JUICIO EN ITALIA

Exembajador de Italia en Panamá justifica a Valter Lavítola

El exembajador de Italia en Panamá, Plácido Vigo, defiende a Valter Lavítola y revela la práctica de algunas empresas de hacer ´regalos´ tras obtener obras públicas.

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El exembajador Plácido Vigo afirmó que Lavítola era una persona necesaria para superar la burocracia panameña. LA PRENSA/Isabel Cerdán. El exembajador Plácido Vigo afirmó que Lavítola era una persona necesaria para superar la burocracia panameña. LA PRENSA/Isabel Cerdán.
El exembajador Plácido Vigo afirmó que Lavítola era una persona necesaria para superar la burocracia panameña. LA PRENSA/Isabel Cerdán.

Plácido Vigo, el que fuera embajador de Italia en Panamá (2006-2011), dijo ayer que la Presidencia de este país era poco efectiva y diligente en su administración y que las empresas italianas interesadas en participar en las obras públicas tenían que lidiar con todo tipo de trabas.

“No me daban cita o me la daban y no acudían o me relegaban a hablar con un funcionario menor que no podía resolver la situación”, se lamentó.

En su declaración de tres horas en el juicio que imputa a Valter Lavítola por supuesta extorsión a Impregilo, a fin de que construyera el hospital pediátrico de Veraguas –instigado por el pasado gobierno–, recalcó en la necesidad de la figura de Lavítola para superar los obstáculos de la burocracia en Panamá.

Así, realzó la labor de Lavítola pues, según dijo, era el único con capacidad de desbloquear la burocracia, ya que “tenía una relación muy estrecha con el Presidente [Ricardo] Martinelli”.

Vigo reveló –ante el asombro de los magistrados– la “costumbre habitual” de las empresas de hacer “regalos” al país que les adjudica obras públicas. Expresó, por ejemplo, que altos dirigentes de firmas italianas, como Ghella, Astaldi e Impregilo, se mostraron a favor a hacer “una donación” a Panamá, algo razonable –a su juicio– si finalmente ganaban las licitaciones de “grandes obras millonarias”, como el Canal de Panamá o el Metro.

A partir del testimonio de Vigo, el Tribunal constató la correlación entre la construcción del hospital de Veraguas y el Metro, aún cuando la ley italiana impide hacer donaciones a partir de rentas per cápita mínimas que Panamá supera.

Vigo puso de relieve que en 2009 Panamá era el primer país en el mundo en adquisición de obras públicas y la presidenta de la sexta sección del Colegio de Jueces que instruye el caso, Giovanna Ceppalluni, apostilló con ironía que Panamá era un “país apetecible”.

Además, reveló que un arquitecto de Impregilo –de apellido Mazzarello– hizo una maqueta del hospital pediátrico, presentada en el Palacio Chiggi, sede del Gobierno italiano, en la primera visita oficial a Italia de Martinelli, donde se fijó que costaría $20 millones y que se construiría en cuatro meses.

Pero las primeras valoraciones del precio del hospital apuntaban a $3 millones. Vigo no supo aclarar por qué se elevó el precio. Por desgracia, este arquitecto murió en 2010.

En un intento por aclarar al Tribunal cuándo se comenzó a hablar del hospital de Veraguas, Vigo trató de ordenar los hechos cronológicamente. Relató que Elio Dalto, presidente de una organización no gubernamental italiana llamada Senso della Vita (Sentido de la Vida), mostró interés, en julio de 2007, por acometer la obra y dispuso para ello 400 mil euros. Este valioso testigo tampoco podrá ser escuchado por el Tribunal porque también ha muerto.

Interrogado sobre el nombre que podría recibir el hospital, Vigo comentó que Berlusconi pidió que llevara el nombre de su padre –Luiggi– y que otros querían llamarlo “Sentido de la Vida”.

Vigo también informó que conoció a Lavítola en diciembre de 2008, en Roma, en la 6.ª Conferencia de Embajadores, después de que el embajador de Italia en Buenos Aires le indicara que “era un estrecho colaborador de Berlusconi” y uno de sus “consejeros” más leales, y que por esta razón Vigo le hizo una radiografía económica de Panamá y de las licitaciones públicas que estaban por venir.

Dijo que pidió a Lavítola apoyo para que las empresas italianas ganaran concursos públicos en el Canal y el Metro.

Añadió que su relación con Impregilo –mientras era embajador en Panamá– fue muy estrecha, pues era amigo del ingeniero Antonio María Zaffaroni, con el que estudió una estrategia de mercadeo para que las empresas italianas tuvieran más oportunidades de ser las adjudicatarias en las obras del Canal y el Metro.

La estrategia –en la que colaboró el Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia– consistía, según Vigo, en la colaboración bilateral con empresas locales para enfrentar la competencia española, francesa, americana y china.

Además, puso de manifiesto que Lavítola tenía interés en conocer a personas relacionadas con el sector del comercio del pescado porque tenía una empresa en Brasil, y que le presentó al empresario Valerio de Sanctis, quien recientemente salió a relucir en una investigación periodística del diario Corriere della Sera (versión digital) que lo vincula a una supuesta operación de narcotráfico, ligada a Lavítola y empresas en Panamá.

De Sanctis ha negado en Panamá toda relación con estas operaciones ilegales y dijo que viajará a Italia –en fecha que no precisó– para exigir explicaciones al medio que publicó la noticia.

EL VIAJE A CERDEÑA

Para el próximo 10 de julio han sido citados para prestar declaración el actual embajador de Italia en Panamá, Giancarlo Curcio, y dos ejecutivos de Impregilo que, aunque habían sido citados ayer, no pudieron rendir declaración.

Ambos autorizaron casi $70 mil para Lavítola a fin de que pagara, a través de una cuenta cifrada y secreta en Brasil, el lujoso viaje a Cerdeña de Martinelli y varios funcionarios panameños en 2011.

Lavítola declaró a los fiscales en 2012 que él pensó que ese viaje –que valoró en unos 27 mil euros– se lo iba a reembolsar Finmeccanica, empresa con la que Panamá firmó, en 2010, contratos valorados en $250 millones, pero no fue así.

El pago lo terminó haciendo Impregilo, firma que forma parte del consorcio que construye la ampliación del Canal.

Según el exdirector técnico de Impregilo en Panamá, Luciano Reguzzo, su empresa se vio obligada a pagar, a través de un intermediario venezolano de apellido Henríquez, 50 mil euros para sufragar los gastos del viaje a Cerdeña y la visita de Berlusconi a Panamá en 2010.

Explicó que le pidieron que hiciera una transferencia de manera “secreta y reservada” a una cuenta perteneciente a Lavítola en Brasil, donde este mantenía negocios de pescaderías.

Para el próximo 17 de julio se tiene previsto que Lavítola sea interrogado, tanto por los fiscales como por su defensa, así como por el propio tribunal de la causa.

En tanto, el próximo 18 de septiembre han sido citados para que declaren el expresidente Ricardo Martinelli y el empresario cubano-norteamericano Rogelio Oruña, este último considerado por los fiscales un “socio oculto” de Martinelli.

No obstante, el calendario judicial podría sufrir cambios, según la disponibilidad de los testigos.

De momento, Martinelli ha repetido que no tiene nada que ir a hacer a Italia, por lo que se desconoce si cumplirá con la citación del Tribunal de Nápoles.

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