LÍDER DE LA REVOLUCIÓN

Cuba: el hombre y el caudillo

El líder revolucionario es enaltecido como ‘el invicto, ‘el gigante de siete leguas’, ‘el padre de todos’.

Calla la guitarra de Silvio

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Las residencias locales fueron adornadas con las banderas cubanas para recibir la caravana con las cenizas de Fidel Castro. Las residencias locales fueron adornadas con las banderas cubanas para recibir la caravana con las cenizas de Fidel Castro.

Las residencias locales fueron adornadas con las banderas cubanas para recibir la caravana con las cenizas de Fidel Castro. Foto por: AFP/Juan Barreto

Las personas se alinean al borde la carretera para mirar el paso del convoy que lleva la urna con las cenizas durante su viaje de cuatro días a través de la isla. Las personas se alinean al borde la carretera para mirar el paso del convoy que lleva la urna con las cenizas durante su viaje de cuatro días a través de la isla.

Las personas se alinean al borde la carretera para mirar el paso del convoy que lleva la urna con las cenizas durante su viaje de cuatro días a través de la isla. Foto por: AFP/Pedro Pardo

La caravana que lleva la urna con las cenizas de Fidel Castro llega hoy a Santiago. La caravana que lleva la urna con las cenizas de Fidel Castro llega hoy a Santiago.

La caravana que lleva la urna con las cenizas de Fidel Castro llega hoy a Santiago. Foto por: AFP/Yamil Lage

Fidel Castro está en todas partes. En los portales de las casas, en los postes de la luz, a orilla de una carretera. Aparece en las paredes de las instituciones públicas, y está en el lobby de los hoteles. Su cara se repite una y otra vez en camisetas, afiches, gorras y en los periódicos de la isla.

Desde que el mundo se enteró de su muerte el pasado viernes 25 de noviembre, la imagen del hombre y el mito, al menos en Cuba, se eleva, y se mimetiza en la cotidianidad del cubano.

Documentales, entrevistas, testimonios de su hazaña, largos discursos, trovas que lo comparan con seres etéreos, incluso con Jesucristo. Desde la madrugada del pasado 26 de noviembre, la única programación que se ve en los televisores cubanos es todo lo que tiene que ver con la vida del hombre que rigió los destinos de la isla por casi 50 años. Un dictador para muchos, un tirano para otros, un soñador para sus seguidores, un revolucionario para los de su generación. Aquí nada de esto importa. No hay discusión.

La estructura del Estado y una buena parte de la población se ha volcado a las calles para decirle adiós al barbudo que el 1 de enero de 1959 derrocó a Fulgencio Batista, y que para bien o para mal, impuso el socialismo en la mayor de las Antillas.

La caravana de la libertad, como se ha denominado al cortejo fúnebre que transporta las cenizas del revolucionario al cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, y que partió de La Habana en la fría mañana del miércoles pasado, fue recibida en cada provincia con homenajes, discursos grandilocuentes, banderas, y consignas rebeldes. “Yo soy Fidel, yo soy Fidel” es la frase que ha marcado el luto, el duelo, la ausencia. La televisión narra minuto a minuto la llegada de la delegación a cada poblado. Antes de llegar a Santiago pasó por Matanzas, Cárdenas, Santa Clara, Cienfuegos, Camagüey, Las Tunas, Holguín y Bamayó.

Llovía en Camagüey cuando el carro militar que carga las cenizas de Castro, y los vehículos de color verde oliva que lo escoltan, llegaron a la Plaza de la Revolución Ignacio Agromonte Loynaz, espacio público que inauguró el gobernante muerto en julio de 1989. Hubo vigilia, cantos y discursos. Esta escena se repetía en todas las provincias.

El coctel de palabras para enaltecer la figura de Castro se compone de frases de largo aliento: “el comandante eterno”, “el líder histórico de la revolución cubana”, “el padre de todos”, “Fidel es Cuba, Cuba es Fidel”, “el legendario guerrillero de la sierra maestra”, “el gigante de América”, “el gigante de siete leguas”, “el invicto”.

Algunos cubanos críticos de lo que consideran un “desmedido culto a Castro”, consideran que el fenómeno traspasa lo político. Va más allá. Se mete en lo personal, en la vida misma, influye en la dinámica de los portales de las casas, y hasta se diluye en las emociones.

“Siempre soñé con sobrevivir a Fidel”, dice Luis Miguel, un abogado de 32 años que durante su juventud militó en las juventudes del Partido Comunista, pero que ahora se dice desencantado del sistema. Él cuestiona que se le compare con Dios, que lo perciban perfecto, divino, mítico, sublime, inabarcable, sin errores. Aun así, narra sin tapujos lo que ha dejado la partida de Castro, al menos en la periferia de La Habana, donde vive. “Si usted pregunta, ¿cómo está Cuba?, yo le digo la verdad. Hay gente muy dolida con la muerte de Fidel. No lo voy a negar”.

UNA CANCIÓN

El simbolismo que encarna a Castro en la isla también está presente en una canción que por estos días suena en la televisión, en la radio y en las redes sociales casi todo el tiempo. Se trata de una trova que compuso Raúl Torres, pero que ahora canta Luna Manzanares. Aquí aparece como un ser inmortal.

“Hombre, los agradecidos te acompañan. Cómo anhelaremos tus hazañas, ni la muerte cree que se apoderó de ti. Hombre, aprendimos a saberte eterno, así como Olofi y Jesucristo. No hay un solo altar sin una luz por ti…”.

“Hoy no quiero decirte Comandante, ni barbudo, ni gigante, todo lo que sé de ti. Hoy quiero decirte padre mío, no te sueltes de mi mano, aún no sé andar bien sin ti…”.

El homenaje de hoy en Santiago de Cuba está programado para las 7:00 a.m. La maquinaria para el acto se puso en marcha días atrás, de acuerdo con el periódico oficialista Granma. Sillas, luces, micrófonos, equipos de audio, todo está listo. Luego las cenizas serán llevadas al cementerio Santa Ifigenia, de esa ciudad, y precisamente donde reposa el héroe cubano José Martí y una treintena de generales de gestas independentistas de este país. La simbología que reviste a este acontecimiento podría estar ligada a un hecho curioso. Será enterrado mañana, 4 de diciembre, precisamente el día de Changó, el dios yoruba que, de acuerdo a la santería, gobierna los relámpagos, el trueno, y el fuego. Changó es viril, y es el dueño del baile. Un guerrero, y según las creencias cubanas, es el padre de la justicia.

Calla la guitarra de Silvio

Silvio Rodríguez siempre fue inherente a la revolución cubana. El cantautor aparecía en concentraciones y conciertos con el socialismo como razón de ser.
“Dicen que me arrastrarán por sobre rocas cuando la Revolución se venga abajo, que machacarán mis manos y mi boca, que me arrancarán los ojos y el badajo”, dice la última estrofa de su canción El Necio, inspirada en la figura de Fidel Castro, según cuentan en Cuba.

Rodríguez casi no se ha visto desde la muerte de Castro, su líder, su hermano. Apenas si se le vio en el homenaje del martes pasado en la Plaza de la Revolución, cuando una periodista de la televisora cubana intentó entrevistarlo.

“Buenos días”, dijo ella. “No son muy buenos los días, la verdad”, le contestó el artista. Y desapareció entre la multitud, entre los cientos de miles que desbordaban las avenidas cercanas a la famosa plaza.

De allí nadie más. No mucha gente sabe del incidente, ni siquiera saben qué es de Rodríguez por estos días. “Yo no le puedo dar esa información, porque yo no sé dónde está el cantautor. Eso nadie lo sabe”, dijo una mesera con tono molesto, que luego descargó su fastidio con uno de los cocineros. “Estás haciendo un muy mal trabajo”, le gritó.

Aunque no aparece físicamente, quizás porque así quiere llevar su duelo, Rodríguez sí lo hace en los homenajes televisivos. Usualmente su trova El Mayor, dedicada a la memoria del Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz que dice así: “Va cabalgando el Mayor con su herida, y mientras más mortal el tajo, es más de vida. Va cabalgando sobre una palma escrita, y a la distancia de 100 años resucita”.

Rodríguez no es el único ausente que sorprende a los cubanos. A la salida de la caravana el miércoles pasado, varios se preguntaron por los expresidentes brasileños Dilma Rousseff y Lula Da Silva. También por la exmandataria argentina Cristina Fernández de Kirchner. Los dos primeros, sin embargo, ya confirmaron su presencia el domingo en la última despedida en Santiago.

El que sí apareció ayer fue el futbolista argentino Diego Armando Maradona, quien, en una entrevista con Telesur, contó que estaba muy triste por la partida de su “segundo papá”. Además, dijo representar a todos los cubanos que quisieron a Castro, así como también pidió disculpas por la ausencia del “millonario [Mauricio] Macri”. “Macri no entiende nada. No se la juega por ningún argentino, y Fidel sí se la jugó por su pueblo”, aseguró el futbolista, quien también viajará hacia Santiago para despedir al líder cubano.

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