DERECHOS HUMANOS

El tapón del Darién, travesía de miseria, muerte y libertad

La densa selva darienita se ha convertido en el punto de encuentro de quienes buscan llegar a Estados Unidos, Canadá o México.

Temas:

El Servicio Nacional de Migración reporta que este año han llegado a la zona fronteriza 10 mil 964 migrantes. El Servicio Nacional de Migración reporta que este año han llegado a la zona fronteriza 10 mil 964 migrantes.
El Servicio Nacional de Migración reporta que este año han llegado a la zona fronteriza 10 mil 964 migrantes. Román Dibulet

La brisa sopla y consigo trae un tenue olor fétido en la comunidad de La Peñita, corregimiento de Metetí, provincia de Darién, donde el sol no sale hace varios días. Su enlodada calle de tierra da pistas de que hace poco llovió intensamente y el cielo nublado avisa que nuevamente se avecina un fuerte aguacero.

Hasta hace algunas semanas, el sitio era casi desconocido para el país. Un caserío rural de unas 50 casas a orillas del río Chucunaque y en la provincia más pobre del país, solo superada por las comarcas indígenas. Está a unas cuatro horas de la ciudad de Panamá y prácticamente perdida entre la selva fronteriza. Su población está compuesta por indígenas y campesinos, incluso personas que hace décadas decidieron venirse de Colombia sorteando las aguas del Chucunaque y huyendo del conflicto armado entre guerrillas del vecino país.

Allí, donde el ingreso familiar al mes oscila entre $75 y $80, todo cambió este año con la masiva llegada de migrantes de Cuba, Haití, Congo, Angola, Bangladesh, Nigeria y Sudán, por mencionar algunos países. Nunca en La Peñita se había visto tanta gente. Ahora, es el lugar de asentamiento de los migrantes para continuar su éxodo hacia Estados Unidos, Canadá o México.

Para muestra, el más reciente informe (mayo 2019) del Servicio Nacional de Migración da cuenta de que hay un repunte en la llegada de migrantes este año. Por ejemplo, en el año 2017 registraron a 6 mil 446 migrantes que ingresaron por Darién, mientras que en 2018 fueron 9 mil 678. Ahora, solo en lo que va de este año, han llegado 10 mil 964.

Los migrantes se abastecen de agua potable de un carro cisterna. Expandir Imagen
Los migrantes se abastecen de agua potable de un carro cisterna. Román Dibulet

De ese total, hay mil 442 en La Peñita, de los cuales 109 son niños y 112 niñas. La zona fue dividida en cuatro secciones o hangares gigantes: uno es ocupado por mujeres, niños y bebés, otro por cubanos que están pidiendo ser declarados como refugiados, y las otras dos grandes carpas por parejas, jóvenes y demás migrantes que forman parte de la caravana. Se calcula que hay 300 tiendas de campaña.

Son las 12:30 p.m., y la intermitente lluvia comienza a caer en La Peñita. Cinco minutos después se vuelve tormenta y el ambiente caótico, la gente corre para refugiarse. Los migrantes que caminaban por el lugar ingresan a sus tiendas de campaña y otros acampan en un viejo granero donde duermen bebés, niños, adolescentes y sus madres. Esta última vieja estructura, que alguna vez almacenó granos de toda la provincia de Darién, no impide el paso de las gotas de lluvia.

También se vuelve una oportunidad que aprovechan varias madres para recoger agua para consumo propio o limpiar a sus bebés. Muchas veces, el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), que tiene una oficina en La Peñita, colabora con ellos y les lleva un carro cisterna, pero no alcanza dada la gran población. Además, por las constantes lluvias y su turbulencia, el agua del Chucunaque solo es utilizada para lavar o bañarse.

Narson y Wenderson

En el granero, que hoy es una pequeña Haití en la selva de Darién, yacía en un viejo y amarillo colchón Narson Senat, un joven haitiano de 15 años de edad, a quien le quedó un terrible recuerdo sobre el tapón del Darién: “olía a carne muerta”. También, que es “muy frío” por las noches y que por nueve días que le tomó caminarlo lo hizo sentir “miserable”.

El joven de ojos saltones y cuerpo delgado, a diferencia de otros niños, niñas y adolescentes del mundo, no se preocupa por ir a la escuela, tampoco por jugar al fútbol o ir al cine. Su atención está en salir de la selva y seguir su camino hacia un “mejor futuro o libertad”, aunque aún no sabe si está en México o en Estados Unidos.

Antes, empero, debe cumplir con ciertos requisitos en el centro humanitario de La Peñita, como pasar revisión de migración y recibir atención médica.

La mirada del chico se pierde en el imponente río Chucunaque, que pasa a un costado del albergue y por el cual hay que cruzar para continuar la ruta hacia el denominado “sueño de tener una oportunidad”.

Mientras se escucha la caída de las grandes gotas de lluvia en el refugio, el agua del Chucunaque, que en algún momento fue clara, se torna chocolate y su caudal embravece. El joven abre más sus ojos y se aprecia el miedo en su mirada. Días antes, los forenses municipales de Darién levantaron los cadáveres de siete personas: cinco adultos y dos niños. “Ya es costumbre que encuentren cuerpos”, dijo.

Los migrantes en Darién se las ingenian para sobrevivir y seguir con su meta: llegar a Estados Unidos. Expandir Imagen
Los migrantes en Darién se las ingenian para sobrevivir y seguir con su meta: llegar a Estados Unidos. Román Dibulet

La información de los cuerpos sin vida también fue confirmada por Jair Cruz, comisionado de la primera brigada oriental del Senafront. De hecho, la semana pasada este medio contó que una familia proveniente de Congo, conformada por cuatro niños y dos adultos, fue arrastrada por el río. Finalmente, solo lograron sobrevivir el padre y uno de los niños, quienes se encuentran en La Peñita.

Pero la historia de migración de Narson no comenzó en el tapón del Darién con 15 años. Salió de Haití a los 5 años rumbo a Venezuela y luego tomó camino con su familia a Brasil, pero la crisis política en el primer país y las rigurosas reglas migratorias y la falta de empleo en el segundo, obligaron a su familia a aventurarse sin rumbo fijo.

Su español es casi perfecto y sueña con culminar sus estudios y volverse un experto en tecnología, pero a Haití no quiere regresar. Narra que el terremoto de 2010 y el huracán de 2016 terminaron de hundir el país.

Solo para tener una idea, el terremoto de 2010 en Haití dejó 316 mil muertos, 350 mil heridos y un millón 500 mil personas damnificadas, mientras que el huracán causó mil muertes, 57 mil heridos y pérdidas por más de $6 mil millones. Esto, sin contar que este es el país más pobre de toda América, según la Organización de Naciones Unidas (ONU).

“Si estoy con vida tras cruzar el tapón del Darién es gracias a Dios. Estuvimos varios días sin comer, porque no estimamos que tardaríamos nueve días. Nuestra dicha fue que encontramos una mata de plátano y eso fue lo que pusimos a hervir y pude comer junto a mis hermanos y padres”, narró el joven.

Hasta el momento, el chico no sabe a qué destino se dirige, pero de lo que sí está seguro es que está buscando un lugar donde se consiga “vida” y donde le brinden una “oportunidad”, ya que en Haití, Venezuela y Brasil no la encontró.

Muy cerca de allí estaba Wenderson Noumun, quien cuenta con 14 años de edad, pero desde los 7 años salió de Haití hacia Venezuela y después se dirigió a Chile. Terminaron en Colombia y por último decidieron realizar la travesía por Darién.

Él y sus padres pasaron ocho días para llegar a Darién, de los cuales cuatro fueron por el río navegando y otros cuatro caminando. Pese al peligro, dijo que no sintió miedo en ningún momento: “es la vida, la vida que me toca enfrentar. Yo no quería venir, porque estaba en la escuela, pero ya no hay vuelta atrás”, contó.

Para suerte de ambos adolescentes, su travesía fue acompañada, porque hay menores que están viajando solos o con personas que no guardan ningún tipo de parentesco con ellos. A estos últimos, la Secretaría de Niñez y Adolescencia (Senniaf) los incluye dentro del grupo de no acompañados. Precisamente, la directora de esa entidad, Yazmín Cárdenas, explicó que en 2019 han detectado 21 de esos casos, y deben detenerlos en su trayecto para comenzar con las investigaciones. Lo que sucede generalmente con ellos es que son repatriados a su país de origen, pero primero deben ponerse en comunicación con algún familiar.

No obstante, Cárdenas se refirió a casos que pueden catalogarse como “tráfico de niños”, que han sido puestos a órdenes de la Senniaf por el Ministerio Público. Específicamente, en este renglón la institución atendió 10 casos el año pasado.

Mujeres preparan los alimentos. Expandir Imagen
Mujeres preparan los alimentos. Román Dibulet

Madres migrantes

Al fondo del hangar en La Peñita hay un bebé con una fuerte tos y secreción nasal. Es el hijo de Lovely Nelson, una mujer de 24 años originaria de Puerto Príncipe, Haití. Le tomó un mes llegar a Panamá.

Partió del Caribe y se dirigió a Chile, con el fin de una “vida mejor”, pero no encontró trabajo en el país suramericano, donde quedó embarazada y dio a luz a su bebé. El papá del niño se quedó en Chile y ella, arriesgada, cruzó Darién para ir a México.

La joven no la pasa muy bien en el albergue. Su hijo de seis meses de nacido está resfriado y le toca compartir con otras madres algunos camarotes. “Mi hijo está enfermo”, dijo Lovely, a quien le tocó atravesar la selva durante una semana con su hijo, Jaison, en brazos.

No sabe de dónde sacó la fuerza, pero narró que las noches eran oscuras y que quizás la motivación de un mejor porvenir para su pequeño no le permitía claudicar en el camino. Por fortuna, iba acompañada de una caravana de migrantes haitianos que, por momentos, la hacían sentir segura, aunque la mayoría eran totalmente desconocidos para ella. “Esto no se lo recomiendo a nadie”, comentó.

Así como esta madre, más de 40 mujeres están en la misma condición dentro del albergue para migrantes, y otras están por dar a luz.

Una tarea colosal

El escenario en el albergue La Peñita refleja que no es una tarea fácil. Muy pocas entidades tienen presencia allí, pese a que la crisis humanitaria por la migración se complica.

Entidades como el Senafront, la Senniaf, la Defensoría del Pueblo y el Servicio Nacional de Migración hacen lo que pueden .

Para el comisionado Cruz, en el Senafront se preocupan de establecer un “flujo controlado” y un protocolo de atención a los migrantes, que implica verificar su perfil, así como brindar atención médica. Una vez se cumpla con todos los requisitos, se les permite seguir hacia la provincia de Chiriquí.

En medio de la gira médica, la directora de la Senniaf argumentó que en el caso de su entidad fiscalizan de forma permanente la asistencia humanitaria y atención a niños y adolescentes migrantes, así como a sus familias.

La Senniaf también ha establecido un protocolo para evaluar la realidad de los niños migrantes y su atención, tomando en cuenta que Panamá ha ratificado convenios internacionales con organizaciones de protección de derechos humanos.

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Loteria nacional

20 Oct 2019

Primer premio

8 4 7 0

CDDA

Serie: 10 Folio: 12

2o premio

7993

3er premio

2019

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código