ANÁLISIS. HACINAMIENTO PROVOCA AUMENTO DE LA VIOLENCIA EN PENALES.

Explosiones carcelarias

Al menos mil 187 internos han muerto en ocho eventos ocurridos en prisiones de Latinoamérica durante los últimos 25 años.

Definir las cárceles latinoamericanas como “bombas a punto de estallar” ha dejado de ser aquella frase hueca de la que por muchos años han echado mano gobernantes y gobernados al intentar hallarle sentido a un fenómeno que ya es una verdad irrebatible: que esas prisiones están fuera de todo control y que explotaron hace muchísimo tiempo.

Lo sucedido el martes 14 de febrero en la granja penal de Comayagua, en Honduras, es un ejemplo: al menos 358 presos murieron carbonizados o asfixiados dentro de las celdas del módulo 6, víctimas de un incendio que bien pudo haber sido provocado por ellos mismos, pero que se propagó por la negativa de los custodios a abrir los candados, debido al supuesto riesgo de una fuga.

La cárcel de Comayagua, una de las 24 de Honduras, albergaba hasta el martes pasado a 852 reclusos, más del doble de su capacidad real, según las autoridades penitenciarias del país.

Y precisamente ese problema, el del hacinamiento, figura como principal detonante de las “explosiones” que ocurren en la mayoría de las cárceles de Latinoamérica y que confirman una tendencia hacia el incremento de la violencia, como lo advirtió la semana pasada el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

La superpoblación, según expertos de diferentes países, parece estar vinculada con el incremento del narcotráfico, que no existía cuando fue construida la mayoría de los ya obsoletos penales del continente.

El mejor ejemplo es, nuevamente, la granja penal de Comayagua, cuya población está integrada, en su mayoría, por miembros de las temidas maras Salvatrucha y 18.

Detonaciones

Pero, más allá del nombre que ostentan las bandas o grupos criminales, el hacinamiento, las pésimas infraestructuras y la constante violación de los derechos humanos de los reos, por parte de los custodios, destacan una y otra vez como causas de las “explosiones” carcelarias que, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, alcanzaron en la oleada de los últimos meses prisiones de Uruguay, Argentina, Venezuela, Chile e incluso Panamá.

En el caso de Panamá, los informes destacan el hecho ocurrido el 9 de enero de 2011 en el Centro de Cumplimiento de Menores de Tocumen, donde siete adolescentes se quemaron en un incendio causado por una bomba lacrimógena de la Policía Nacional, y cinco de ellos murieron.

Otros países como Perú, Brasil, República Dominicana y Chile figuran junto con Venezuela y Honduras en la lista de naciones donde las “explosiones” de las cárceles han dejado más muertos. Y son al menos siete los hechos más cruentos.

En 1986, 250 internos de tres penales peruanos murieron tras registrarse motines simultáneos coordinados por los grupos terroristas Sendero Luminoso y Túpac Amaru.

Seis años más tarde, en 1992, los presos de la Casa de Detención de Sao Paulo (Carandirú), en Brasil, se enfrentaron con las autoridades, y 111 de ellos murieron.

En 1994, 120 presos venezolanos perecieron en un motín e incendio dentro de la cárcel de Sabaneta, en Maracaibo, Venezuela; y en 2004 cayeron abatidos 107 reclusos de Honduras tras un incendio en el presidio de San Pedro Sula.

Un año después, bandas rivales del penal de Higuey, en República Dominicana, se batieron a tiros y causaron un incendio que dejó 135 internos muertos.

En Chile, en diciembre de 2010 hubo un incendio en el penal de San Miguel y perecieron 81 presos; y en 2011 los “pranes” o líderes de la cárcel de El Rodeo, en Venezuela, mantuvieron un enfrentamiento con la Guardia Nacional por cerca de un mes y en la reyerta fallecieron al menos 23 internos y dos militares.

Extracontinentales

Y si en Latinoamérica las víctimas de las cárceles se cuentan por cientos, en otras latitudes quizá no sean tantos los muertos, pero las características de la violencia se repiten.

Entre 2002 y 2007 hubo incendios en cárceles de Marruecos, Argelia, Túnez, Guinea, Irán y Arabia Saudita, con resultado de al menos 230 internos fallecidos.

Los casos que más destacan son los de Marruecos el 1 de noviembre de 2002, que dejó 50 víctimas, y de Arabia Saudita el 15 de septiembre de 2003, con 67 muertos.

(Basado en servicios internacionales).

Entre los más hacinados

Precedido por El Salvador, que tiene apiñados a 24 mil presos en cárceles con capacidad para 8 mil 100 personas, Panamá es el segundo país de la región con mayor superpoblación carcelaria, según el IV Informe de estado de la región, basado en datos de 2010 y 2011.

Según el informe, citado la semana pasada por la agencia de noticias DPA, Panamá tiene 11 mil 575 reos y 55% de hacinamiento en las cárceles.

Le siguen Honduras, que tiene unos 11 mil 550 reos en prisiones para no más de 8 mil; Costa Rica, con 10 mil 455 reos; Guatemala, con 7 mil 136; y Nicaragua, con 6 mil 60.

Entre las causas de la superpoblación está “el endurecimiento del marco legal, a la par del crecimiento de la violencia generada por el crimen organizado”, aunado a la falta de “mejoras en la capacidad y estructuras de las prisiones”.

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