‘In memoriam’

De Elcóaz en Navarra a Panamá…

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Benjamín Ayechu Benjamín Ayechu
Benjamín Ayechu

Aún recuerdo aquella no muy lejana fecha de 23 de agosto de 2011, cuando Roberto Motta Alvarado y Nadhji Arjona me invitaron a acompañarlos a la oficina parroquial de San Lucas Evangelista, en Costa del Este, para que “conociera” al padre Benjamín Ayechu. Roberto y otras personas que siempre profesaron un gran cariño por Benjamín estaban interesados en que se escribiera la biografía del entonces octogenario fraile agustino recoleto y vieron con buenos ojos encomendarme esa tarea. De hecho, Entre dos mundos. Biografía de Fray Benjamín Ayechu, O.A.R., fue mi primer libro, publicado bajo la rúbrica Editorial La Antigua, de la USMA. Cuando entré a aquella oficina, Benjamín estaba sentado en el escritorio, y al verme se levantó y dijo: “Hola, chico, ¿cómo andas?”. Y nos confundimos en un fraternal abrazo. Nadhji y Roberto se extrañaron de ese encuentro, pues no tenían idea de que Benjamín y yo nos conocíamos desde hacía muchos años. En un momento aparte, Nadhji le preguntó a Benjamín por qué nos tuteábamos y él le respondió: “Conozco a Manuel desde que él tenía cinco años. Lo iba a buscar a su casa en el busito que yo manejaba, y lo dejaba en el colegio, ya que de niño él vivía por la calle Carlos A. Mendoza”.

Así fue mi reencuentro con ese extraordinario hombre, cuyos sentimientos de maestro bienhechor hacia su alumno no cambiaron en casi 60 años. Ingresé al Colegio San Agustín en 1955 y Benjamín ya estaba en el plantel de San Felipe, pues fue uno de los que ayudaron a la organización y apertura de este colegio católico y privado, en 1954, año en que arribó a Panamá desde Colombia, luego de haberse ordenado sacerdote y haber laborado en diferentes sitios de ese vasto país.

Benjamín Ayechu Garde nació en Elcóaz, un pueblito de Navarra, el 31 de marzo de 1923. Sus padres y hermanos, nueve en total con Benjamín, formaban una familia humilde de pastores y productores de algunos alimentos; eran muy conservadores y observadores de un profundo cristianismo, como era la mayoría de la gente de esa región. Siendo muy joven, no llegaba aún a los 11 años, cuando Benjamín se sintió atraído por la vida religiosa e ingresó en el Seminario Menor en Artieda, un pueblo cercano al suyo, en septiembre de 1934. Los vientos de la guerra civil en España comenzaron a soplar con fuerza y el conflicto estalló en 1936 y duró hasta 1939. El joven Ayechu permaneció apegado a su vocación, al llamado del Señor, y prosiguió sus estudios sacerdotales cuando las cosas se comenzaron a apaciguar en toda España. No obstante, un conflicto armado de mayores proporciones estalló en Europa el 1 de septiembre de 1939. Benjamín, al igual que otros seminaristas, se vio obligado a abandonar España, arriesgándose a cruzar el océano Atlántico rumbo a Colombia, donde terminó sus estudios sacerdotales y recibió la ordenación, el 3 de febrero de 1946, lejos de su familia y su tierra navarra.

Laboró en diferentes regiones de ese país, donde llegó a arriesgar su vida, pues estuvo a punto de morir baleado. No obstante, vino a Panamá en marzo de 1954 a coadyuvar en la apertura del Colegio San Agustín, que empezó a funcionar en el edificio Bolívar, situado en el barrio de San Felipe. Es el mismo edificio donde hoy encontramos la Cancillería de la República. Allí demostró Benjamín sus quilates como educador, maestro, guía espiritual y, sobre todo, como forjador de amistades imperecederas. De la rectoría del colegio pasó a la rectoría de la Universidad Católica Santa María la Antigua (USMA), un proyecto que le robó el sueño, su tranquilidad y muchos años de salud y vida. Fue el primer rector de esa universidad privada y católica, que él ayudó a forjar contra viento y marea, sostenido por su lema de siempre: “Si hay que hacerlo, hay que hacerlo…”. Ese fue el norte de su incansable vida, un ejemplo que otros imitaron.

En 1968 dejó la USMA, pues su salud flaqueaba, y viajó a España, pero no a descansar. Allá le tocó ser el director del Colegio Agustiniano, levantarlo y transformarlo hacia la modernidad. Luego de 10 años regresó a Panamá, de donde nunca más partió.

El imponderable educador Benjamín Ayechu se enorgullecía de portar su cédula de panameño. Vivió en el área residencial del Colegio San Agustín, construido en Costa del Este, otro sueño que él emprendió e hizo realidad, y terminó sus días sirviendo a los que buscaban su palabra reconfortante, su consejo fraternal, en la Parroquia de San Lucas Evangelista. Su tesonera labor en beneficio de la docencia y la educación le valió el reconocimiento del Estado y de la sociedad civil. Fray Benjamín Ayechu Garde, O.A.R, ocupa un sitial de honor entre los grandes docentes panameños.

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