clase trabajadora.

Población en zonas de riesgo, y manglares talados

El estudio del BID      también se refiere a la población que reside en zonas vulnerables a desastres y cómo avanza la huella urbana en áreas como los manglares. Por ejemplo, precisa que el aumento de la huella urbana sin planificación  hace que algunos de los nuevos crecimientos se ubiquen en zonas de riesgo, llegando a ocupar unas 5 mil  hectáreas en zonas afectadas por inundaciones.

Por otra parte, menciona que continúa el crecimiento urbano en áreas de alto valor ecológico, con tala de manglares y nuevos rellenos, buscando una forzada relación costa-ciudad. Destaca el caso de Costa del Este,  donde está planificada la construcción de unas 20 mil viviendas en  zonas de manglar.   “Si la tendencia continúa, un total de 864 hectáreas de manglares podrían ser ocupadas”, puntualiza la investigación.

Asimismo, especifica que la falta de rigor en la aplicación de las normas de protección, también  permite que aparezcan crecimientos en zonas protegidas, como es el caso de Altos de Curundú, que se expande por el cerro de Camino de Cruces.

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