figuras. LA SALUD COMO ARGUMENTO PARA RENUNCIAR.

Enfermedades políticas

En lo que va del gobierno de Martinelli, varios funcionarios se han hospitalizado. Dos de ellos presentaron la renuncia por razones médicas.
Guillermo Ferrufino, de Cambio Democrático, renunció a su candidatura a la alcaldía. El panameñista Bosco Vallarino abandonó el municipio capitalino hace poco más de un año. Ambos, por supuesta enfermedad. LA PRENSA/Archivo. Guillermo Ferrufino, de Cambio Democrático, renunció a su candidatura a la alcaldía. El panameñista Bosco Vallarino abandonó el municipio capitalino hace poco más de un año. Ambos, por supuesta enfermedad. LA PRENSA/Archivo.
Guillermo Ferrufino, de Cambio Democrático, renunció a su candidatura a la alcaldía. El panameñista Bosco Vallarino abandonó el municipio capitalino hace poco más de un año. Ambos, por supuesta enfermedad. LA PRENSA/Archivo.

La candidatura alcaldicia de Guillermo Ferrufino era un éxito. El día que formalizó sus aspiraciones, en la sede de Cambio Democrático (CD) hubo fiesta: mujeres semidesnudas bailando samba, música estruendosa, sonrisas, abrazos. Un ambiente de triunfo.

Sin embargo, el destino del ministro de Desarrollo Social ya estaba escrito, literalmente. El 27 de junio, un día antes de aquel jolgorio, su equipo de trabajo redactó una carta en la que Ferrufino “abdicaba” a sus aspiraciones con el pretexto de complicaciones médicas. La carta se hizo pública el 17 de julio pasado.

El argumento se sustentaba en que apenas unas semanas antes Ferrufino se hospitalizó por presión alta.

“Las últimas semanas, mis condiciones de salud, han imposibilitado llevar a la práctica la planificación de las tareas que nos habíamos emprendido (sic)”, justificó Ferrufino en su carta.

Atrás quedó el dinero y el tiempo invertido en su campaña y en las vallas con su rostro que estaban por la ciudad; tampoco importó el cambio de residencia que hizo unas semanas antes, y que le costó cualquier intención de volver a postularse como diputado de La Chorrera. La salud fue más importante.

Eso sí, se mantuvo como ministro. Incluso, en los días posteriores a su “abdicación” apareció en varios eventos, en diferentes puntos del país, junto con el presidente, Ricardo Martinelli.

Sin embargo, esta no era la primera vez que Ferrufino abandonaba sus aspiraciones para la contienda política de 2014.

En febrero pasado, después de meses de especulación sobre supuestas presiones, el ministro anunció que desistía de sus sueños presidenciales para concentrase en la alcaldía.

El caso del expresentador de televisión, no obstante, no fue un hecho aislado.

El gobierno de Martinelli, desde julio de 2009, ha tenido varios personajes que han justificado sus deserciones con problemas de salud.

LA SALIDA DE VALLARINO

La primera renuncia que sacudió esta administración fue la del panameñista Bosco Ricardo Vallarino, elegido alcalde capitalino en las elecciones de 2009.

En enero de 2012, Vallarino fue internado en el Hospital Nacional. Llegó mal del corazón, con una arritmia cardiaca provocada por una supuesta discusión que tuvo con el propio Martinelli en el Palacio de las Garzas por el tema de su ciudadanía panameña.

“Tuve una discusión acalorada y eso me causó la opresión. Déjame atender mi salud”, confesó entonces el alcalde a su ingreso al hospital. Iba con cara de preocupación y de la mano con su esposa.

Al día siguiente de su hospitalización, Vallarino presentó su renuncia como alcalde de la capital.

Por un lado, sus copartidarios panameñistas alegaban presiones de Martinelli para que renunciara o tomaría represalias. Cuatro meses antes de la renuncia de Vallarino, la alianza de gobierno entre CD y el panameñismo se había roto, y la alcaldía era el último bastión del partido liderado por Juan Carlos Varela.

Por el otro, Martinelli desmintió toda acusación de forzar la salida del alcalde. Es más, el Presidente señaló que fue el propio Vallarino el que se le acercó y le dijo que dejaría el cargo por problemas de salud. También, según el mandatario, le pidió que su vice, Roxana Méndez, tomara las riendas municipales y emprendiera los proyectos que él tenía.

“Los panameñistas pueden decir misa, pero eso fue todo lo que pasó”, aseguró Martinelli.

Desde entonces, Vallarino se ha convertido casi en un fantasma. Cuando rara vez aparece, sus declaraciones son escuetas y prefiere no comentar el tema de su salida de la comuna capitalina.

LOS OTROS ENFERMOS

En julio de 2012, en medio del escándalo de Juan Hombrón al que diversos señalamientos lo vinculaban directamente, Demetrio Papadimitriu renunció a su cargo de ministro de la Presidencia.

Martinelli perdía un aliado o, como él mismo lo calificó, a “su mejor amigo”.

Papadimitriu fue la mano derecha de Martinelli durante su campaña para las elecciones de 2004 y 2009. Con su victoria, el Presidente lo premió como el titular de Presidencia.

Sin embargo, a finales de 2011 este medio publicó una serie de reportajes que involucraban al ministro con una conveniente y extraña titulación de tierras en la playa coclesana Juan Hombrón.

Meses después, Papadimitriu presentó su carta de renuncia. A diferencia de Ferrufino y Vallarino, el exasesor del Presidente no atribuyó el abandono de su cargo a razones médicas, pero tres días después de confirmarse su salida del gobierno, se hospitalizó en el Centro Médico Paitilla.

El médico confirmó que Papadimitriu llegó al hospital con hipertensión leve. Lo visitó Martinelli, con quien conversó por hora y media a puerta cerrada.

En octubre del año pasado, el actual ministro de la Presidencia, Roberto Henríquez, también se hospitalizó en el Centro Médico Paitilla. Lo operaron, incluso, por un principio de infarto. A diferencia de su antecesor, y sin escándalos de por medio, siguió, y sigue, en el puesto.

´Hybris´, la ebriedad del poder

Filósofos, escritores, periodistas y sociólogos han usado mucha tinta para referirse a la hybris, un término que usaron los griegos para hablar de quien conquista la gloria, pero que luego, borracho de poder y éxito, se cree un dios, y con la fuerza de su poderío hace cualquier cosa.

El político británico David Owen escribió sobre el asunto en su libro En la enfermedad y el poder. Es que Owen, además de político, era médico. Decía, por ejemplo, que la enfermedad, en los servidores públicos, genera debate sobre aspectos como los peligros de mantener en secreto la enfermedad y su influencia sobre la toma de decisiones. Owen recuerda, por ejemplo, desde los males crónicos de Theodore Roosevelt, hasta el expremier israelí Ariel Sharon, quien obeso y con graves dolencias cardiacas gobernó un país en guerra.

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